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No todo en la política es malo


Desde mucho antes de la campaña pasada, cuando participamos como candidatos independientes para aspirar al cargo de Representante en el Corregimiento de Bethania, pudimos apreciar que un gran número de panameños siente cierta aversión hacia los políticos en general, sobre todo, hacia aquéllos que fungimos como candidatos o como militantes acérrimos. Lo peor es que una sensación similar la tuvimos nosotros durante un tiempo; tanto es así, que motivados por el deseo de participar en la solución de la problemática de nuestra comunidad bethaniense, nos abocamos a activarnos, pero como independientes, y así no sentirnos tan marginados de los acontecimientos. En este intento logramos alcanzar un segundo lugar, pero lo más agradable de esa experiencia fue el placer que sentimos al conocer y tratar a mucha gente, lo que en sí se ha constituido desde entonces en una riqueza invaluable. En aquellos momentos todavía creíamos que era una utopía aceptar que los partidos políticos se constituyen en órganos representativos de la democracia, y también dudábamos de la integridad de muchos candidatos sin conocerlos bien. Creíamos que un número considerable de ellos estaba empeñado en ganar para quedarse en el poder y hacer con él lo que le viniera en gana (y eso que ya estábamos haciendo pininos en la democracia incipiente después de tantos años de dictadura.
Si bien es cierto que en casi la totalidad de los países existen judas, por así decirlo, que por 30 monedas se corrompen y no sólo venden el alma al diablo (o el país si fuera posible) sino al mundo, cuando buscan a toda costa ser siempre los primeros en el plano social, también es cierto que hay muchos políticos que incursionan en el torneo electoral con la viva pretensión de ganar una posición para contribuir a solucionar la problemática nacional en los diferentes estratos del desarrollo; o que incursionan para mejorar la faz del país, desplazando del poder a quienes lo han administrado mal durante años, pisoteando la esperanza de los más necesitados y malogrando el enunciado de opción por los pobres que bien claro señalaba Cristo, y que se refleja también en el Documento de Puebla.
La experiencia que tenemos dentro del Camino Catecumenal, que la Iglesia Católica ofrece a muchas comunidades del país, nos ha abierto los ojos para calibrar un poco mejor la magnitud del compromiso que cada persona tiene en función de justicia social; por eso, somos del criterio que, en mayor o menor escala los panameños tenemos el deber de participar en la toma de decisiones a nivel de la administración pública si queremos alcanzar los objetivos trazados por el bien común; no podemos evadir ese compromiso si no queremos que otros con menos responsabilidad lo tomen y abusen de él. Es el momento también para que aquéllos que por una circunstancia u otra opten por dedicarse a su vida profesional o a sus quehaceres cotidianos, ofrezcan sugerencias bien intencionadas, y por qué no, sus oraciones tan importantes y necesarias para que se abran derroteros a quienes buscamos servir en otra forma y en cualquier cargo por muy insignificante que sea.
¿Cuántos candidatos dentro de sus campañas ofrecen una fuente de trabajo a sus activistas, muchos de los cuales tienen esposas e hijos...? ¿Cuántos durante sus tareas poselitistas ofrecen apoyo logístico a diferentes grupos humanos con los que se relacionan...? Esto no significa en manera alguna que descartemos que la elección de cada aspirante deberá sustentarse en un plan de trabajo realizable, cónsono con la necesidad de cada sector; en su trayectoria profesional y personal y en la voluntad de compromiso que tiene que dejar manifiesta sin descartar la elevada calidad humana en todas sus acciones.
Por supuesto que una comunidad con cierta madurez política como la nuestra debe ser reflexiva a tal grado que pueda cuestionar al aspirante en función de lo anterior, no sólo durante el período eleccionario, sino durante el ejercicio en el cargo después de haber ganado con la ayuda de muchos. Esto se constituye en la etapa de seguimiento y de evaluación de los mismos, y le da facultad a los ciudadanos de hacer las denuncias que crean convenientes.
Si la política partidista en un ambiente democrático como el nuestro permite el rejuego de las ideas, mal vale pensar que sería mejor que nos impusieran a los gobernantes o peor aún, que nos dominara una nueva dictadura. ¡Dios nos libre!; el solo hecho de pensarlo lastima la dignidad de los panameños que amamos la libertad. ¬¿Que los partidos que existen son muchos...? Cada elector deberá escoger a los candidatos de los que considera mejores para que sólo éstos prevalezcan. ¿Que los partidos políticos se han desprestigado...? Eso también tiene solución: exijamos a sus fundadores que sean honestos, que no los administren como cosa propia; además a estos grupos nuevos tienen que incorporarse elementos profesionales con vocación de servicio e incólumes en sus principios; ello impedirá en gran medida que las cúpulas de los mismos se perpetúen en el poder.
No podemos mirar a los políticos con el mismo prisma; sabemos que hay quienes tienen carisma para atraer multitudes tras un vocabulario fluido que termina en demagogia; sabemos que los hay de expresión oral escueta pero con mucho deseo de servir; y hay quienes tienen ambos o carecen de éstos y otros tantos carismas. Por eso conviene que sepamos analizar a nuestros políticos para elegirlos con sabiduría. Bien vale recordar hasta dónde es cierto que los pueblos tenemos los gobernantes que nos merecemos.

101 años de Panamá América

 
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