Nosotras en las decisiones
En este año tan importante para el acrecentamiento de nuestra conciencia nacional, por ser el año de nuestro Centenario, la Asamblea Legislativa, a través de su Comisión de Asuntos de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia, se siente doblemente comprometida. Por un lado, no podemos descuidar nuestro trabajo permanente de propiciar leyes que incentiven la igualdad de oportunidades para las mujeres en todos los ámbitos de la vida nacional y dar el debido seguimiento para que no sean letras muertas sobre un papel publicado en la Gaceta Oficial.
Por otra parte, incentivar en las mujeres de nuestra nación, la convicción de sus propias capacidades para estar presentes en las listas electorales a puestos de elección popular en todos los cargos y a asumir su papel activo en el diseño de políticas públicas, aplicación de las mismas, toma de decisiones en los cargos importantes donde se encuentren, justo en las vísperas de una nueva elección general en el país, el próximo año.
La Comisión de la Mujer de nuestro parlamento, se ha transformado en un espacio no sólo de debate y reflexión, de trabajo de subcomisiones, de orientación a personas con problemas familiares, sino también, en un espacio de entendimiento y de construcción de una democracia inclusiva, participativa y sin discriminaciones. El movimiento de mujeres de nuestro país, ha podido encontrar en esta Comisión, un espacio de acción, donde ha surgido la Comisión de Mujeres en el Centenario, con sus talleres, ponencias, dinámicas y conclusiones sistematizadas para que otras mujeres se nutran de las experiencias de quienes ya llevan recorrido una parte del camino.
Durante todo este año legislativo 2002-2003, nuestra Comisión ha sido crítica y actuante. Hemos logrado la aprobación de leyes importantes pero a la vez, no hemos podido pasar otras. Tantos hombres y pocas mujeres en el parlamento ha sido una desventaja. Muchas de las leyes que benefician directamente a las mujeres, no se pueden implementar por la falta de presupuesto. Ninguna mujer tomando decisiones en el Ministerio de Economía y Finanzas ha sido una desventaja. Sin presupuesto, no podemos garantizar la sostenibilidad de nuestros proyectos y políticas. Por supuesto que hemos alcanzado avances significativos. Pero necesitamos pasar de las ejecuciones parciales a las ejecuciones completas, a un mayor cumplimiento. Necesitamos más acción y mejorar eficientemente las coordinaciones existentes entre las organizaciones gubernamentales y las de la sociedad civil, vinculadas a nuestros asuntos. Por esta razón y por otras, necesitamos más mujeres en los puestos de decisión a todos los niveles.
Hemos llegado al Ejecutivo cumpliendo la ley de cuotas. Pero una mujer, Mireya Moscoso, desde la primera magistratura del país, si bien ha sido un apoyo inmenso para el logro de muchos de nuestros proyectos, no puede resolver todas nuestras tareas pendientes. Somos las mujeres, más mujeres, las que tenemos que luchar activamente por la ejecución de leyes, acuerdos, compromisos y programas con enfoque de género, que incidan en una mejor calidad de vida para las mujeres.
Entonces, ¿qué esperamos? Somos capaces de atraer a otras mujeres, así como lo hicieron a principios del siglo pasado, Angélica Chávez, Clara González, Elida Campodónico, Esther Neira, Enriqueta Morales, Sara Sotillo, Sara Barrera, Julia Palau y Abigail Batista, entre tantas otras. Mujeres que en pleno apogeo de un liberalismo conservador, pugnaban por el derecho al sufragio y organizaban el Grupo Feminista Renovación en 1922. Mujeres sumando a más mujeres a la Sociedad Nacional para el progreso de la Mujer. En fin, mujeres como nosotras, pero sin las leyes y las libertades que hoy disfrutamos, llamando a otras a no ser indiferentes; a cohesionarse y a no permanecer aisladas; a elevar sus voces para ser oídas hasta por los que no quieren escucharlas.
Estas mujeres del siglo pasado pugnaban por la participación de la mujer en la política para devolverle “la limpieza y la honestidad que ha perdido”. (1) También, contestaban al gastado argumento de que “las mujeres no están preparadas”, que la mayoría de los hombres tampoco lo están y lo ejercen sin conciencia. (2)
Cuando las mujeres estamos convencidas de algo, convencemos a muchas otras y también a los jóvenes. Somos percibidas como muy trabajadoras y priorizamos la educación, justo donde está la base de todas las edificaciones sociales.
Nos preocupamos por la salud (sobre todo, por la de los/as otros/as) y somos mucho más transparentes en nuestras actuaciones. Que no nos ataquen en este nuevo siglo, por no estar preparadas. Las universidades repletas de mujeres en todas las carreras; las graduaciones masivas y selectivas con rostros de mujer, dicen lo contrario. Además, ocupamos los primeros lugares en las distintas profesiones. No es que seamos más inteligentes, tal vez mucho más aplicadas y disciplinadas y por lo general, no nos vamos “de farra” cuando cobramos nuestra beca o salario.
Esta realidad nos obliga a no ser pasivas; a no “pasar agachadas” ante la necesidad cada vez mayor de darle otro giro a nuestra cultura política. Así, desde Ventanas del Parlamento, esperamos hacer aportes concretos y viables para que más mujeres accedan a puestos de decisión. Para que más mujeres diseñen y vigilen las leyes del país con una visión de género. Para que finalmente, logremos convencernos, que con nuestra participación, el país puede ser mejor.
