Nuestra neutralidad como problema
Atados a la neutralidad norteamericana del Canal desde 1914, tuvimos que declararle la guerra a Alemania en 1918 y después en 1941 al país hitlerista y sus aliados. Esas declaraciones bélicas tenían el objeto de facilitar a Estados Unidos ciertas medidas, como la defensa de los barcos mercantes, de propiedad de empresas extranjeras (muchas de Estados Unidos), abanderados en Panamá, que necesitaban de permiso nacional para usar cañones y demás armas, contra los submarinos alemanes. A más de otros actos, como la cancelación de patentes de invención y marcas de fábrica, de propiedad de los comerciantes de los países de la trilogía Berlín, Roma y Tokio, propiedades que poco después fueron registradas por "propietarios" panameños en el Ministerio de Comercio.
El Canal estadinense (un vocablo "arcaico", muy usado en Colombia y en Panamá, durante el siglo XIX, y por panameños como Oscar Terán y Diógenes de la Rosa y otros escritores, término que nos tomamos la licencia de utilizar por su ventaja eufónica sobre el gentilicio "estadounidense" muy cacofónico) nos creó problemas, con su neutralidad "made in USA".
Pero nadie, ni aquí, ni en el extranjero, creyó en esa "neutralidad panameña" y la prueba fue que al comienzo de la segunda guerra mundial, algunos submarinos alemanes hundieron barcos relativamente cerca de Colón, pero sin mayor peligro para el Canal ni para nosotros.
En 1977, los norteamericanos nos dejaron sin neutralidad y otras paradojas en el Tratado de Neutralidad del Canal, vigente en Panamá, sin año de terminación. Ese Tratado dice que la intervención que autoriza en el territorio panameño, no es una intervención en los asuntos internos de Panamá. Una intervención es siempre una intervención, por más que intentemos cubrirla con la hoja de parra utilizada en el Tratado de Neutralidad de 1977. El problema se deriva de que la soberanía de una nación debe comenzar a respetarla el mismo país que la pregona, precisamente porque ello es lo propio de un país soberano.
El atributo de la soberanía debe ser entendido como la mejor defensa de un país pequeño y débil, como Panamá, que no puede tener un ejército que lo defienda, porque carece de los recursos económicos indispensables para ello. No obstante, Panamá declaró en su Constitución que nuestro país "no tendrá ejército" (artículo 305). Esa soberanía panameña se traduce, como contrapartida, en la neutralidad estricta de nuestra parte, porque al menos así, de antemano, nos declaramos imparciales, neutrales, en cualquier conflicto bélico, pues si no tenemos, ni debemos, ni podemos tener un ejército, lo procedente es institucionalizar nuestra neutralidad, en todo el territorio nacional (y no la falsa "neutralidad" del Canal); es decir, convertirla en un sistema jurídico, y solicitar de las Naciones Unidas que proponga a todos los países del mundo la aceptación y garantía de nuestra neutralización.
Ningún país del mundo ha renunciado a su soberanía. Casi todos la consagran en su Constitución, porque todavía la humanidad de hoy necesita adherir formalmente a principios del Derecho Internacional, y respetarlos prácticamente, como el de la Neutralidad, el de la Soberanía, etc. En estas últimas semanas, varios panameños han declarado públicamente, en periódicos, que todo nuestro territorio, incluyendo el Canal, desde luego, pues aquí no hay necesidad de individualizarlo, debe ser declarado neutral. Otros han expresado que conviene seguir cuando antes los ejemplos de países como Suiza, Austria y otros, que han declarado su neutralidad integral y absoluta, pidiendo el respeto que propicia el Derecho Internacional, y el apoyo de las Naciones Unidas.
Gobiernos panameños, en todo el siglo XX, y algunos conciudadanos, no comprendieron la conveniencia y la necesidad de que robustezcamos y reafirmemos nuestra soberanía y nuestra neutralidad, que deben ser absolutas, sin restricciones, sin renuncias. No fueron conscientes de esa necesidad y conveniencia, que el honor nacional reclama. Muy por el contrario, han proclamado su debilidad frente a los Estados Unidos, "cooperando con esa potencia militar", al firmar convenios afrentosos, viciados por su inconstitucionalidad, sólo con el pretexto del narcotráfico y el terrorismo. Convenios que contradicen la soberanía y la neutralidad panameñas, y que reniegan de los sacrificios de nacionales que tienen la categoría de verdaderos mártires, porque sacrificaron sus vidas para que pudiéramos recibir el Canal en plena soberanía, como ocurrió el 31 de diciembre de 1999.
