Novedosa violencia
La violencia en la televisión, las películas de moda, los vídeo juegos a nivel mundial están creando generaciones de asesinos en potencia. Los niños y jóvenes están expuestos a desquiciantes niveles de violencia tanto en la televisión y en la última novedad que es Internet, creando en ellos la insensibilidad ante el sufrimiento, la crueldad y la muerte.
El accesar con facilidad a este mundo de antivalores hacen que la crueldad manifiesta en estos juegos electrónicos sea un entretenimiento; que la pornografía y los juegos sexuales de un sadismo depravante sean vistos como algo natural; todo ello al final crea una conciencia de total insensibilidad. Según las estadísticas, en Estados Unidos los niños y jóvenes pasan un promedio de 28 horas a la semana viendo la televisión y de 2 a 3 horas diarias adicionales navegando por Internet en busca de "novedades excitantes".
Lo peligroso de esta situación es que los niños que ven mucha violencia, al final pueden verlo como la alternativa o fórmula eficaz para la solución de sus conflictos, de ganar un espacio en la sociedad, por ende, ser aceptados, respetados y que ello es una conducta aceptable. Si bien es cierto que los delitos violentos y los asesinatos son productos de la descomposición y desintegración familiar, de la explotación, abuso y maltrato a los niños, las drogas, la pobreza, el alcohol, la disponibilidad de armas, las pandillas; no es menos cierto que si sumamos todos estos factores existentes a la violencia en los órganos de difusión -la televisión, las películas de "acción", los vídeo juegos y el Internet- el resultado es una explosión de delitos violentos que ya padecen las sociedades de gran parte de países del orbe.
En el caso particular de los vídeo juegos violentos, han llegado a un nuevo extremo, ya que son simuladores, así como hay simuladores de vuelo para aprender a volar; hay en estos juegos electrónicos simuladores de asesinatos, cuyo único valor social es que enseñan a asesinar. Estos vídeo juegos son simuladores de homicidios y no sólo lo son, sino que simulan homicidios en masa, porque el niño o el joven gana puntos por cada muerto que logre, practica y practica para matar a cualquier ser vivo que se le ponga enfrente, hasta que se acaben los blancos o se le acaben las balas. Esta lamentable situación ya se ha traducido en trágica realidad en varias escuelas de Estados Unidos con su secuela de muerte, luto y dolor entre los estudiantes, y esta violencia enseñada también está entronizada en las escuelas en Panamá.
Y es que precisamente la médula de esta novedosa violencia está en la mente peculiarmente pervertida de los perpetradores, o dicho de otra manera: es el resultado de lo que la sociedad de la información le está haciendo a las mentes de las nuevas generaciones, asesinando sus mentes.
La aterrante característica es que nos enfrentamos con una sociedad que se ha vuelto deshumanizada, que no era característica en ella en ninguna época anterior, salvo en épocas pretéritas de la historia de la humanidad, que creíamos y superadas. Este proceso se ha desarrollado esencialmente en los pasados 35 años, de los cuales se ha convertido en agudo problema desde hace 18 años. Esta nueva forma de violencia es parte de la demencia de la sociedad de la información y es también síntoma de una sociedad enferma... moralmente enferma, que tiende a hundirse cada vez más.
Creemos que los componentes que contribuyen fundamentalmente a que esta situación se agrave son los padres de familia que no atienden, educan correctamente ni conceden el suficiente amor a sus hijos; y el sistema educativo (con sus excepciones honrosas) con una creciente producción de docentes deficientes, mal preparados, que a su vez deforman a las generaciones confiadas a su cuidado para formarlos. Indudablemente el meollo de todo radica en el núcleo familiar... de allí parte todo el problema.
Es imprescindible reflexionar sobre la forma en que se han estado haciendo las cosas, al tolerar todas estas situaciones que son una epidemia de salud pública alimentada por una serie de factores, pero sobre todo por la indiferencia, apatía y resignación de los cabezas de familia: ¡Los padres! que cada vez tienen menos tiempo para sus hijos, los cuales pasan la mayor parte del día y de la noche, solos, con empleadas o personas que no pueden reemplazar ese calor y atención que sólo los padres son capaces de dar. La excusa valedera es el ritmo acelerado de la vida moderna, los empleos, las múltiples responsabilidades, los compromisos sociales, etc.
