No hubo sorpresas, sólo sorprendidos
El triunfo de Ricardo Martinelli no fue una sorpresa. Pero sorprendidos quedaron muchos que jamás pensaron que la distancia iba a ser tan grande, o que el PRD perdería el control de la Asamblea Nacional, como también la alcaldía capitalina. Pero nada de esto debe causar extrañeza. El pueblo panameño es sabio. El gobierno que no cumple se le castiga con el voto, por lo que la alianza por el cambio tiene una importante tarea por delante.
En cuanto al PRD resultan soberbias, irrespetuosas e irresponsables las palabras de la candidata perdedora. Soberbias por no cumplir la elemental cortesía de felicitar al ganador; y, además, por afirmar que es a ella a quien aquél debió llamar. Irrespetuosas al insinuar que Martinelli compró la presidencia, como si más del 60% de los panameños que votaron por él hubieran vendido su conciencia. E irresponsables por estar hablando de las elecciones del 2014 y, encima de todo, autoproclamarse como líder de la oposición a un gobierno que ni siquiera ha iniciado funciones.
Vemos al actual Alcalde exigiendo a los culpables que den la cara, cuando él mismo es parte de ese grupo. Si hubiera tenido un poco de dignidad, jamás hubiera aceptado la vicepresidencia de aquella que lo traicionó y engañó. Cuando corrió en las primarias, era la candidata del oscuro pasado; cuando la acompañó en la nómina, entonces era la mejor opción; pero ahora que perdió se da cuenta que es una irresponsable. El Sr. Navarro habla de acuerdo a lo que le conviene a sus intereses personales aunque la integridad tenga que ser supeditada a los deseos de figurar para generar simpatías dentro del partido.
Sobre el presidente saliente, ni hablar. Viajó más que cualquier otro y recogió más plata que nadie. ¿Resultados? Fracasó en los temas de seguridad, salud, transporte, educación y erradicación de la corrupción. Un completo desastre.
El PRD, como el gran sorprendido de esta aventura, debe hacer una reestructuración inmediata en todos sus cuadros. Entre los más de 600 mil aderentes debe haber mayoría de gente noble, buena, honesta y decente para erradicar a los dirigentes del actual CEN, que son el ejemplo palpable de un oscuro pasado y no muy claro presente. Pero si se cumple lo que dijo la mala perdedora de quedarse hasta el 2013 como presidenta del partido y líder de la oposición, y con esa actitud de odio y de rencor, se podría presagiar desde ya otro fracaso electoral en el 2014.