Nombramientos, renuncias y polticas públicas
Ya se ha convertido en una peligrosa costumbre política conocer sólo a través de los medios de comunicación social, los recientes nombramientos o las renuncias de altos cargos sin que medien explicaciones por parte del gobierno. Tratar de no dar estas argumentaciones por parte del Ejecutivo es un modo equívoco de esquivar la responsabilidad pública o política sobre los mismos.
Por lo demás, podría ser una muestra de querer ocultar las verdaderas razones de las renuncias o los nombramientos .
Quizá valga la pena recordar que en democracia se fomentó en nuestros países la idea que el Gobierno administra la cosa pública en nuestro nombre. Lo curioso es que en los debilitados y cada vez más autoritarios regímenes democráticos que nos gobiernan, pareciera que esta responsabilidad puede ser ignorada. No ocurre así en los sistemas parlamentarios europeos, donde los primeros ministros deben a diario justificar cada uno de sus actos y decisiones, proyectos, nombramientos y renuncias ante la nación entera. Han comprendido que sólo así se reforzarán los principios democráticos y la transparencia de la gestión pública.
Es una pena que la actual administración de Torrijos esté tan empecinada en hacer del "código de silencio" un mecanismo de manejo público para controlar o borrar las múltiples interrogantes que surgen en las mentes del pueblo panameño, ante el desconcierto que les producen inexplicables nombramientos y renuncias de sus funcionarios. Quienes así lo estén asesorando han olvidado que los pueblos difícilmente olvidan. No importa el lenguaje cotidiano que empleen los voceros en algunos programas matutinos, quienes de manera informal cuelan algunas escasas y "eficientes" explicaciones a la opinión pública.
No se puede domesticar a todo un pueblo mediante este juego mediático. El silencio de un gobierno nunca es inocente.