¿Nos atrevemos?
Hace semanas publiqué en este diario un escrito que titulé "Algo no funciona", para referirme al desarrollo que prevalece en el país que ha permitido un crecimiento económico pero, al mismo tiempo, un incremento de la pobreza y la inequidad.
No dudo que es el modelo el que ha hecho crisis y que se hace cada vez menos viable. Reconozco que cambiar de modelo de desarrollo augura problemas potenciales, proseguir, sin modificaciones, el rumbo actual se presenta como más conflictivo. Se hace imprescindible ir hacia un modelo diferente que distribuya los beneficios del desarrollo más equitativamente y mejore la calidad de vida. Ello nos lleva a ser menos dependientes del pasado y más osados y creativos para hacer las cosas diferentes en el futuro y así prevenir problemas que nos acosan u otros nuevos. Todo ello será posible si realizamos una evaluación objetiva de cuáles son los grandes problemas de desarrollo que afectan al país, las prioridades para abordarlos y cómo se puede hacer esto con éxito.
Se impone diseñar estrategias que hagan factible aplicar en nuestro país enfoques y directrices para alcanzar un desarrollo sostenido y equitativo.
Para Panamá se hace crucial iniciar una indagatoria conducente a explorar nuevos cursos de acción que permitan elevar la calidad de vida de toda la población. Estas estrategias deberán señalar caminos y procedimientos que nos permitan transitar por etapas y problemas que enfrentan países con niveles más altos de desarrollo.
Si convenimos en una posición nacional común alrededor de puntos como los indicados será más fácil fijar los objetivos a seguir. De la discusión que propiciemos han de surgir coincidencias y disparidades que tendrán que ser allanadas con anticipación. Un diálogo fructífero sobre el tema es imprescindible para crear acuerdos que consoliden posiciones y divulguen enfoques y conceptos. Estos, por novedosos, requieren ser expuestos a la dirigencia y al pueblo para formar conciencia y actuar solidariamente.
Entre los aspectos centrales de las estrategias están las profundas reformas que se requieren para modernizar y fortalecer la actividad privada y la del Estado. Con estructuras débiles donde prevalezca la ineficiencia y la corrupción, no será posible llenar las lagunas existentes, ni mucho menos garantizar la aplicación de la justicia para castigar a los culpables de corrupción y de daños al patrimonio de la Nación que, en última instancia, es de nosotros, los contribuyentes. Tampoco podremos contar con las instituciones idóneas para formular e instrumentar las políticas de corto, medio y largo plazo que se requieren dentro de una estrategia de desarrollo con equidad.
¿Nos atrevemos a tomar los pasos?
No dudo que es el modelo el que ha hecho crisis y que se hace cada vez menos viable. Reconozco que cambiar de modelo de desarrollo augura problemas potenciales, proseguir, sin modificaciones, el rumbo actual se presenta como más conflictivo. Se hace imprescindible ir hacia un modelo diferente que distribuya los beneficios del desarrollo más equitativamente y mejore la calidad de vida. Ello nos lleva a ser menos dependientes del pasado y más osados y creativos para hacer las cosas diferentes en el futuro y así prevenir problemas que nos acosan u otros nuevos. Todo ello será posible si realizamos una evaluación objetiva de cuáles son los grandes problemas de desarrollo que afectan al país, las prioridades para abordarlos y cómo se puede hacer esto con éxito.
Se impone diseñar estrategias que hagan factible aplicar en nuestro país enfoques y directrices para alcanzar un desarrollo sostenido y equitativo.
Para Panamá se hace crucial iniciar una indagatoria conducente a explorar nuevos cursos de acción que permitan elevar la calidad de vida de toda la población. Estas estrategias deberán señalar caminos y procedimientos que nos permitan transitar por etapas y problemas que enfrentan países con niveles más altos de desarrollo.
Si convenimos en una posición nacional común alrededor de puntos como los indicados será más fácil fijar los objetivos a seguir. De la discusión que propiciemos han de surgir coincidencias y disparidades que tendrán que ser allanadas con anticipación. Un diálogo fructífero sobre el tema es imprescindible para crear acuerdos que consoliden posiciones y divulguen enfoques y conceptos. Estos, por novedosos, requieren ser expuestos a la dirigencia y al pueblo para formar conciencia y actuar solidariamente.
Entre los aspectos centrales de las estrategias están las profundas reformas que se requieren para modernizar y fortalecer la actividad privada y la del Estado. Con estructuras débiles donde prevalezca la ineficiencia y la corrupción, no será posible llenar las lagunas existentes, ni mucho menos garantizar la aplicación de la justicia para castigar a los culpables de corrupción y de daños al patrimonio de la Nación que, en última instancia, es de nosotros, los contribuyentes. Tampoco podremos contar con las instituciones idóneas para formular e instrumentar las políticas de corto, medio y largo plazo que se requieren dentro de una estrategia de desarrollo con equidad.
¿Nos atrevemos a tomar los pasos?