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Negocio pecaminoso


La prensa ha dado cuenta de que el gas inflamable usado en el autobús que causó la tragedia de 18 muertes en la calle Martín Sosa de la ciudad capital hace ya casi nueve meses, sigue en el mercado. Aparentemente, no hay disposición específica alguna que impida su introducción al país. Pero según nuestro leal saber y entender, haya o no impedimento legal para su comercialización, un principio de humanidad y misericordia para con el prójimo obliga a quienes lo traen y lo venden, a suspender su adquisición.
Si el uso del aludido gas, dada su inflamabilidad se sigue poniendo en circulación, sencillamente quienes tal hacen han perdido los escrúpulos para convertirse en potenciales homicidas.
Curiosamente se ha indicado en qué lugar se halla en la actualidad un almacenamiento del letal producto, pero no bajo la responsabilidad de quién o quiénes son los propietarios del mismo. Si se hubiera mencionado el nombre del local, fácilmente podría saberse el del dueño o dueños del mencionado gas en almacenamiento a fin de conminarlos a no ponerlo en circulación para evitar nuevas tragedias. No deseamos pensar que se trata de personajes tan poderosos y peligrosos que por ello no conviene ni se puede escarbar para conocer la verdad escueta.
Quien quiera que persista en poner el mortal gas en circulación es sencillamente, conforme hemos dicho antes, un potencial homicida, tanto como lo sería quien trajera al país serpientes venenosas para venderlas en virtud de que no existe aforo específico para ellas en materia de aduanas ni está específicamente prohibido su introducción según el Código Penal.

101 años de Panamá América

 
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