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No más cierres


Me resisto a acepar, como medio lícito de protesta, el cierre de calles, avenidas, carreteras, puentes y hasta caminos vecinales para llamar la atención pública sobre problemas de cualquier índole que afectan a determinados grupos o comunidades. ¿Por qué impedir el libre tránsito por todo el país, a quienes por mandato de leyes nacionales tienen el derecho de hacerlo? Las leyes de un país son de estricto acatamiento por sus habitantes, sean nacionales o extranjeros; y las autoridades, de diferentes jerarquías, son las llamadas a hacer obligatorio su cumplimiento.
Pareciera muy fácil obligar con el uso de la fuerza, que las mismas leyes permiten, despejar las vías obstruidas, pero, ¿qué sucede con las causas de las protestas? Todo parece indicar, al menos eso es lo que se colige de las manifestaciones a la prensa según sus dirigentes, que por más que han tratado en diferentes ocasiones y hasta con distintos funcionarios, de buscar solución viable a sus solicitudes de ayuda, no encuentran ningún tipo de reacción; por esa razón, cuando se sienten burlados por las autoridades correspondientes, como última opción, proceden al cierre de las distintas vías de acceso. En efecto, a los pocos minutos de iniciado el ilegal cierre, aparecen las televisoras, periodistas y radiocomentaristas a divulgar de inmediato: que el agua no les llega desde hace varias semanas o meses, que la basura no es recogida con regularidad, que la escuela se está desplomando o que faltan implementos de enseñanza, que el río está contaminado por los desechos que deposita una fábrica, porqueriza, o matadero; en fin, cualquier causa que en mayor o menor medida esté afectando a los habitantes de un lugar, es motivo suficiente para protestar.
Me resisto a aceptar como medio lícito de protesta, el cierre forzoso de las vías de comunicación; sin embargo, es un hecho irrefutable que la única forma en que las autoridades buscan soluciones rápidas a los problemas de las comunidades, es cuando las presionan. Por lógica debo concluir que, si las autoridades y funcionarios públicos aprendieran a escuchar y atender los requerimientos válidos, se acabarían los odiosos cierres que tanto perjuicio y malestar causan.
Las protestas, por causas de reivindicaciones laborales, o de cualquier otra índole, deberán hacerse a través de todos los medios que las leyes permiten. Lo importante es que, si tanto los funcionarios gubernamentales como los ciudadanos en general, cumplen con las leyes y procedimientos de convivencia social, no debe existir ninguna razón válida para obstruir el paso vehicular en ningún momento, ni lugar del territorio nacional.
Ante este criminal atentado que se cierne sobre el derecho a la salud, el pueblo debe salir a defender su institución (la CSS) a capa y espada, así sea llevando como único escudo y estandarte la bandera de las tres "p" (paila, pitos y pañuelos).

101 años de Panamá América

 
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