Nuestra enseña patria
La bandera panameña es símbolo de paz. Tal y como la diseñó Manuel E. Amador y la cosió Doña María Ossa de Amador, simboliza la paz entre las dos corrientes políticas que meses antes habían concluido otra guerra civil colombiana, la "Guerra de los Mil Días". En la enseña patria, liberales y conservadores, representados por los colores rojo y azul, respectivamente, se unen rodeados de dos campos blancos que simbolizan la paz y la reconciliación entre los panameños.
Aún los istmeños no terminaban de llorar a sus muertos cuando los líderes de ambos bandos comprendieron que debían escapar de los ciclos de violencia que sacudían a Colombia, y que lamentablemente cien años después no han cesado de derramar la sangre de ese noble pueblo, y construir juntos un nuevo destino. No hubo olvido, hubo grandeza, al unir ambos pendones en una sola bandera nacional.
La enseña tricolor representa una visión común, guiada por sendas estrellas que suben hasta perderse en el azul al flamear orgullosa cobijando con su sombra a los nobles hijos de esta tierra bendita por la tolerancia y la paz. O como diría Miró en la estrofa final de su poesía Patria:
¡Oh Patria tan pequeña que cabes toda entera debajo de la sombra de nuestro pabellón quizás fuiste tan chica para que yo pudiera, llevarte por doquiera dentro del corazón.
Hoy celebramos cien años de la fecha en que por primera vez los istmeños enarbolaron su enseña patria para que cubriera con sus bendiciones la tierra istmeña. Hoy celebramos una centuria de vibrar de emoción cada vez que observamos el tricolor y las estrellas desafiar al viento y al tiempo diciendo con su incansable danza colorida: ¡Viva Panamá!
El poder ciudadano radica en la participación, en el compromiso. Otro mundo es posible si los gobiernos saben que, a partir de ahora, sus funciones no deben desempeñarse para los ciudadanos, sino con los ciudadanos. Es un principio insoslayable de la democracia genuina.
La sociedad civil debe descubrir su poder.
*Presidente de la Fundacíón para una Cultura de Paz
(ccs@tsai.es)
Aún los istmeños no terminaban de llorar a sus muertos cuando los líderes de ambos bandos comprendieron que debían escapar de los ciclos de violencia que sacudían a Colombia, y que lamentablemente cien años después no han cesado de derramar la sangre de ese noble pueblo, y construir juntos un nuevo destino. No hubo olvido, hubo grandeza, al unir ambos pendones en una sola bandera nacional.
La enseña tricolor representa una visión común, guiada por sendas estrellas que suben hasta perderse en el azul al flamear orgullosa cobijando con su sombra a los nobles hijos de esta tierra bendita por la tolerancia y la paz. O como diría Miró en la estrofa final de su poesía Patria:
¡Oh Patria tan pequeña que cabes toda entera debajo de la sombra de nuestro pabellón quizás fuiste tan chica para que yo pudiera, llevarte por doquiera dentro del corazón.
Hoy celebramos cien años de la fecha en que por primera vez los istmeños enarbolaron su enseña patria para que cubriera con sus bendiciones la tierra istmeña. Hoy celebramos una centuria de vibrar de emoción cada vez que observamos el tricolor y las estrellas desafiar al viento y al tiempo diciendo con su incansable danza colorida: ¡Viva Panamá!
El poder ciudadano radica en la participación, en el compromiso. Otro mundo es posible si los gobiernos saben que, a partir de ahora, sus funciones no deben desempeñarse para los ciudadanos, sino con los ciudadanos. Es un principio insoslayable de la democracia genuina.
La sociedad civil debe descubrir su poder.
*Presidente de la Fundacíón para una Cultura de Paz
(ccs@tsai.es)