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No les importa


EL 13 DE FEBRERO DE 1689 se promulgó en Inglaterra el Bill of Rights. En ella podemos encontrar, más que en cualquier otro documento, los gérmenes del principio de seguridad jurídica, que no es otra cosa que "la certidumbre que las personas tienen sobre los alcances y límites de la autoridad pública".
En un Estado de Derecho, la autoridad pública no puede suspender o ejecutar las leyes arbitrariamente, menos puede aún usurpar poderes. Sin embargo, en el Panamá de hoy, la mediocracia que nos gobierna, lleva hasta el extremo sus pretensiones autoritarias con tal de ejercer el poder y, por ello, cada día es más fácil constatar su absoluto "nomeimportismo" con los graves problemas que nos agobian producto de su propia ineficacia e irresponsabilidad.
Cada vez mueren, léase bien MUEREN, más panameños como consecuencia de la creciente inobservancia, irrespeto, violación de las leyes por parte de las propias autoridades y también de su arbitrariedad que los lleva a darle la espalda a sus propias responsabilidades en una actitud de "no me importa, ¿y qué?". Observada ésta, cada vez más a través de su cotidiana y permanente violación del deber que tienen de garantizar la vida, honra y bienes a los nacionales y a los extranjeros.
Cada día incumplen más sus deberes no solo los ministros y viceministros. presidentes y vicepresidentes, directores y subdirectores de entidades autónomas, magistrados y jueces, procuradores, fiscales y personeros, gobernadores y alcaldes, representantes de corregimiento y corregidores. Quienes pagan la consecuencia es la vida, la honra y los bienes de todos nosotros. No la de ellos ni las de sus amanuenses de cualquier rango o nivel.
Las muertes en el caso del Seguro Social y el Ministerio de Salud, cuyo verdadero número nos ocultan desde un inicio con premeditación y alevosía, así como los calcinados en el trágico accidente del autobús, han venido a volver a ponernos en evidencia el gravísimo estado de indefensión ciudadana en que nos encontramos y el grave peligro que se cierne sobre nosotros sin que a las autoridades y sus seguidores les importe.
¿Cuántos panameños murieron antes que se hablara del guayacolato o del lisinopril y las autoridades no dijeron nada para que no se les acuse de negligentes? ¿Por qué? Porque no les importa
¿Cuántos panameños han muerto en accidentes de tránsito con anterioridad por simple negligencia de las autoridades de tránsito, de transporte o de obras públicas? ¿Y cuántas más morirán? ¿Por qué? Porque no les importa
¿Cuántos panameños trabajadores de la construcción han muerto en los últimos años por el permanente incumplimiento de las medidas de seguridad en los faraónicos proyectos de construcción? ¿Y cuántos más morirán? ¿Por qué Porque no les importa
¿Cuántos panameños han muerto por inundaciones en barriadas en que no debieron permitir jamás edificar ¿Y cuántas más morirán? ¿Por qué? Porque no les importa
¿Cuántos panameños han muerto y morirán por exceso de irradiación en el Hospital Oncológico, por explosión de transformadores, por estar limpiando silos, por derrumbes en corredores, por emisión de gases tóxicos, por la bala criminal de asesinos que transitan impunemente y cuyas organizaciones criminales tienen el control de calles y barrios, todo esto con la complicidad de las autoridades? ¿Y cuántas más morirán? ¿Por qué? Porque no les importa
La semana pasada, resaltaba que los resultados del pasado referéndum no son casuales. Llegan para confirmarnos que los panameños vivimos una angustiosa contradicción que se traduce -cada vez más-en una inseguridad permanente y creciente como espectadores pasivos e inactivos, en un gran número, de un pasado que no es nuestro, de un presente que se nos escapa y de un futuro que creemos perdido. Los miedos, las esperanzas y las ilusiones producen una extraña mezcla: no sabemos qué hemos sido, no queremos saber qué somos, no podemos decidir qué seremos.
Pero, en este nuevo aniversario de la separación de Colombia, debemos analizar con muchísima preocupación también el "no me importa" de los que nos han secuestrado nuestra seguridad jurídica, simple y llanamente, porque no les importa. Pero la crisis de ciudadanía y sus elevados costos en vidas, bienes y honra, seguirá en aumento también porque, además de las autoridades, hay demasiada gente a la que tampoco le importa.

101 años de Panamá América

 
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