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"Nosotros esperábamos..."


De distintas maneras he percibido que mientras más nos acercamos a las elecciones queda manifiesta la astenia, es decir falta o decaimiento de fuerzas caracterizado por la apatía, fatiga física o ausencia de iniciativa. La campaña ha sido muy larga y por más superhombres que nos consideremos, ocurre la fatiga.
Cuando prestaba servicios en Radio Hogar, en una ocasión se rompió la uña de plástico de una grabadora recién estrenada y le pregunté al que estaba de turno qué había pasado, y me contestó: "Fatiga del material". Sea verdad o no, las cosas materiales se fatigan y los panameños nos hemos fatigado con una campaña política tan larga en la que se ha hablado de todo o casi todo y se han dado respuestas teóricas a cuanta duda se ha presentado en los distintos cónclaves en los que se han presentado los ilustres candidatos. No ha habido problema que no haya encontrado una respuesta y por lo demás aceptable.
El problema se acerca y es cómo se va a convertir tanta respuesta en realidad. Tal y como sucedió hace cinco años en que esperábamos bellezas, el traspaso del Canal, el centenario de la República y desafortunadamente nos ha tocado vivir de todo lo bueno, lo malo y lo feo. Nos hemos sentido frustrados, estafados. Las cosas no sucedieron como se nos dijo. Los eventos se sucedieron inesperadamente y ahí estamos de nuevo en el ejercicio ciudadano de escoger y discernir libremente . Y como éste supone reflexión y estudio, optamos por la ley de menor esfuerzo: votaré por el que me pidió el voto, por fulano porque se lo prometí, por venganza. Aunque después estemos cinco años quejándonos de la mala decisión y con letreros: "Yo no voté por él, ni por ella, ni por ellos, ni por ellas".
Vivimos de la esperanza. La gran esperanza de muchos es la lotería que casi nunca se la ganan, y en la compra de billetes y otras variedades se descuadra el presupuesto. Y seguimos esperando domingo a domingo. Nuestra esperanza es grande y ojalá nunca la perdamos, no importa lo que suceda. "Yo tengo fe en que todo cambiará", dice un himno de iglesia, "que triunfará por siempre el amor, yo tengo fe que siempre brillará la luz de la esperanza que no se acabará jamás".
Leo en el capítulo de San Lucas 24 el pasaje de los discípulos de Meaux. En líneas generales: dos seguidores de Jesús. Aparentemente admiradores y sobre todo muy imbuidos del mesianismo politiquero que veían en Jesús un potencial libertador. Un liberador de todas las esclavitudes a las que estaban sometidos por los invasores romanos. No habían entendido el mesianismo de Jesús que era distinto. En realidad, afirman algunos que la humanidad, a pesar de que los católicos y cristianos afirmamos que el Mesías es Jesús de Nazareth, el Cristo, aún están esperando cada uno su mesías particular, es decir su Simón Bolívar, su San Martín, su Napoleón, o cualquiera de estos grandes generales que han arrastrado a multitudes. Pero esos mesías no son perfectos y terminan muriéndose y dejando las cosas a medio hacer. Hoy esperamos un Libertador, uno que componga los entuertos, que provea de todo lo que necesita el país.
¿Cómo resolver el problema de los damnificados? Hemos hablado sobre la pobreza y descubrimos que el tema cada vez se vuelve más difícil. La casa que se quemó estaba condenada, pero en ella vivían 20 familias, algunas tenían más de 50 años de vivir allí. Ahora exigen que el gobierno reconstruya la vivienda y que no se la habilite nueva en el mismo sitio. ¿Cómo? La casa tenía casi cien años y, según un carpintero, no se podía clavar un clavo porque la madera no daba más. Hay que hacer algo, pero cómo para que la gente quede contenta. No hay fórmula ni propuesta que valga. "Nosotros esperábamos" todos esperamos y debemos seguir esperando, pero no en palabras sino en lo que podamos hacer con lo que Dios nos ha dado. Las elecciones y su fanfarria pasarán, mas nuestras esperanzas hay que ponerlas en algo más sólido. Jesús reprendió la ingenuidad de sus discípulos frustrados. Y les repitió que El, el Mesías, tendría que sufrir y morir y así entrar en la gloria. Post crucem lucem, (después de la cruz, la luz).

101 años de Panamá América

 
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