default

No nos quedan más comienzos


Estoy leyendo el último libro de ese gran humanista y pensador vivo de este siglo y el que se fue, George Steiner, titulado Gramática de la Creación, donde penetra con un escalpelo en lo más profundo y recóndito del alma humana y la cultura occidental, haciendo un recorrido o una radiografía retrospectiva hasta nuestros días: dramática, melancólica y a la vez desalentadora de la desesperanza en la conciencia universal. Inicia con una frase monumental, demoledora y lapidaria: "No nos quedan más comienzos", haciendo alusión a lo sombrío y pesimista de los tiempos actuales y la concepción depredadora del ser. Retrotraigo la memoria y me traslado a la Cumbre de Desarrollo Sostenible, celebrada en Johannesburgo, Sudáfrica. No estuve físicamente allí, pero la cibernética maravillosa (la que debe servir a las causas justas del hombre) y los medios informativos coinciden en que se perdió una valiosa oportunidad para corregir el rumbo y orientar la brújula hacia estadios superiores de evolución y mejoramiento integral, en la defensa del planeta azul y esa nave que llamamos Tierra. Es posible que Steiner tenga razón.
Estocolmo (1972), Río de Janeiro con la Agenda 21 (1992) y ahora Río No. 10, en el Centro de Convenciones de Sandton -aparte de los foros paralelos de organizaciones consecuentes- fueron escenarios de mucha grandilocuencia, cabildeos, "lobbys", escaramuzas verbales, pero prevaleció el egoísmo, la intemperancia, el apetito voraz de los grandes intereses de los poderosos consorcios y corporaciones internacionales, así como sectores del "stablishment" (el Imperio del Norte no ha ratificado aún el Protocolo de Kyoto sobre la reducción de gases que producen el Efecto Invernadero), la intolerancia, el derroche energético y contaminación de los países altamente industrializados; el Norte arrogante y el Sur empobrecido. No se logró lo que se esperaba. Quizás eran demasiadas las expectativas. Muy poco se alcanzó; en el mejor de los casos reafirmaron posiciones anteriores y uno que otro avance o plazo perentorio. Abundaron los "reducir considerablemente", "urge", "recomendar", "donde ello sea posible", "metas regionales voluntarias", "esfuerzos concretos" y alguna esquiva licencia idiomática. Los 91 países participantes no pudieron llegar a un consenso o acuerdo mínimo, logrando sólo que no existiera retroceso con relación a la Eco-92.
La voluntad política real y la vocación de servicios a la humanidad, estuvieron ausentes en Johannesburgo para encauzar las acciones por las avenidas del progreso y bienestar, las auténticas alternativas de adoptar decisiones concretas y específicas (sin ambigüedades) que disminuyeran la degradación y el deterioro alarmante y progresivo de los recursos naturales en el planeta, pues esos recursos no son infinitos, ni le pertenecen a esta generación, sino es patrimonio de la especie y sirve para garantizar su supervivencia, tratando de recuperar los ecosistemas y el estado desastroso de los daños que le hemos inflingido a la tierra. Temas fundamentales y vitales para evitar o retrazar la extinción sobre la faz de la tierra se mediatizaron y en el Plan de Acción y Texto final "fue lo posible de ser alcanzado", soslayando o empleando subterfugios malabarismos y pirotecnia semántica, expresadas anteriormente.
La biodiversidad, sustancias químicas, ayuda al desarrollo, energía, pesca, comercio y globalización, protocolo de Kyoto -Rusia anunció que lo ratificará- recursos naturales, fondo de solidaridad, agua e instalaciones sanitarias, salud, consumo, responsabilidad empresarial y monitoreo; fueron aspectos analizados, pero en la declaratoria final están diluidos, muy superficiales o etéreos, esquemáticos y generales, evadiendo responsabilidades puntuales, definidas, acciones inmediatas u objetivos a corto o mediano plazo, a excepción de ciertas situaciones.
Existen investigaciones sobre el particular, actualmente tecnologías alternas, apropiadas amigables con el ambiente y de producción limpia, con el fin de hacerle frente a los graves problemas por las cuales atraviesa la actitud destructora del hombre.
Para el caso de Panamá, se contempló la propuesta de crear un Centro Internacional de Desarrollo Sostenible, aprovechando nuestra riqueza biológica y posición estratégica. Tenemos que "reinterpretar la historia" presente y futura, exorcizar nuestros demonios internos -como diría Sábato- y reconstruir el porvenir, despojarnos de la vanidad y egolatría estúpida de creer que somos el rey de la creación. Nos cabe a todos, ciudadanos de la tierra, cualquiera sea la condición y el lugar donde nos encuentremos, intentar "nuevos comienzos" y utopías realizables y alcanzables, para disentir del pesimismo doloroso de Steiner, pues debemos ir al reencuentro consigo mismo y reconciliación de la naturaleza. Quizás ser más optimista, repitiendo con el Presidente de Brasil, Fernando Enrique Cardoso, que "en esta cumbre no avanzamos en los sueños, pero sí en el camino para un mundo mejor". Sólo así no perderé la fe en otra esperanza perdida y en el animal humano.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América