No te alejes de los políticos
Continuando con el tema del sábado pasado, pero visto desde otro punto de vista, estoy abierta a ciertos comentarios de experiencias vividas. Leyendo la columna de Ricardo Bermúdez del domingo 18 de marzo, gocé al ver cómo ellos recuerdan las invitaciones que les hacían los políticos a los muchachos que formaban el Frente Patriótico de la Juventud en 1944, pero ellos prefirieron mantenerse "incólumes" durante cuatro años; prefirieron su independencia, porque no deseaban mezclar su movimiento con los políticos, aunque fueran grandes hombres.
Fueron cuatro años, dice Ricardo, sin obtener logros por esa independencia. Luego de ese tiempo incursionaron en política y muchos de ellos lo fueron y lo siguen siendo. Ese ejemplo fue el primero, no que viví, pero sí lo palpé. ¿Cuántos de ellos pudieron ser diputados en ese período y hasta constituyentes? Pero, existía el prurito de no mezclarse con los políticos.
En 1985, siendo Presidenta de la Asociación Médica Nacional, se formó el movimiento CO.CI.NA. contra las leyes tributarias de Nicolás Ardito Barletta, entonces Presidente. Por prurito también y mente corta de los otros dirigentes de la organización, no pude convencerlos de intercalar poder en el movimiento con los políticos.
Recuerdo cuando los dirigentes de los partidos me llamaban a mi casa en las mañanas y me decían que este movimiento era fuerte por sí mismo y que estaba cumpliendo su objetivo y lograría su meta, como en efecto lo logró, pero que necesitaba el toque político para tumbar al gobierno de Noriega.
Yo trataba de convencerlos, pero era inútil tratar de mezclarlos. Sus mentes eran tan reaccionarias que un día quisieron prohibirme que yo fuera a una fiesta de un amigo mío. Mi reacción fue dura; el tiempo demostró que yo tenía razón, porque el movimiento CO.CI.NA., que pudo perdurar y tomar un rumbo político fuerte, murió en forma tan brusca, que hoy son pocos los panameños que lo recuerdan y que tienen presente sus objetivos. ¡Otra oportunidad perdida!
También recuerdo haber sido una de las dirigentes más activas de la Cruzada Civilista y que me la jugué en las calles liderizando el movimiento, aunque algunos traten de olvidarlo. Desde luego que era una acción para tumbar al gobierno militar. Lo que aquí contaré es verídico aunque, tal vez algunos no lo recuerden o quieran ignorarlo. Cuando los políticos nos enviaron el mensaje para reunirnos con ellos, sólo yo estaba de acuerdo en hacerlo. Los otros componentes de la Cruzada, con el corazón henchido de patriotismo decían que éste era un movimiento cívico. Mi punto de vista era que si queríamos tumbar al gobierno, las acciones pasaban de ser cívicas a políticas, porque los gobiernos son políticos.
Luego de mucho esfuerzo los convencí y asistimos a reuniones con diferentes partidos; ellos creían que era ensuciarse de política. El primero fue con el arnulfista y el Dr. Arias. Particularmente la consideré interesante y, aunque poco a poco los cruzadistas se fueron integrando a los políticos, no permitieron que ellos co-dirigieran con nosotros. Decían que sólo los gremios manejarían la Cruzada y así fue como tomamos palo, persecución y exilio para algunos. Los políticos nunca asistieron a nuestras reuniones y terminaban por ser rechazados.
¿Resultado? A pesar de toda la inteligencia allí reunida, faltó el conocimiento político, el ingrediente político para coadyuvar a dirigirlo. No es que crea que los políticos hubieran resuelto el problema del todo; pero es el punto de la necedad de aquellos tiempos de rechazar a los políticos.
Hoy se repite el fenómeno cuando no quieren aceptar a los políticos en las comisiones ni en las actividades del llamado mundo civil, como si apestáramos.
Ojalá las experiencias nos enseñen a no cometer otra vez los mismos errores.
Fueron cuatro años, dice Ricardo, sin obtener logros por esa independencia. Luego de ese tiempo incursionaron en política y muchos de ellos lo fueron y lo siguen siendo. Ese ejemplo fue el primero, no que viví, pero sí lo palpé. ¿Cuántos de ellos pudieron ser diputados en ese período y hasta constituyentes? Pero, existía el prurito de no mezclarse con los políticos.
En 1985, siendo Presidenta de la Asociación Médica Nacional, se formó el movimiento CO.CI.NA. contra las leyes tributarias de Nicolás Ardito Barletta, entonces Presidente. Por prurito también y mente corta de los otros dirigentes de la organización, no pude convencerlos de intercalar poder en el movimiento con los políticos.
Recuerdo cuando los dirigentes de los partidos me llamaban a mi casa en las mañanas y me decían que este movimiento era fuerte por sí mismo y que estaba cumpliendo su objetivo y lograría su meta, como en efecto lo logró, pero que necesitaba el toque político para tumbar al gobierno de Noriega.
Yo trataba de convencerlos, pero era inútil tratar de mezclarlos. Sus mentes eran tan reaccionarias que un día quisieron prohibirme que yo fuera a una fiesta de un amigo mío. Mi reacción fue dura; el tiempo demostró que yo tenía razón, porque el movimiento CO.CI.NA., que pudo perdurar y tomar un rumbo político fuerte, murió en forma tan brusca, que hoy son pocos los panameños que lo recuerdan y que tienen presente sus objetivos. ¡Otra oportunidad perdida!
También recuerdo haber sido una de las dirigentes más activas de la Cruzada Civilista y que me la jugué en las calles liderizando el movimiento, aunque algunos traten de olvidarlo. Desde luego que era una acción para tumbar al gobierno militar. Lo que aquí contaré es verídico aunque, tal vez algunos no lo recuerden o quieran ignorarlo. Cuando los políticos nos enviaron el mensaje para reunirnos con ellos, sólo yo estaba de acuerdo en hacerlo. Los otros componentes de la Cruzada, con el corazón henchido de patriotismo decían que éste era un movimiento cívico. Mi punto de vista era que si queríamos tumbar al gobierno, las acciones pasaban de ser cívicas a políticas, porque los gobiernos son políticos.
Luego de mucho esfuerzo los convencí y asistimos a reuniones con diferentes partidos; ellos creían que era ensuciarse de política. El primero fue con el arnulfista y el Dr. Arias. Particularmente la consideré interesante y, aunque poco a poco los cruzadistas se fueron integrando a los políticos, no permitieron que ellos co-dirigieran con nosotros. Decían que sólo los gremios manejarían la Cruzada y así fue como tomamos palo, persecución y exilio para algunos. Los políticos nunca asistieron a nuestras reuniones y terminaban por ser rechazados.
¿Resultado? A pesar de toda la inteligencia allí reunida, faltó el conocimiento político, el ingrediente político para coadyuvar a dirigirlo. No es que crea que los políticos hubieran resuelto el problema del todo; pero es el punto de la necedad de aquellos tiempos de rechazar a los políticos.
Hoy se repite el fenómeno cuando no quieren aceptar a los políticos en las comisiones ni en las actividades del llamado mundo civil, como si apestáramos.
Ojalá las experiencias nos enseñen a no cometer otra vez los mismos errores.