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No confunda peras con guayabas, Sr. Presidente


La próxima visita del presidente Martín Torrijos a Chile para sostener una reunión con su homólogo, Ricardo Lagos, y evaluar entre otras cosas, las alternativas para el estancado TLC y descubrir porqué a Chile le ha ido tan bien en sus procesos de apertura comercial y aumento de exportaciones, no debe hacerse a la ligera, ni irse con la finta. Un análisis del éxito chileno requiere de un estudio de su historia más reciente (15 años) y no sólo de los datos económicos publicados en el último quinquenio.
Desde hace cinco años tengo una relación especial con Chile, y he seguido de manera diaria sus periódicos por Internet y he investigado más allá de las apariencias, el fondo del éxito actual chileno. Luego de la salida del General Pinochet de la presidencia de Chile en 1990 y sentadas las bases de un gobierno ordenado e incorruptible, que sólo se pudo lograr con la mano durísima aplicada por su dictadura, el pueblo escogió, en forma democrática, un mandatario que salio de la llamada Concertación, un grupo de partidos políticos de centro, centro izquierda e izquierda, quienes han gobernado el país por los últimos 16 años y lo seguirán gobernando por cuatro años más con la escogencia de Michelle Bachelet como primera presidenta de Chile. Estos gobiernos han sabido mantener el rumbo de la economía chilena, permitiendo la inversión privada, manteniendo las reglas del juego o la llamada seguridad jurídica, disminuyendo a casi cero la corrupción (con pocas excepciones, no existen denuncias de personeros de gobierno corruptos) y redistribuyendo efectivamente los impuestos entre aquellos más necesitados, disminuyendo la pobreza del 45% al actual 18%, con programas sociales bien administrados; obligando y facilitando a que las personas y las empresas paguen sus impuestos. En Chile, el que no paga sus impuestos va preso y no se promueve la inversión con la figura de la exoneración, sino de la estabilidad. Ni el cobro se realiza por moratorias. Es una obligación y de ahí salen los fondos para el desarrollo y no del endeudamiento nacional.
El gobierno chileno se embarcó en la apertura comercial, con un país ordenado, seguridad jurídica para la inversión, corrupción con tendencia a cero y un mercado local explotado en alto porcentaje con alta eficiencia y recursos humanos bien preparados en excelsas universidades estatales y particulares (la Universidad de Chile es considerada una de las mejores de Latinoamérica).
Años más tarde, con la experiencia ganada, se han ido enfocando en mercados de mayor tamaño, permitiendo la reconversión industrial de los sectores exportadores para poder competir en estos mercados mas competitivos y poderosos. Gracias al empuje, profesionalismo y dinámica del empresario chileno, de una mayor productividad y eficiencia en los costos y los términos de intercambio y del programa de promoción a la exportación Prochile, hoy en día sus exportaciones se han triplicado en volumen y se han duplicado en valor, con crecimientos del 33% anual, empujados. Aquí hay que hacer una salvedad: en gran medida, por los mayores precios de los comodities chilenos, como el cobre y el molibdeno, cuyos precios se han visto empujados al alza por la gran demanda china, logrando precios récord nunca antes vistos; y por la conversión industrial Norte-Sur, con inversiones en empresas de alto nivel de requerimiento de recursos naturales y de capital.
Y éstas, Sr. Presidente, son las peras.
Ahora, si usted cree que las guayabas panameñas están maduras, entonces podemos pensar en la apertura comercial como receta para nuestros problemas. Si no lo cree así, como muchos que leen estas palabras, estoy seguro que no lo creen, entonces, mejor procedamos a sentar las bases del desarrollo de nuestro país, con estrategias de cero corrupción, total seguridad jurídica, Universidad de Panamá competente, más empresarios productivos que paguen impuestos y que busquen crecer sus negocios en el país y el mundo, burocracia y procesos eficientes, menores costos de los servicios básicos (agua, luz, telefonía, Internet), eficiencia en los programas de reducción de la pobreza (20 centésimos de cada dólar llegan hoy a su destino final), inversiones foráneas efectivas y que paguen impuestos, evitando la exoneración como herramienta de venta del país.
Promoción de inversiones en las segundas y terceras ciudades del país, evitando la migración del campo a la capital, la cual ha convertido al campo en una fabrica de pobreza e infradesarrollo. Desarrollo de infraestructura de caminos, puertos y aeropuertos, al igual que de hidroeléctricas y parques de energía eólica y solar, pilares de un desarrollo energético sostenible. Promoción de la conservación de nuestros recursos naturales como riqueza para nuestras futuras generaciones y del ecoturismo para la creación de empleos en zonas marginales y cercanas a nuestros parques nacionales y áreas protegidas. Inversión en reconversión industrial y capacitación de nuestro recurso humano.
Como ve, Sr. Presidente, hay mucho por hacer para mejorarnos como país.

101 años de Panamá América

 
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