¡No!... a las reformas al Código de Trabajo
He venido escuchando a algunos, pocos por cierto, hablar de la necesidad de reformar el Código de Trabajo para hacerlo más flexible, facilitar las inversiones extranjeras en nuestro país y contribuir así a la recuperación económica. No creo en esa tesis y la rechazo enérgicamente. Hoy día los fuertes capitales no emigran, ni siquiera invierten en sus propios países. En el mundo se ha producido un "impasse" en todos los círculos financieros. Existe inseguridad muy generalizada agravada por los actos terroristas del 11 de septiembre, que han tenido su efecto negativo en todas las latitudes del globo terráqueo.
Panamá, si nos da por ver las estadísticas, es uno de los países con menores huelgas y conflictos laborales de todo el hemisferio. Hasta hace poco, antes de la crisis internacional y la salida de los norteamericanos de las bases militares, se daban señales muy claras del interés de capitales foráneos de invertir aquí. No oí que el Código de Trabajo en su forma natural constituyera un freno para ellas. Hoy día una gran empresa cervecera está dispuesta a invertir cuantiosa suma para asociarse a una local y el Código de Trabajo no ha sido siquiera traído al tapete. Yo administré por casi 22 años la Cervecería Nacional y el Código, en su forma actual, no fue obstáculo en nuestro desarrollo. El problema no está, por lo regular, en sus disposiciones, sino en sus interpretaciones que algunas veces, de acuerdo con la tendencia ideológica de los funcionarios de turno, son caprichosas. Esas interpretaciones sí afectan la buena marcha de las empresas y son las que causan malestar en el sector privado y les crean también falsas expectativas a los sindicalistas. No hablo, por supuesto del grupito anarquista que está contra todo y que sólo busca el caos. Cerrar calles y tirar piedras es su visión de cómo se arreglan las cosas. No han presentado jamás programas o proyectos que sean sensatos, beneficien al país, y por supuesto, a sus propios afiliados. La confrontación permanente es su política.
Otro tema que está en discusión en estos días son las reformas tributarias. Desde un principio me manifesté, en distintos artículos, a favor de ellas. Decía y sigo diciendo que "a nadie le gusta pagar impuestos" y que "jamás se considerará bueno ningún momento, época o tiempo para hacerlo".
La legislación tributaria no es justa, en especial, el impuesto sobre la renta. Hay que balancearlo más y cobrar a quienes deben pagar y no a quienes nada tienen. El impuesto de inmuebles es otro que tiene muchas lagunas. Una inspección, por ejemplo, a las áreas veraniegas de Coronado, Punta Barco, Santa Clara, etc., demostrará lo ridículo de las recaudaciones que produce este impuesto frente a las imponentes mansiones que en esas áreas y otras pululan. Sé que mis puntos de vista serán un anatema para los que viven todavía en el siglo pasado.
Panamá, si nos da por ver las estadísticas, es uno de los países con menores huelgas y conflictos laborales de todo el hemisferio. Hasta hace poco, antes de la crisis internacional y la salida de los norteamericanos de las bases militares, se daban señales muy claras del interés de capitales foráneos de invertir aquí. No oí que el Código de Trabajo en su forma natural constituyera un freno para ellas. Hoy día una gran empresa cervecera está dispuesta a invertir cuantiosa suma para asociarse a una local y el Código de Trabajo no ha sido siquiera traído al tapete. Yo administré por casi 22 años la Cervecería Nacional y el Código, en su forma actual, no fue obstáculo en nuestro desarrollo. El problema no está, por lo regular, en sus disposiciones, sino en sus interpretaciones que algunas veces, de acuerdo con la tendencia ideológica de los funcionarios de turno, son caprichosas. Esas interpretaciones sí afectan la buena marcha de las empresas y son las que causan malestar en el sector privado y les crean también falsas expectativas a los sindicalistas. No hablo, por supuesto del grupito anarquista que está contra todo y que sólo busca el caos. Cerrar calles y tirar piedras es su visión de cómo se arreglan las cosas. No han presentado jamás programas o proyectos que sean sensatos, beneficien al país, y por supuesto, a sus propios afiliados. La confrontación permanente es su política.
Otro tema que está en discusión en estos días son las reformas tributarias. Desde un principio me manifesté, en distintos artículos, a favor de ellas. Decía y sigo diciendo que "a nadie le gusta pagar impuestos" y que "jamás se considerará bueno ningún momento, época o tiempo para hacerlo".
La legislación tributaria no es justa, en especial, el impuesto sobre la renta. Hay que balancearlo más y cobrar a quienes deben pagar y no a quienes nada tienen. El impuesto de inmuebles es otro que tiene muchas lagunas. Una inspección, por ejemplo, a las áreas veraniegas de Coronado, Punta Barco, Santa Clara, etc., demostrará lo ridículo de las recaudaciones que produce este impuesto frente a las imponentes mansiones que en esas áreas y otras pululan. Sé que mis puntos de vista serán un anatema para los que viven todavía en el siglo pasado.