Navidad todos los días del año
Banquera
Hay veces que mi mente recorre caminos largos y tortuosos, como las trochas llenas de lodo por donde caminan muchísimas niñas del interior, de la escuela a su casa, arremangándole las faldas para no ensuciarlas. Yo también tropiezo con momentos perturbadores, pero sigo adelante con una fuerza indescriptible como si todos los días del año fueran Navidad. Aunque podría señalar el dolor más grande de mi vida, el Señor me ha ayudado a superarlo, y enredados en la telaraña de mis pensamientos, repaso constantemente los momentos más felices, pero tan felices, que entre ellos, no podría distinguir el más grato.
Para mí cada amanecer es una Navidad; hago un alto diariamente para reflexionar sobre los grandes retos alcanzados y las metas por alcanzar, hago un alto para robustecer mis esperanzas y para dar gracias por la gran familia que tengo. Eventos que pasan desapercibidos por muchos, como abrazar a una amiga que no se ha visto por veinte años, para mí es motivo de regocijo. Retrocedo dos décadas y vuelvo a vivir nuestras caminatas al colegio, nuestro entusiasmo en los saraos, en fin, pareciera sentir los frescos aires de Navidades juntas.
Crecí en medio de una familia numerosa, humilde, pero unida. En casa jamás vi un árbol de Navidad, y ya mayor, admiré el primer nacimiento en mi hogar. Las cenas en las noches buenas eran abundantes, pero lo que más me impresionaba era la gran cantidad de tamales marcados con distintas cintas de colores, señalando así, los gustos de las trece personas que vivíamos bajo el mismo techo. Mi primera muñeca fue una negrita con trenzas y aretes. La pedí porque la veía muy sola. Tan solitaria como las caritas que se conforman con pasar sus manos en la vidriera de los almacenes.
Se dice que la Navidad se ha comercializado. Bajo muchos aspectos yo diría que es cierto, admitiendo, además, que ayuda a la economía del país. Lo que hace sangrar mi alma es lo que la UNICEF atinadamente expone: "Hay un abismo entre los pobres y los ricos. Millones de niños sufren mundialmente. Los ricos tratan a sus hijos como si fueran dinero; los de la clase media son tratados como adultos, pero a los hijos de los pobres ni siquiera se les trata". ¡Dios de todos, oriéntanos, no nos dejes cerrar los ojos!.
Vuelvo al tema. Para que un matrimonio sea feliz, las entregas deben ser completas en todo el sentido de la palabra. Lo bueno se asimila; lo malo se desecha. Así fue como adopté la idea que cada día debe ser tratado como una Navidad. Chito, mi esposo, lo practicó siempre y me sorprendía constantemente con regalos, paseos, cualquier día del año. Su primer regalo fue una pulsera con dijes y entre ellos, un 13 por ser día de mi cumpleaños. Diseñó para mí y mandó hacer a Nicaragua, un hermoso collar de filigrana con hilos de oro. En Panamá, éste se mantendría en la caja de seguridad por temor a los ladrones. Así las cosas se lo regalé a mi única nieta cualquier día del año. Aún conservo un hermoso prendedor que mandó hacer a El Salvador. Representa un ramito de flores con mi nombre en el medio.
Todos los regalos del mundo jamás se compararán con el regocijo extraordinario con el que Chito practicaba su amor al prójimo. Su entusiasmo iba creciendo; una alegría que contagiaba se observaba en su diario vivir, dejando en mí una herencia inagotable en función doble, por él, que carece de salud y por mí, que la tengo.
Cada día que pasa es el mismo ahora. Estoy segura que la felicidad no se encuentra en lo que una persona posee, sino en lo que es. He comprendido que el sufrimiento no se disminuye con la compasión, sino por una resolución interna de fuerza espiritual.
Navidad es Amor y con esa definición la regalo a mis lectores para todos los días del año.