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Neoliberalismo, centenario y elecciones


El comienzo de este año me trae los recuerdos de 1998, cuando aquel comenzó con todos los ímpetus de una temprana agitación política para el referéndum, el cual nos catapultó a una también muy extemporánea, desgastadora y larga campaña para las elecciones de 1999 y ahora también para las de 2004. Una prematura campaña política tiene sus pro y sus contra, aspectos que me traen algunas reflexiones que se me entremezclan con el neoliberalismo, el centenario y las elecciones.
Habrá una bonanza artificial, en donde el crecimiento del gasto público y privado será parte de las celebraciones del Centenario de la Nación, así como también el circulante que deja el proselitismo político en gorras, camisetas, banderolas, combustible, alquileres, músicos, licor, tiempo comprado en medios de comunicación y grandes espectáculos por el año pre-electoral. Por otra parte, el gobierno hará todos los gastos posibles que muestren al electorado sus obras para mantener su caudal de votos y mejorar sus expectativas, como para enfrentar la crítica acérrima de sus contrincantes.
Las ejecuciones presupuestarias serán altas para terminar las obras de gobierno. Soy de la opinión que todo este circulante, alguna solución temporal traerá a unos cuantos, ya que es a lo largo y ancho del país. Pero no deja de preocupar que los políticos, recientemente, hayan hecho dos reformas: la electoral y la tributaria. La primera, para asegurarse cada uno de los partidos y candidatos reglas claras del juego para ellos; y por el otro lado, el cumplir fielmente el espíritu y letra de los compromisos impuestos por las instituciones financieras neoliberales.
De allí, quedan vacíos inexplicables en cuanto a políticas e implementación de algunas, como la agropecuaria. Pero quedando casi de lado, por lo menos hasta ahora, políticas para el sector industrial, manufacturero, energético, portuario, exportador, laboral, cuenca del canal, construcción, promoción del empleo y sobre la seguridad social.
Al final, los que tributamos, los que consumimos y los que votamos, pagaremos los costos de decisiones tomadas en mala hora por los políticos. O sea, que pagaremos más y mayores impuestos, y si no estamos pendientes, con el aumento de más corregimientos, más circuitos electorales, y que se trastocaron las elecciones internas de los partidos políticos en lo relativo a la elección de sus candidatos presidenciales, éstas son fallas históricas y por ende, un gran retroceso. Podemos perder aún más conquistas importantes en materia electoral y en la calidad de nuestra democracia. La también sorpresiva renuncia de un precandidato y la aparición de nuevos, mitigan en algo una peligrosa senda hacia el bipartidismo, el que fue génesis de tantas desgracias en nuestro período pre-republicano.
Parece ser que los 100 años vividos, con sus lecciones, no hubieran hecho mella en aquellos que, por medio del partidismo, abanican una alternabilidad insana en el poder, aspecto que tiene a mucha gente confundida. No es que abogue por múltiples candidatos, sino que la sociedad debe permitirse el poder escoger de más de tres o cuatro panameños o panameñas que aspiren a la presidencia, independientemente que estén en un partido político o no.
Así pues, cuando aquellos que resulten aspirantes formales a la presidencia y comiencen a trabajar en sus plataformas o planes de gobierno, no se olviden que los resultados económicos y financieros estarán afectados por el cruel e inhumano neoliberalismo.
Deberán tener en cuenta, que así como comienza este año, con campañas políticas prematuras que prometen una gran bonanza, de igual forma se recibirán las arcas nacionales, porque el presupuesto del año electoral lo hace el que está arriba y si su partido gana, entonces podrán enderezarlo, pero si pierde, entonces que se prepare el que gane.
Como el ganador caminó por todo el país, habrá visto y sentido cómo las políticas neoliberales acabaron con la producción nacional que es fuente primaria de tributos, se habrá multiplicado el desempleo en mayor grado que el que planeó disminuir y será más pobre nuestra ya sufrida Panamá.
No queda más que reflexionar profundamente, entre neoliberalismo, centenario y elecciones y no dejarnos llevar por esa artificial bonanza.

101 años de Panamá América

 
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