Ni espejitos ni cantos de sirena
Aquella popular tonada “De frente Panamá”, con letra de Andrés Vega “Domplin” y cantada por el venezolano Oscar De León, no interpretó correctamente la realidad política en el primer período del torrijismo. Hoy, con movimientos marxistas que tratan de desestabilizar al país y un gobierno de “derecha” que también recibe asistencia bolivariana, Kafka hubiera quedado atónito y con mucho material para escribir sobre las particularidades latinoamericanas y, sobre todo, de nuestro país.
A raíz de los últimos hechos de violencia, salió al paso el segundo vicepresidente para confirmar lo que mucha gente pensante sabe desde hace un rato: Hugo Chávez está financiando a las tropas de choque SUNTRACS-FRENADESO (Panamá América, Boinas Rojas, editorial del 24/7/07).
Hasta donde conozco, Rubén Arosemena siempre se ha caracterizado por ser un político serio y confiable. Además, él reveló que la mano negra detrás de todo esto tiene nombre y apellido. ¿Cómo es posible que pocas horas después altos personeros del establishment le saquen la tabla y lo hagan caer de bruces? ¿Hay petrodólares metidos tanto en la derecha como en la izquierda?
El primer vicepresidente y el Ministro de Gobierno, lo ridiculizaron, negándolo categóricamente -citando fuentes de organismo de seguridad- y afirmaron que el gobierno “amigo” de Venezuela no tiene las manos metidas en este asunto. ¿Será que no hay comunicación entre los altos estamentos del Gobierno? ¿Será que no hay coordinación con los organismos de seguridad?
En todo caso, es obvio que una de las dos versiones es la verdad y la otra, ¡una gran mentira!
Esas actitudes es ni más ni menos la razón por la cual el pueblo no confía en estos politiqueros. No se saben cuándo juegan con la derecha y cuándo coquetean con la izquierda.
En ese mismo sentido, sería recomendable que marxistas y troskistas participaran activamente en la vida política de la nación pacíficamente, sin violencia.
Sería mejor que ellos constituyan su partido, de esa forma, de una vez por todas, se darían cuenta que así como este pueblo no cree en políticos mentirosos, tampoco confía en utopías desfasadas, ni en espejitos, ni en cantos de sirena.