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Norcorea: el desafío nuclear


Hace medio siglo, cuando el mundo evidenció el poder de la bomba atómica estallando sobre dos grandes ciudades japonesas, los expertos de la milicia y los diplomáticos comprendieron que la historia cambiaría para siempre. La construcción de semejante arma de destrucción masiva hacía palidecer a cualquiera: antes del 6 de agosto de 1945, cuando fue bombardeada Hiroshima, se entendía que la clásica ley de la guerra indicaba que la confrontación directa y justa en el campo de batalla, jamás llegaría al punto de la destrucción total ante una fuerza incontrolable.
Hace poco días, escuchamos el discurso radial de la agencia oficial de noticias del régimen comunista de Norcorea, anunciando en tono fuerte y certero que Pyongyang dejaba el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. En ese mismo momento, diplomáticos de Seúl dialogaban con sus homólogos del norte sobre la paz y la reconciliación en la conflictiva Península Coreana. El doble discurso político de Norcorea demostró que esa nación comunista planea “asegurar su supervivencia, a costa de cualquier amenaza exterior, en especial de los Estados Unidos”.
Norcorea ha logrado desarrollar en secreto un total de dos a cinco armas atómicas. Era un proceso que ya venía gestándose desde mediados de la década de los Ochenta. Igual que Pyongyang, Pakistán, Irak, Irán, Israel y Sudáfrica realizaron programas belicistas furtivos con el firme propósito de construir un arma nuclear. La gran pregunta es: ¿Por qué un empobrecido país asiático como Norcorea, al igual que otras naciones en vías de desarrollo, se lanzan a una campaña en pos de tener un arma apocalíptica como la bomba nuclear? La respuesta es muy evidente hoy en día.
Decia Edward Teller, el genio y maestro de la fabricación de la Bomba de Hidrógeno estadounidense en 1951, que “para evitar ser atacado por las potencias hegemónicas, en especial Estados Unidos y Rusia, las naciones de menor nivel tratarían de equipararse e igualar a los países con mayor desarrollo militar atómico”. Teller argumentó que si Estados Unidos fue la primera nación en fabricar la Bomba Atómica, era lógico que Rusia la obtuviera pronto durante la Guerra Fría. “Así, cuando en 1949 se construyó la bomba nuclear rusa, se consolidó el denominado Equilibrio del Terror, es decir, las grandes potencias jamás irían a una confrontación bélica armada directa, porque ambas tienen las armas del fin del mundo y la autodestrucción está garantizada”, puntualizaba Teller en sus conferencias magistrales en el siglo pasado.
Hoy, Washington negocia con el régimen de Kim Jong Il, el líder norcoreano, pues ahora que el país comunista tiene la bomba atómica, “se estableció un equilibrio militar estratégico”. Dos bombas atómicas norcoreanas son suficientes para hacer mucho daño a Estados Unidos y a sus aliados en la región, a saber Japón y Corea del Sur. En una hipotética guerra contra Norcorea, los coreanos comunistas fácilmente pueden atacar bases navales, instalaciones aéreas y centros industriales nipones y surcoreanos, generando terribles consecuencias político-económicas para el resto del planeta.
Norcorea superó a Irak en su carrera de armas de destrucción masiva, en especial por obtener la bomba atómica. Recientemente, durante una conversación con diplomáticos y periodistas locales, analizamos la realidad del asunto de las inspecciones de armas nucleares de las Naciones Unidas. Todo esta claro: A Bagdad se le investiga, no por la presión de Estados Unidos, sino porque Irak “no tiene la bomba nuclear” que le garantice un “status” superior sobre el resto de las naciones vecinas, incluso frente a Estados Unidos, su mayor rival. Es lógico que Saddam Hussein acepte las inspecciones de la ONU, ya que está en franca debilidad. ¿Por qué entonces no se aplica igual procedimiento de despliegue de tropas estadounidenses contra Norcorea? Pues, los comunistas norcoreanos ya se salieron con la suya y muy bien pueden hasta bombardear a varios puntos del Asia con misiles vectores, cargados con armas atómicas.
Paralelamente a la renuncia del pacto de No Proliferación Nuclear, el régimen comunista norcoreano avisó a la ONU que reanudaría sus pruebas de misiles “Taepondong”, cohetes balísticos intercontinentales capaces de llegar desde la Península Coreana hasta Japón, Alaska, Hawaii, Canadá y la Costa Occidental de Estados Unidos. Un escenario armado contra Norcorea supondría el riesgo de perder nuevamente la base naval de Pearl Harbour, en Oahu, Hawaii, a Tokio completamente, abrazado por las llamas del hongo atómico, o generar un infierno terrible en las refinerías petrolíferas del norte de Alaska, y en pleno continente americano.
Por supuesto, Norcorea sería derrotado a la larga por la enorme presión de la superpotencia estadounidense, pero volveríamos al callejón sin salida de otro armisticio en la Península Coreana. Una guerra en dicha región puede ser funesta para las maltrechas economías en Japón y Corea del Sur. China Popular puede incluso involucrase en el conflicto, porque estaría afectada económicamente, además de que perdería a un aliado de vieja data en el Asia.
A Norcorea sólo le queda esperar las pláticas diplomáticas con Washington, Seúl y Tokio, para negociar en tranquilidad. Ya tiene un seguro especial con sus bombas nucleares apuntando a Occidente. Recordemos que casos similares de equilibrios de terror existen actualmente: Pakistán con la India, China Popular con India, Israel con sus potenciales enemigos nucleares, a saber Siria, Irán e Irak.

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