No renunciaré a este amor
Hay individuos, hombres y mujeres, que han sido testigos unas veces, protagonistas otras y las más, portavoces del acontecer social. Su presencia ha permitido a la sociedad dejar constancia de sus triunfos y sus fracasos.
La sociedad ha reído, llorado, soñado. Se ha hincado ante Dios a elevar una plegaria. Ha denunciado injusticias y las ha cometido. Ha sido cómplice y protagonista de toda clase de sucesos. Ha visto caer y levantarse gobiernos. Ha viajado por las profundidades del mar y la inmensidad del cielo. Ha recorrido la naturaleza y se ha deleitado con su esplendor. Ha compartido penas y alegrías. Ha sido testigo de cómo las promesas incumplidas de los gobiernos y personas hacen daño a otros. Ha visto deshecho en jirones el corazón de la Tierra, del hombre, la mujer, el niño y la niña. Ha amado, ha entonado un coro de esperanza y gratitud. Se ha ensañado contra sus semejantes. Y siempre o la mayor parte de las veces ha habido un/a periodista que ha reportado estas altas y bajas de la humanidad.
Pocas cosas quedan sin ser testimoniadas. Siempre ante los ayes de los sin voz, la prensa (hablada, escrita o televisada) está pronta a salir a hacer las denuncias que sea menester para poder lograr el equilibrio en la balanza social. Para que no se burlen de los derechos de los oprimidos y los que siempre quedan al margen del desarrollo recibiendo las migajas sociales.
Informar, educar, orientar y entretener: he allí cuatro de las principales tareas periodísticas. ¿Las herramientas del/la periodista?: sus principios, una pluma, un lápiz o una grabadora y una computadora o micrófono. Entonces el/la periodista tiene la palabra y sus escritos y denuncias quedan impresos en el papel, son difundidos por la radio o televisados. Ahora también pueden encontrarse en Internet.
¡Qué difícil, pero hermoso y multifacético oficio éste de actuar como eslabón entre los hechos y las masas, entre fuente y destinatario/a del mensaje el cual ha de ser, en medio de la subjetividad de cada individuo, lo más objetivo posible, porque en cada escrito, emisión radial o televisiva el/la periodista se juega su credibilidad profesional!.
Poca gente como el/la periodista tiene la sagrada misión de actuar como mentor/a social, espectador/a y concienciador/a. Pero también pertenece el/la periodista al grupo de profesionales que no tiene horario. Que debe estar disponible siempre, porque la noticia no espera. Porque los hechos se suscitan de pronto y hay que darlos a conocer a la comunidad que con ansias espera para actualizarse. La gente es fuente inagotable de noticias y por esto, porque es el eje, o debiera serlo, del quehacer social, el/la periodista tiene que esforzarse por buscar el lado humano por "ponerle rostro" a la noticia.
El cometido es fungir como neutral reportero/a del ser y quehacer humanos. Es decir, sin tomar partido, indagar hasta sacar a relucir la verdad que no es potestad de nadie, pero puede tergiversarse si hay cabida para intereses, autocensura o censura de los medios. De esto último, desgraciadamente, pero, precisamente en honor a la verdad, valga decirlo, no escapa ninguno en el mundo conocido. Y entonces, el/la periodista se halla frente a un dilema constante: decir la verdad a pesar de todas las barreras de la índole que fuere que pudieren tratar de impedirlo.
En esta sesuda y ética tarea ha de imperar su criterio, respeto a sí mismo/a y a los y las destinatarios/as de su mensaje. Porque no hay que dar paso a medias verdades, rumores, ni prestarse para hacer de tonto/a útil ni de los/las dueños/as de medios, ni de quienes los administran, ni de los políticos, gobernantes u otras fuentes. Complicada, pero no imposible es la tarea cotidiana de enfrentarse a tantos intereses creados y salir airosos/as en medio de las difíciles circunstancias en que le toca vivir al periodista, en muchas naciones y ocasiones arriesgando la vida, la salud, su relación en pareja o vida familiar y pasando privaciones porque si hay algo de lo que pueden jactarse muy pocos periodistas es de que ganan bien. Pero, a la hora en que se les necesita, están prestos.
Pero, los medios siguen siendo medios porque hay periodistas. Y esto es así gracias a que la vocación y no la remuneración es la que les hace perseverar en su misión en un mundo donde cada vez más las personas de todos los estratos sociales saben que pueden hacer uso del derecho a la libertad de expresión y acuden a los medios de comunicación en busca de sus aliados/as, los/las periodistas, para que sirvan de paladines en esta medición de fuerzas entre oprimidos/as y opresores/as. ¿Pero, y quiénes son los/las aliados/as de los periodistas que a veces encuentran en los propios medios y sociedad verdugos y antagonistas?
La huella periodística ha quedado plasmada en todas las etapas de la evolución e involución humanas. Los medios son como espejos que reflejan la sociedad con su talón de Aquiles, su caja de pandora, su barbarismo y el desapego de la especie. Pero, también ponen de manifiesto el lado bueno del ser humano, su solidaridad, su capacidad de sacrificio, su tenacidad, iniciativa, talento, fe, poder de convocatoria y muchos otros atributos y virtudes que le han permitido subsistir en medio de tantos inconvenientes que en la pugna por el poder (de toda índole) subyacen y son como piedras en el camino hacia la justicia, la paz, la prevalencia de valores y del amor como piedra angular social.