El accesar con facilidad a este mundo de antivalores hacen que la crueldad manifiesta en estos juegos electrónicos sea un entretenimiento; que la pornografía y los juegos sexuales de un sadismo depravante sean vistos como algo natural; todo ello al final crea una conciencia de total insensibilidad. Según las estadísticas, en Estados Unidos los niños y jóvenes pasan un promedio de 28 horas a la semana viendo la televisión y de 2 a 3 horas diarias adicionales navegando por Internet en busca de "novedades excitantes".
Lo peligroso de esta situación es que los niños que ven mucha violencia, al final pueden verlo como la alternativa o fórmula eficaz para la solución de sus conflictos, de ganar un espacio en la sociedad, por ende, ser aceptados, respetados y que ello es una conducta aceptable. Si bien es cierto que los delitos violentos y los asesinatos son productos de la descomposición y desintegración familiar, de la explotación, abuso y maltrato a los niños, las drogas, la pobreza, el alcohol, la disponibilidad de armas, las pandillas; no es menos cierto que si sumamos todos estos factores existentes a la violencia en los órganos de difusión -la televisión, las películas de "acción", los vídeo juegos y el Internet- el resultado es una explosión de delitos violentos que ya padecen las sociedades de gran parte de países del orbe.
En el caso particular de los vídeo juegos violentos, han llegado a un nuevo extremo, ya que son simuladores, así como hay simuladores de vuelo para aprender a volar; hay en estos juegos electrónicos simuladores de asesinatos, cuyo único valor social es que enseñan a asesinar. Estos vídeo juegos son simuladores de homicidios y no sólo lo son, sino que simulan homicidios en masa, porque el niño o el joven gana puntos por cada muerto que logre, practica y practica para matar a cualquier ser vivo que se le ponga enfrente, hasta que se acaben los blancos o se le acaben las balas. Esta lamentable situación ya se ha traducido en trágica realidad en varias escuelas de Estados Unidos con su secuela de muerte, luto y dolor entre los estudiantes, y esta violencia enseñada también está entronizada en las escuelas en Panamá.
Y es que precisamente la médula de esta novedosa violencia está en la mente peculiarmente pervertida de los perpetradores, o dicho de otra manera: es el resultado de lo que la sociedad de la información le está haciendo a las mentes de las nuevas generaciones, asesinando sus mentes.
La aterrante característica es que nos enfrentamos con una sociedad que se ha vuelto deshumanizada, que no era característica en ella en ninguna época anterior, salvo en épocas pretéritas de la historia de la humanidad, que creíamos y superadas. Este proceso se ha desarrollado esencialmente en los pasados 35 años, de los cuales se ha convertido en agudo problema desde hace 18 años. Esta nueva forma de violencia es parte de la demencia de la sociedad de la información y es también síntoma de una sociedad enferma... moralmente enferma, que tiende a hundirse cada vez más.
Creemos que los componentes que contribuyen fundamentalmente a que esta situación se agrave son los padres de familia que no atienden, educan correctamente ni conceden el suficiente amor a sus hijos; y el sistema educativo (con sus excepciones honrosas) con una creciente producción de docentes deficientes, mal preparados, que a su vez deforman a las generaciones confiadas a su cuidado para formarlos. Indudablemente el meollo de todo radica en el núcleo familiar... de allí parte todo el problema.
Es imprescindible reflexionar sobre la forma en que se han estado haciendo las cosas, al tolerar todas estas situaciones que son una epidemia de salud pública alimentada por una serie de factores, pero sobre todo por la indiferencia, apatía y resignación de los cabezas de familia: ¡Los padres! que cada vez tienen menos tiempo para sus hijos, los cuales pasan la mayor parte del día y de la noche, solos, con empleadas o personas que no pueden reemplazar ese calor y atención que sólo los padres son capaces de dar. La excusa valedera es el ritmo acelerado de la vida moderna, los empleos, las múltiples responsabilidades, los compromisos sociales, etc.