Niños y viejos
Experiencia y futuro, los viejos y los niños constituyen garantías para la continuidad de las mejores conquistas de la humanidad. Lastimosamente, en sus valoraciones muchos son los que se quedan en la frase. Mientras que los niños, recién llegados al sistema, son la promesa de muchos futuros, las vivencias de los viejos dan certeza en la construcción del mundo. ¿Qué hacer sin su sabiduría, sin la experiencia de una larga vida?
El inicio reciente del pago de los cien balboas a los mayores de setenta años debe verse como un acto de justicia. Enhorabuena porque aquellos que dieron sus mejores años al país, a su familia, obtienen ahora parte de lo que merecen. Y no se trata de quienes se proponían hacerlo, sino de aquellos que lo han hecho; no de los que prometieron, sino de los que cumplieron.
Seguramente que los adultos mayores de nuestro país, muchos de ellos olvidados, residentes de exilios o de encierros, agradecen la medida, más que por los cien balboas que implica, por haber sido tomados en cuenta después de tanta exclusión. Es un paso hacia garantizarles calidad de vida, porque de poco sirve que el país haya logrado cifras de longevidad, si esto no va acompañado de la mejor de las atenciones.