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Ni censura ni violencia


Los que habitamos este país queremos dejar de ser receptores pasivos y pasar a ser más bien perceptores de los medios de comunicación. ¿Perceptores? Se trata de tener las condiciones que nos permitan decodificar los mensajes percibidos, apropiarlos en la vida práctica, ser partícipes y activar una conciencia de los mismos. Lo somos cuando establecemos un nuevo uso de los medios, mediante la apropiación de los elementos que nos resulten útiles en nuestro proceso de construcción humana, social, cultural y educativa.

Somos lectores, radioescuchas, televidentes que tenemos derecho a ser informados en forma objetiva, veraz y con claridad. Para ellos no podemos admitir censura contra la libertad de expresión, pensamiento e información, como se advierte en declaraciones recientes del gobierno. Bien lo afirma John Maxwell Coetzee, Nobel de Literatura 2003, "El remedio es peor que la enfermedad. La institución de la censura otorga poder a personas con una mentalidad fiscalizadora y burocrática que es perjudicial para la vida cultural, e incluso la espiritual, de la comunidad".

Al mismo tiempo, debe evitarse en los medios el abuso de mensaje de violencia, discriminación o estereotipos a la par de la espectacularización en el tratamiento de la información. Los medios tienen una obligación moral para con sus televidentes, realizar un esfuerzo por conocer el mundo en que vivimos, y pese a los riesgos comerciales y políticos, democratizar la visión de la sociedad, y posibilitar que los perceptores podamos forjarnos una opinión profunda, completa y no fragmentada de la realidad.

Los habitantes tenemos el derecho a ser retratados por los medios, de manera amplia, digna, dinámica y con valores propios y con participación de nuestras experiencias, decisiones, carencias y demandas. (José Olivari).

Los perceptores tenemos derecho a constituir ciudadanía comunicativa, asociaciones en las que defendamos nuestros derechos y que se nos garantice la representación ante organismos que existan. Constituye una obligación del Estado el facilitar las condiciones para la apertura de espacios de fortalecimiento de la sociedad civil en su relación con los medios.

Los medios están llamados a cumplir un rol de servicio público, y ser los mediadores comunicacionales de “una comunidad de formas auténticas de vida, gustos y opiniones, para habilitar una pluralidad de ciudadanos que no están gobernados por estados despóticos ni por la fuerza del mercado". (Keane), pues la comunicación es un derecho fundamental del ser humano, y como tal se rige por las mismas concepciones de los otros derechos: vida, libertad, salud, educación, vivienda y otros.

Solo una coalición de los mejores esfuerzos pueden ayudarnos a mejorar la presencia de los medios logrando casar entretenimientos, información con orientación y conciencia. Esto requiere, por una parte, el respeto a la libertad de expresión, y por otra, estímulos, refuerzos positivos y presión ciudadana para lograr que anunciantes y comunicadores impulsen un salto de calidad tanto en las programaciones televisivas y radiales, como en los medios escritos..

Es importante impulsar la educación o lectura crítica de los medios de comunicación que permita una mayor capacidad de discernimiento frente a ellos. La creación de defensorías de los televidentes, lectores o radioescuchas. La participación en relación a la autorregulación a través de un Observatorio Ciudadano de Medios, centrado tanto en la calidad de los servicios comunicativos, como en el fortalecimiento y profundización de la libertad de pensamientos, expresión e información.

101 años de Panamá América

 
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