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Necesidad de la paz


Especialmente para Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, Panamá y los demás países centroamericanos, tienen especial significación dos mensajes de profundo significado en la hora actual, emitidos con motivo de Navidad, sobre todo por la vecindad con Colombia o por ser territorios acechados por el narcotráfico y su estrecha aliada, la violencia.
Con pleno conocimiento de causa, el presidente Álvaro Uribe ha dicho que quiere una nación sin guerrilla, paramilitares, terrorismo, drogas y corrupción, con lo cual ha hecho el diagnóstico preciso de los principales males que golpean a su agobiada patria. El asunto no es nada fácil por cuanto a estos corrosivos flagelos se los dejó crecer hasta alcanzar gigantescas proporciones que amenazan a la propia existencia de aquel Estado.
Por su parte, el Papa Benedicto XVI pidió la unión de la humanidad para enfrentar los numerosos y preocupantes problemas que van desde la gravitación terrorista hasta la pobreza humillante en que viven millones de seres humanos.
Para tener una idea de la magnitud de la pobreza, se vuelve oportuno acudir a últimas informaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe : en esta región, de cada diez personas cuatro prosiguen siendo pobres y lo seguirán en las próximas décadas, si los gobiernos no dan acertados golpes de timón a sus políticas. Suena lapidario saber que estos territorios crecen en menor proporción que otras zonas que, hasta hace poco, se hallaban en peores condiciones.
La virulencia armada unida a la ruin industria de las drogas, lo que es más conocido como narcoguerrilla, cuyo expansivo núcleo de conflicto se localiza en Colombia, particularmente hacia los países colindantes y los centroamericanos, constituye uno de los factores adversos de mayor riesgo, lo que se agrava con la comprobada presencia y paulatina infiltración, en tierras latinoamericanas, de terroristas provenientes de Medio Oriente y de otros sitios donde el fundamentalismo islámico conduce a perpetrar los más abominables crímenes.
De acuerdo a lo recomendado por Benedicto XVI es imprescindible la solidaridad internacional, más aún si se considera el carácter transnacional de los referidos cánceres sociales.
La Historia enseña que, en ambiente de paz, los individuos y los pueblos encuentran bienestar; lo contrario sucede cuando imperan el delito, la discordia fratricida y el caos que llevan únicamente al abismo.

101 años de Panamá América

 
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