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"No darle el pescado, sino enseñarle a pescar"


Esa, o una cita parecida, se utiliza para negar la ayuda directa a alguien necesitado. A primera vista pareciera un pensamiento muy sabio, pues da la impresión que su meta es hacer al necesitado autosuficiente y no un paria con quien la sociedad tenga que cargar. Pero en el fondo, a mi modo de pensar, esconde un sentimiento muy egoísta y poco fraterno.
Este refrán sólo se lo oirá a los pudientes, a los satisfechos. Este dicho presupone varias cosas: primero, que el que tiene hambre de alimento puede seguir sintiendo hambre mientras se le educa para que sea autónomo. Segundo, que la sociedad está en condiciones de enseñar a alguien a autoabastecerse en corto tiempo, antes de que muera de hambre. Tercero, que aquel que no tiene para proveerse del alimento indispensable, va a sacar de no sé dónde para comprarse la caña para pescar. Porque supongo que parte de la enseñanza, es que tampoco se le va a regalar la caña. Cuarto, que el futuro pescador va a encontrar un río o un mar donde haya peces; él, que ha vivido toda su vida en un desierto absoluto, falto de todo, como vivió su padre, su abuelo y toda su ascendencia hasta los días de la colonización española.
Aplicar esta regla a los necesitados es altamente injusto, puesto que no se aplica a tantas personas que tienen altos puestos en el gobierno y la empresa privada, y que han demostrado palpablemente que nunca aprendieron su oficio de administradores. Pero, se les da, no un pescado, sino un tiburón o una ballena para que coman.
Ahí tenemos a una asamblea que pareciera que su función es legislar en contra del bienestar del país. Tenemos unos ministros que ni se enteran que se están envenenando pacientes en los hospitales; que se les desploman las carreteras recién construidas; que no se enteran que existen estadísticas que indican aumentos importantes en la cantidad de niños que necesitarán una escuela, y que recurren a la respuesta "temporal" de establecer dos turnos en las escuelas, en las cuales se imparte una pésima educación; directores de entidades que no se enteran que en sus laboratorios no existe ningún control para la elaboración de medicamentos; directores de tránsito que pareciera que lo único que les interesa es cobrar multas de nivel administrativo, pero que no quieren ver el caos en el tránsito vehicular; directores que no han previsto la urgencia de multiplicar la cantidad de agua disponible para el incremento de turistas y residentes; directores que no se les pasó por la mente que hay que planificar las necesidades de un incremento en la construcción de altos edificios, etc. A todos estos señores y señoras habría que suspenderle su pescado (grandote) hasta que no se les enseñe a pescar (administrar).
Después de aplicarles la máxima a los pudientes, entonces sí sería justo y oportuno aplicarla también al millón 500 mil de necesitados, pero paralelamente: comida y educación.
Puedo estar equivocado, pero percibo que en nuestro país sólo los pudientes contamos. Los de abajo hay que dejarlos ahí, o bajarlos más aún.


En el CONAUR se plantearon una serie de proyectos que se planean desarrollar antes del 2009.
Entre éstos se encuentra n la construcción de puentes elevados que suman alrededor de 15, distribuidos en diferentes puntos de la ciudad de Panamá.
También hay un diseño para la edificación de aceras que le permitan a los peatones caminar con tranquilidad.
Uno de los proyectos presentados por la ATTT incluye el sistema de semaforización digital que captará a los vehículos que cometan infracciones y agilizará el flujo vehicular.
Además, se habló sobre el saneamineto de la bahía de Panamá que plantea la instalación de nuevas colectoras para intersectar las aguas contaminadas que llegaban al mar.
La mayoría de los proyectos se pretende culminar durante la administración de Martín Torrijos.
Otras obras incluyen la construcción de una línea oriental que irá a lo largo del Corredor Norte y que dotará de agua potable al Dorado, Betania, avenida Balboa.
La línea de Costa del Este beneficiará, con el vital líquido, a San Francisco.
La suma de todos los proyectos puede estar por el orden de los B/.1,500 millones.

101 años de Panamá América

 
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