(1). Marco, Yolanda; Miranda, Miriam; et. al, Historia de los Movimientos de Mujeres en Panamá en el siglo XX; colección Agenda de Género del Centenario, Universidad de Panamá, 2002, p. 96.
(2). Marco, Yolanda; Miranda, Miriam; et. al.; Ibidem. P. 96.
Por otra parte, incentivar en las mujeres de nuestra nación, la convicción de sus propias capacidades para estar presentes en las listas electorales a puestos de elección popular en todos los cargos y a asumir su papel activo en el diseño de políticas públicas, aplicación de las mismas, toma de decisiones en los cargos importantes donde se encuentren, justo en las vísperas de una nueva elección general en el país, el próximo año.
La Comisión de la Mujer de nuestro parlamento, se ha transformado en un espacio no sólo de debate y reflexión, de trabajo de subcomisiones, de orientación a personas con problemas familiares, sino también, en un espacio de entendimiento y de construcción de una democracia inclusiva, participativa y sin discriminaciones. El movimiento de mujeres de nuestro país, ha podido encontrar en esta Comisión, un espacio de acción, donde ha surgido la Comisión de Mujeres en el Centenario, con sus talleres, ponencias, dinámicas y conclusiones sistematizadas para que otras mujeres se nutran de las experiencias de quienes ya llevan recorrido una parte del camino.
Durante todo este año legislativo 2002-2003, nuestra Comisión ha sido crítica y actuante. Hemos logrado la aprobación de leyes importantes pero a la vez, no hemos podido pasar otras. Tantos hombres y pocas mujeres en el parlamento ha sido una desventaja. Muchas de las leyes que benefician directamente a las mujeres, no se pueden implementar por la falta de presupuesto. Ninguna mujer tomando decisiones en el Ministerio de Economía y Finanzas ha sido una desventaja. Sin presupuesto, no podemos garantizar la sostenibilidad de nuestros proyectos y políticas. Por supuesto que hemos alcanzado avances significativos. Pero necesitamos pasar de las ejecuciones parciales a las ejecuciones completas, a un mayor cumplimiento. Necesitamos más acción y mejorar eficientemente las coordinaciones existentes entre las organizaciones gubernamentales y las de la sociedad civil, vinculadas a nuestros asuntos. Por esta razón y por otras, necesitamos más mujeres en los puestos de decisión a todos los niveles.
Hemos llegado al Ejecutivo cumpliendo la ley de cuotas. Pero una mujer, Mireya Moscoso, desde la primera magistratura del país, si bien ha sido un apoyo inmenso para el logro de muchos de nuestros proyectos, no puede resolver todas nuestras tareas pendientes. Somos las mujeres, más mujeres, las que tenemos que luchar activamente por la ejecución de leyes, acuerdos, compromisos y programas con enfoque de género, que incidan en una mejor calidad de vida para las mujeres.
Entonces, ¿qué esperamos? Somos capaces de atraer a otras mujeres, así como lo hicieron a principios del siglo pasado, Angélica Chávez, Clara González, Elida Campodónico, Esther Neira, Enriqueta Morales, Sara Sotillo, Sara Barrera, Julia Palau y Abigail Batista, entre tantas otras. Mujeres que en pleno apogeo de un liberalismo conservador, pugnaban por el derecho al sufragio y organizaban el Grupo Feminista Renovación en 1922. Mujeres sumando a más mujeres a la Sociedad Nacional para el progreso de la Mujer. En fin, mujeres como nosotras, pero sin las leyes y las libertades que hoy disfrutamos, llamando a otras a no ser indiferentes; a cohesionarse y a no permanecer aisladas; a elevar sus voces para ser oídas hasta por los que no quieren escucharlas.
Estas mujeres del siglo pasado pugnaban por la participación de la mujer en la política para devolverle “la limpieza y la honestidad que ha perdido”. (1) También, contestaban al gastado argumento de que “las mujeres no están preparadas”, que la mayoría de los hombres tampoco lo están y lo ejercen sin conciencia. (2)
Cuando las mujeres estamos convencidas de algo, convencemos a muchas otras y también a los jóvenes. Somos percibidas como muy trabajadoras y priorizamos la educación, justo donde está la base de todas las edificaciones sociales.
Nos preocupamos por la salud (sobre todo, por la de los/as otros/as) y somos mucho más transparentes en nuestras actuaciones. Que no nos ataquen en este nuevo siglo, por no estar preparadas. Las universidades repletas de mujeres en todas las carreras; las graduaciones masivas y selectivas con rostros de mujer, dicen lo contrario. Además, ocupamos los primeros lugares en las distintas profesiones. No es que seamos más inteligentes, tal vez mucho más aplicadas y disciplinadas y por lo general, no nos vamos “de farra” cuando cobramos nuestra beca o salario.
Esta realidad nos obliga a no ser pasivas; a no “pasar agachadas” ante la necesidad cada vez mayor de darle otro giro a nuestra cultura política. Así, desde Ventanas del Parlamento, esperamos hacer aportes concretos y viables para que más mujeres accedan a puestos de decisión. Para que más mujeres diseñen y vigilen las leyes del país con una visión de género. Para que finalmente, logremos convencernos, que con nuestra participación, el país puede ser mejor.
(1). Marco, Yolanda; Miranda, Miriam; et. al, Historia de los Movimientos de Mujeres en Panamá en el siglo XX; colección Agenda de Género del Centenario, Universidad de Panamá, 2002, p. 96.
(2). Marco, Yolanda; Miranda, Miriam; et. al.; Ibidem. P. 96.