No más legisladores
No estamos de acuerdo con el aumento de legisladores. Lo más importante es promover una gran campaña nacional tendiente a que los partidos políticos escojan a los mejores; a aquellos candidatos por su capacidad, inteligencia, honestidad, responsabilidad, vocación de patria y deseos de trabajar por el engrandecimiento del país; aquellos hombres que por su conocimiento socio-económico y político y en especial de las provincias que deben representar, sean capaces de aprovechar, inteligentemente, todos los recursos humanos, institucionales y naturales que brinda el medio para el desarrollo de proyectos que sean una respuesta a las aspiraciones de las comunidades panameñas, hoy sumidas en la extrema pobreza y en un abandono que marca el desprestigio y crisis en que se encuentra la Asamblea Legislativa.
No es posible que se continúe promoviendo legislaturas en base a intereses políticos, a ambiciones personales, porque quien paga esta falta de visión y de indolencia es el pueblo. La norma que regula el número de legisladores en base al crecimiento de la población, debe ser reformado para dar paso a cambios que, verdaderamente contribuyan a la superación, adecentamiento, capacitación y buena imagen de una institución que cuesta tanto dinero al Estado y cuyo trabajo actual, no está compensado con obras de aliento a una nación que se ha cansado de esperar el cumplimiento de promesas eleccionarias. En la medida en que el legislador sea consciente y comprenda la misión que le corresponde realizar en beneficio del país; en la medida en que sea el verdadero líder que sabe organizar a todas las fuerza vivas de su comunidad, de utilizar, convenientemente todos los recursos que ella posee; que respete los patrones y valores culturales y morales en que se sienta la comunidad que representa; que ponga a un lado sus intereses y ambiciones para respetar y respaldar las iniciativas y anhelos del pueblo; en esa misma medida tendremos la clase de legisladores que necesitamos en momentos en que priva el interés partidista, la ambición personal, la mediocridad como instrumentos de solución a los problemas de la República.
El país no necesita más legisladores, pero sí está necesitando, con urgencia, que los actuales, en su gran mayoría, se capaciten, dediquen tiempo al estudio de los problemas sociales y económicos del país, cambien de actitud que los lleve a creer más en la Patria; que hagan de la Asamblea Legislativa una institución, centro de las más grandes inquietudes nacionales y vivero de leyes que recojan el verdadero palpitar de los miles de panameños perdidos a lo largo y ancho del país. La nación está necesitando un legislador que deje de pensar en las partidas circuitales, en los tantos privilegios injustos que recibe, mientras que hay una patria que se desgarra ante la injusticia social y la miseria.
No es posible que se continúe promoviendo legislaturas en base a intereses políticos, a ambiciones personales, porque quien paga esta falta de visión y de indolencia es el pueblo. La norma que regula el número de legisladores en base al crecimiento de la población, debe ser reformado para dar paso a cambios que, verdaderamente contribuyan a la superación, adecentamiento, capacitación y buena imagen de una institución que cuesta tanto dinero al Estado y cuyo trabajo actual, no está compensado con obras de aliento a una nación que se ha cansado de esperar el cumplimiento de promesas eleccionarias. En la medida en que el legislador sea consciente y comprenda la misión que le corresponde realizar en beneficio del país; en la medida en que sea el verdadero líder que sabe organizar a todas las fuerza vivas de su comunidad, de utilizar, convenientemente todos los recursos que ella posee; que respete los patrones y valores culturales y morales en que se sienta la comunidad que representa; que ponga a un lado sus intereses y ambiciones para respetar y respaldar las iniciativas y anhelos del pueblo; en esa misma medida tendremos la clase de legisladores que necesitamos en momentos en que priva el interés partidista, la ambición personal, la mediocridad como instrumentos de solución a los problemas de la República.
El país no necesita más legisladores, pero sí está necesitando, con urgencia, que los actuales, en su gran mayoría, se capaciten, dediquen tiempo al estudio de los problemas sociales y económicos del país, cambien de actitud que los lleve a creer más en la Patria; que hagan de la Asamblea Legislativa una institución, centro de las más grandes inquietudes nacionales y vivero de leyes que recojan el verdadero palpitar de los miles de panameños perdidos a lo largo y ancho del país. La nación está necesitando un legislador que deje de pensar en las partidas circuitales, en los tantos privilegios injustos que recibe, mientras que hay una patria que se desgarra ante la injusticia social y la miseria.