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No confundir una cosa con otra


Si bien el color de la piel de Obama representó un fenómeno histórico de enormes consecuencias para la humanidad, al haber llegado a ser electo para ocupar la presidencia de su país, lo vital es entender a la persona y su condición de estadista. Ello fue lo que lo llevó a ese significativo triunfo.

Como todas las cosas carentes de peso específico la política partidista enfrenta, en estos tiempos, una necesidad clara de cambio; en tal sentido, el ejemplo de un Obama debe ser analizado fuera del contexto racial.

Siempre manifestaré que los partidos políticos son necesarios en democracia como elementos facilitadores para alcanzar el poder. A mi juicio, esa es su principal función. Éstos y sus masas de adherentes dejan de ser consecuentes sin un liderazgo apropiado, capaz de orientar al país por los senderos de la equidad social, con programas y ejecuciones ciertas que permitan su desarrollo integral, respetando la institucionalidad y el mérito altruista de cada sector que compone la sociedad.

Al llegar al poder, la persona que ejecuta el mismo se convierte en la figura máxima del servidor público y como tal, debe recibir el apoyo de los asociados y de aquellos partidos políticos que cuenten con representantes dentro de la estructura gubernamental del Estado. Al no ser así y continuar como lo hacemos en nuestro Panamá, el progreso nunca acariciará nuestros lares. Tal es un hecho histórico innegable cuya reproducción debe concluir.

Nuestro mayor activo hacia futuro es nuestra pequeña demografía; así, el poner la casa en orden no representa una gigantesca tarea. Quien llegue al poder en mayo de 2009, debe aplicar formas concretas y realistas que permitan alcanzar estabilidad económica y social, dirigida a los sectores de clase media y pobre. Impulsando al sector privado en lo suyo y a las instituciones del Estado, al cumplimiento correcto y transparente de sus respectivas funciones.

Ello requiere de un líder con visión de estadista que tire a un lado la oscura penumbra del clientelismo político que permite el oportunismo personal alejándose, con pasos agigantados, de las verdaderas realidades que tienen al país agotado y desprotegido, dentro del marco de una institucionalidad democrática carente de soporte efectivo por parte de sus gobernantes y un ordenamiento jurídico con apariencia de queso suizo.

Adueñarse del país no es el objetivo; servirle a éste es la meta fundamental.

101 años de Panamá América

 
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