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Nosotros los pobres, ustedes los ricos


Un acontecimiento sin precedentes que estremeció el planeta se produjo en los días finales del primer enero del siglo. Mientras que en los nevados Alpes en la ciudad de Davos, se congregaban, como lo hacen anualmente desde 1971, los sumos sacerdotes de las grandes finanzas en el llamado Foro Económico Mundial, en la ciudad brasileña de Porto Alegre los representantes del mundo pobre realizaban una reunión sobre el mismo tema, pero en dirección contraria, el Foro Social Mundial.
En Davos, los millonarios y sus teóricos repiten en sus discursos sobre las ventajas de su "verdad única", el desplazamiento de Estado y su nuevo rol facilitador, la integración de los mercados globales y su autoregulación, en fin, un proceso concentrador del poder que sólo logra permear beneficios a las esferas financieras, las empresas multinacionales, las mafias internacionales, un sector de la ONG; así como la mano de obra altamente calificada. Sobre este tema, las Naciones Unidas ha señalado que mientras la integración global avanza a gran velocidad y con alcance asombroso, la mayoría del mundo no participa en esos beneficios: "El proceso concentra aún más el poder y margina a los pobres".
Mientras tanto en Porto Alegre, en el Foro Social Mundial, no habían presidentes, ni banqueros, ni grandes inversionistas. Se reunían allí intelectuales, universitarios, religiosos, organizaciones cristianas, trabajadores, campesinos, organizaciones populares, juveniles, femeninas, es decir, los pobres. Ellos hicieron de Porto Alegre el polo contrario de Davos, un poder intelectual paralelo y alternativo en busca de nuevas respuestas y propuestas.
Cerca de mil organizaciones de Europa y del continente americano cuestionaron el poder económico mundial que durante décadas han adoptado posiciones que afectan a centenares de millones de personas al margen de todo control democrático. Pero más que un ejercicio masivo de protesta, la cita de Porto Alegre produjo un espacio participativo de reflexión en busca de alternativas a los postulados que desde hace 30 años, en Davos, más de mil corporaciones multinacionales le imponen a los más de 6 mil millones de seres humanos que habitan la Tierra.
Pero también en Davos hubo posiciones adversas. La Dra. Vandana Shiva, de la India, directora de la Fundación para la Ciencia, la Tecnología y la Ecología, quien frente al asombro de muchos dijo: "O bien la globalización cambia, o el sistema actual nos llevará a tener estados cada vez más policiales para proteger a los beneficiados y detener a los excluidos".
En Porto Alegre se reunieron 2,800 participantes oficiales y tuvieron como sede la Pontificia Universidad Católica, mientras que otros 10 mil participantes se insertaban en la programación alternativa. Uno de esos asistentes hizo una simple comparación: "Mientras en Davos los ricos debaten cómo pueden hacerse más ricos, nosotros en Porto Alegre, hemos empezado a buscar alternativas para que los pobres no se hagan más pobres, que es lo mismo que decir luchar contra la muerte".
El Foro de los pobres, como algunos medios lo calificaron, trató temas como la reproducción social y la producción de riquezas, en busca de nuevos parámetros de comercio internacional, un sistema financiero capaz de asegurar la igualdad de los pueblos y el desarrollo de las naciones, así como garantizar las múltiples funciones de la Tierra.
También se trató sobre el acceso a las riquezas y la sustentabilidad, en donde debatieron cómo el desarrollo científico puede traducirse en desarrollo humano, el carácter público de los bienes comunes a la humanidad y su desmercantilización, el control social sobre el medio ambiente, la universalización de los derechos humanos y la distribución de las riquezas, así como la edificación de ciudades sustentables.
El Foro de Porto Alegre también trató el papel de la sociedad civil, estableciendo los límites y posibilidades de la ciudadanía planetaria, el aseguramiento del derecho a la información y a la democratización de los medios de comunicación masivos, la preservación de las entidades culturales y la protección de la creación artística.
El poder político y la ética de una nueva sociedad fue otro de los ejes tratados en el Foro Social Mundial. El énfasis recae sobre los fundamentos de la democracia y de un nuevo poder al servicio de todos, sin excepción. La democratización del poder mundial, el futuro de los estados-naciones y la mediación de los conflictos para la construcción de una paz duradera.
Enero marcó para los que habitamos este planeta un nuevo escenario del debate económico-político y social. Davos dejó de ser la única tarima mundial desde donde durante 30 años el poder económico interpretó y promovió la canción del "pensamiento único". Porto Alegre encendió sus primeras luces y los espectadores, los pobres del mundo, pasaron a ser protagonistas que, desde la más amplia diversidad del pensamiento, entonan nuevas canciones para un mundo que aún es posible y sobre todo más humano.

101 años de Panamá América

 
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