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Nosotros, la izquierda ingenua y ellos, la arbitraria


Marx sentenciaba en su libro “El 18 brumario de Luis Bonaparte” que las revoluciones en vez de destruir al aparato, lo han perfeccionado. Hasta los más apasionados sufren los tumbos del pesimismo. Hoy, considerado como uno de los padres de los movimientos reinvindicativos a nivel mundial, su afirmación es moraleja para una nueva generación de luchadores pero, de igual forma, es corolario para muchos movimientos que han justificando su arbitrariedad tras “buenas intenciones...”
Las razones son evidentes. En Panamá hay dos izquierdas: la ingenua y la arbitraria, esta última en vez de evolucionar, se ha quedado anquilosada en tiempos pretéritos, libros antiguos y trágicas consignas. Por otra parte, la ingenua, aplastada por la ferocidad de la arbitraria, no le queda más que ser fiel al proverbio de Bolívar y emigrar cuando ve los mismos cuadros conspirando las mismas estrategias que sólo ganan simpatías de los toletes. Dirán los más indignados, que los movimientos sociales cuando cierran filas, paran al país. ¿Y eso para qué sirve? Hay un largo trecho entre parar un país a raíz de un desorden pandillesco y proponer, discutir, debatir con altura y seriedad. Por eso nos hemos quedado atrás. Mientras los más faustos del movimiento popular salen en televisión haciendo gala de su oratoria de barricada, achacándole todos nuestros males a esa repetida, difusa y hasta demagógica respuesta llamada “neoliberalismo” y lo que es peor, haciendo apología de la “heroica” defensa de Cuba y Venezuela ante las fauces de los intereses del Norte, en los demás gremios (en especial, los de derecha) hay un nivel de discusión y debate que no sería mala idea seguir de cerca y por qué no, imitar. Todo intento de darle sólida academia a los planteamientos vertidos por parte de algún gremio con tendencias izquierdistas es atacado, no por la derecha panameña, vale destacar, sino por la apatía de la misma izquierda nacional.
Es más, vale la pena analizar si en Panamá, en realidad, existe algún movimiento con tendencias izquierdistas. Si miramos en la televisión identificamos izquierda con sindicatos. Pero al ver con mayor detalle, debemos afirmar que han sido los sindicatos quienes han destruido el movimiento en el país con un infantilismo doctrinal que logran tapar con la oratoria de carpa de sus dirigentes. Sin embargo, no todos los sindicatos están cuadrados con el movimiento social; hay divergencias entre los diversos gremios. Mientras unos se encuentran alineados con la Iglesia católica y otros con las gremios extranjeros como la AFL-CIO, hay otros que, si bien no son federaciones o confederaciones sindicales, tienen mucho músculo para negociar.
El ejemplo clásico es el SUNTRACS. El sindicato industrial de los trabajadores de la construcción, dada su constitución, es de gran peso en nuestro país. No obstante, gran parte de su dirigencia sufre de un caso terminal de egolatría, comparable quizás con la del candidato presidencial Ricardo Martinelli. El SUNTRACS, con la ayuda de ciertos elementos del Movimiento de Liberación Nacional, un grupo que acuerpa a otros sectores izquierdistas, tiene el mal karma de fregar (y perdonen la palabra) cualquier iniciativa que pueda tener proyección nacional. ¿La razón? Desea tomar la vanguardia del movimiento, monopolizar su dirigencia y su publicidad. Y empieza el desfile de dirigentes, marchas y demás actos que, al final de cuentas, se apagan, tal como ocurrió con toda la debacle de la Caja de Seguro Social, la cual quedará privatizada con los amarres de un oprobioso contrato en desmedro de los intereses populares. En vez de combatir a los adversarios con ideas, el movimiento popular insiste en sus marchas hacia al olvido, como todo lo que empiezan. Y entretanto, el panameño promedio caminando entre el fuego cruzado de perdigones y de piedras.
Para finalizar, deseo poner en contexto mis afirmaciones. No escribo esto con intenciones destructivas, lo hago con el ánimo de incitar alguna reacción por parte del movimiento social. La izquierda en Panamá precisa cambiar el rumbo de sus planteamientos hacia derroteros más democráticos y participativos. Ya es hora de un cambio, porque a eso se reduce la izquierda: a no tenerle miedo a un cambio a lo mejor... y no para lo peor.

101 años de Panamá América

 
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