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Necesidad de cambios en la educación


La necesidad de cambios en el Sistema Educativo Nacional (planeamiento, administración, supervisión, currículo, evaluación y financiamiento) han instalado en los medios de comunicación el debate sobre la calidad y equidad y, con ello, los desafíos del quehacer docente. En realidad, estos temas requieren una discusión con altura de miras. No obstante, la reflexión pública no pueden pautearla quienes, para bloquear los cambios estructurales e integrales que la mayoría de la ciudadanía demanda desde hace mucho tiempo, culpan al magisterio y al profesorado de la crisis por la que atraviesa la educación en Panamá.
En primer lugar, la discusión sobre el requerimiento de cambios en la educación no puede esconder las desfavorables condiciones en que se desempeñan los maestros y profesores, argumento que sí se debería constituir en uno de los temas centrales del diálogo en instancias nacionales tales, como el Consejo Nacional de Educación (si es que en realidad esta instancia funciona). La falta de tiempo para abordar un trabajo serio y responsable, para planificar y perfeccionarse, además de las dificultades para vincularse con alumnos y padres de familia en la multiplicidad de problemas que cada escuela presenta, son obstáculos evidentes que no nos permiten avanzar hacia una enseñanza de calidad. La política pública no ha podido acoger una metodología que enfrente de modo eficaz este problema. Además, hasta ahora, la profesión docente se ha desarrollado con muy escaso, y además, deficiente servicio de supervisión.
La UNESCO dio a conocer recientemente los resultados de una investigación que compara la evaluación docente de 50 países, entre ellos Panamá. Su principal objetivo fue observar cómo se organizan los sistemas de carrera docente y de evaluación del desempeño, concluyendo que es más eficiente apostar a la confianza en los maestros y profesores que a metodologías basadas en la coerción. El estudio dice que cualquier tipo de medición debe ser aprobada por la comunidad, ser "técnicamente impecable" y adecuarse a la realidad nacional. Estos imperativos se sustentan en el desafío de mejorar las condiciones educacionales de nuestro país.
Son estas problemáticas y directrices las que debieran formar parte del gran debate nacional. Panamá tiene que analizar con honestidad las condiciones comparativas en que se desarrolla nuestro magisterio. Además, no puede tapar el sol con las manos respecto a los graves problemas de inequidad social que se manifiestan de modo explosivo en nuestro sistema educativo. Entre los temas a tratar, durante el curso de la discusión debiese centrarse en mejorar las condiciones laborales de los docentes, apostar por un cambio en la administración y financiamiento de la educación como un conjunto y no sólo del sistema público (escuelas y colegios oficiales), así como abordar las propuestas, sobre todo las que emanan del Gobierno central, considerando la realidad local y sociocultural de cada comunidad educativa.
Nosotros valoramos ese posible debate, pero sin dogmas ni ideologías. Lo que esperamos que en este caso, tal como en otros debates fundamentales que se han realizado acerca de la educación, no prime el negocio ni el mercado, sino la solución de bien común que ya han exigido miles de panameñas y panameños en los últimos años.
(*) El autor es, además, Especialista en Planificación y Administración de la Educación.

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