Porque Panamá, nación que sigue bogando en el río de la incertidumbre mundial, en este milenio, más que nunca, necesita de gente que no pacta con los enemigos del bienestar colectivo y la promoción humana, reafirmo hoy, Día del
La sociedad ha reído, llorado, soñado. Se ha hincado ante Dios a elevar una plegaria. Ha denunciado injusticias y las ha cometido. Ha sido cómplice y protagonista de toda clase de sucesos. Ha visto caer y levantarse gobiernos. Ha viajado por las profundidades del mar y la inmensidad del cielo. Ha recorrido la naturaleza y se ha deleitado con su esplendor. Ha compartido penas y alegrías. Ha sido testigo de cómo las promesas incumplidas de los gobiernos y personas hacen daño a otros. Ha visto deshecho en jirones el corazón de la Tierra, del hombre, la mujer, el niño y la niña. Ha amado, ha entonado un coro de esperanza y gratitud. Se ha ensañado contra sus semejantes. Y siempre o la mayor parte de las veces ha habido un/a periodista que ha reportado estas altas y bajas de la humanidad.
Pocas cosas quedan sin ser testimoniadas. Siempre ante los ayes de los sin voz, la prensa (hablada, escrita o televisada) está pronta a salir a hacer las denuncias que sea menester para poder lograr el equilibrio en la balanza social. Para que no se burlen de los derechos de los oprimidos y los que siempre quedan al margen del desarrollo recibiendo las migajas sociales.
Informar, educar, orientar y entretener: he allí cuatro de las principales tareas periodísticas. ¿Las herramientas del/la periodista?: sus principios, una pluma, un lápiz o una grabadora y una computadora o micrófono. Entonces el/la periodista tiene la palabra y sus escritos y denuncias quedan impresos en el papel, son difundidos por la radio o televisados. Ahora también pueden encontrarse en Internet.
¡Qué difícil, pero hermoso y multifacético oficio éste de actuar como eslabón entre los hechos y las masas, entre fuente y destinatario/a del mensaje el cual ha de ser, en medio de la subjetividad de cada individuo, lo más objetivo posible, porque en cada escrito, emisión radial o televisiva el/la periodista se juega su credibilidad profesional!.
Poca gente como el/la periodista tiene la sagrada misión de actuar como mentor/a social, espectador/a y concienciador/a. Pero también pertenece el/la periodista al grupo de profesionales que no tiene horario. Que debe estar disponible siempre, porque la noticia no espera. Porque los hechos se suscitan de pronto y hay que darlos a conocer a la comunidad que con ansias espera para actualizarse. La gente es fuente inagotable de noticias y por esto, porque es el eje, o debiera serlo, del quehacer social, el/la periodista tiene que esforzarse por buscar el lado humano por "ponerle rostro" a la noticia.
El cometido es fungir como neutral reportero/a del ser y quehacer humanos. Es decir, sin tomar partido, indagar hasta sacar a relucir la verdad que no es potestad de nadie, pero puede tergiversarse si hay cabida para intereses, autocensura o censura de los medios. De esto último, desgraciadamente, pero, precisamente en honor a la verdad, valga decirlo, no escapa ninguno en el mundo conocido. Y entonces, el/la periodista se halla frente a un dilema constante: decir la verdad a pesar de todas las barreras de la índole que fuere que pudieren tratar de impedirlo.
En esta sesuda y ética tarea ha de imperar su criterio, respeto a sí mismo/a y a los y las destinatarios/as de su mensaje. Porque no hay que dar paso a medias verdades, rumores, ni prestarse para hacer de tonto/a útil ni de los/las dueños/as de medios, ni de quienes los administran, ni de los políticos, gobernantes u otras fuentes. Complicada, pero no imposible es la tarea cotidiana de enfrentarse a tantos intereses creados y salir airosos/as en medio de las difíciles circunstancias en que le toca vivir al periodista, en muchas naciones y ocasiones arriesgando la vida, la salud, su relación en pareja o vida familiar y pasando privaciones porque si hay algo de lo que pueden jactarse muy pocos periodistas es de que ganan bien. Pero, a la hora en que se les necesita, están prestos.
Pero, los medios siguen siendo medios porque hay periodistas. Y esto es así gracias a que la vocación y no la remuneración es la que les hace perseverar en su misión en un mundo donde cada vez más las personas de todos los estratos sociales saben que pueden hacer uso del derecho a la libertad de expresión y acuden a los medios de comunicación en busca de sus aliados/as, los/las periodistas, para que sirvan de paladines en esta medición de fuerzas entre oprimidos/as y opresores/as. ¿Pero, y quiénes son los/las aliados/as de los periodistas que a veces encuentran en los propios medios y sociedad verdugos y antagonistas?
La huella periodística ha quedado plasmada en todas las etapas de la evolución e involución humanas. Los medios son como espejos que reflejan la sociedad con su talón de Aquiles, su caja de pandora, su barbarismo y el desapego de la especie. Pero, también ponen de manifiesto el lado bueno del ser humano, su solidaridad, su capacidad de sacrificio, su tenacidad, iniciativa, talento, fe, poder de convocatoria y muchos otros atributos y virtudes que le han permitido subsistir en medio de tantos inconvenientes que en la pugna por el poder (de toda índole) subyacen y son como piedras en el camino hacia la justicia, la paz, la prevalencia de valores y del amor como piedra angular social.
Porque Panamá, nación que sigue bogando en el río de la incertidumbre mundial, en este milenio, más que nunca, necesita de gente que no pacta con los enemigos del bienestar colectivo y la promoción humana, reafirmo hoy, Día del