Nuestra Patria panameña exige y espera esa adhesión de todos los panameños, sin excepciones desdorosas, injustificadas y antinacionales. Tal sería el mejor homenaje a la efeméride del Centenario, que todos estamos pregonando tanto que debemos celebrar, y que en verdad demanda y espera de todo panameño el mínimo gesto patriótico de ser conscientes, como pueblo pequeño y débil, de cuán necesario es respetar, nosotros mismos, nuestra soberanía y declarar jurídicamente, por nosotros mismos, nuestra neutralidad ante las Naciones Unidas, que son los únicos escudos que debemos y podemos utilizar frente a unas potencias militares que sólo quieren que nos subamos a su carro de guerra, contra las naciones débiles, a pretexto subalterno del narcotráfico y del terrorismo.
Hakki destacó como Sadam ha colocado misiles sobre techos de hospitales, escuelas y en barrios residenciales para confundir a las tropas de coalición para que cuando éstas los detecten y traten de eliminarlos, maten a inocentes civiles y queden frente al mundo como los causantes de más muertes inocentes.
Y existe alguna figura de liderazgo que representará al pueblo iraquí cuando Sadam ya no esté más en el poder? La represión ha sido tan brutal por parte de Sadam que figuras como ésta han sido eliminadas, indicó a El Panamá América, Ahmad Dhia, ingeniero iraquí presente durante la conferencia de prensa ofrecida por Wolfowitz. Dhia añadió que 34 abogados ya se han reunido y creado una nueva constitución que será llevada a votación popular al igual que irán a elecciones libres cuando llegue el momento de hacerlo para escoger al líder que gobernará Irak cuando esta guerra termine.
El Canal estadinense (un vocablo "arcaico", muy usado en Colombia y en Panamá, durante el siglo XIX, y por panameños como Oscar Terán y Diógenes de la Rosa y otros escritores, término que nos tomamos la licencia de utilizar por su ventaja eufónica sobre el gentilicio "estadounidense" muy cacofónico) nos creó problemas, con su neutralidad "made in USA".
Pero nadie, ni aquí, ni en el extranjero, creyó en esa "neutralidad panameña" y la prueba fue que al comienzo de la segunda guerra mundial, algunos submarinos alemanes hundieron barcos relativamente cerca de Colón, pero sin mayor peligro para el Canal ni para nosotros.
En 1977, los norteamericanos nos dejaron sin neutralidad y otras paradojas en el Tratado de Neutralidad del Canal, vigente en Panamá, sin año de terminación. Ese Tratado dice que la intervención que autoriza en el territorio panameño, no es una intervención en los asuntos internos de Panamá. Una intervención es siempre una intervención, por más que intentemos cubrirla con la hoja de parra utilizada en el Tratado de Neutralidad de 1977. El problema se deriva de que la soberanía de una nación debe comenzar a respetarla el mismo país que la pregona, precisamente porque ello es lo propio de un país soberano.
El atributo de la soberanía debe ser entendido como la mejor defensa de un país pequeño y débil, como Panamá, que no puede tener un ejército que lo defienda, porque carece de los recursos económicos indispensables para ello. No obstante, Panamá declaró en su Constitución que nuestro país "no tendrá ejército" (artículo 305). Esa soberanía panameña se traduce, como contrapartida, en la neutralidad estricta de nuestra parte, porque al menos así, de antemano, nos declaramos imparciales, neutrales, en cualquier conflicto bélico, pues si no tenemos, ni debemos, ni podemos tener un ejército, lo procedente es institucionalizar nuestra neutralidad, en todo el territorio nacional (y no la falsa "neutralidad" del Canal); es decir, convertirla en un sistema jurídico, y solicitar de las Naciones Unidas que proponga a todos los países del mundo la aceptación y garantía de nuestra neutralización.
Ningún país del mundo ha renunciado a su soberanía. Casi todos la consagran en su Constitución, porque todavía la humanidad de hoy necesita adherir formalmente a principios del Derecho Internacional, y respetarlos prácticamente, como el de la Neutralidad, el de la Soberanía, etc. En estas últimas semanas, varios panameños han declarado públicamente, en periódicos, que todo nuestro territorio, incluyendo el Canal, desde luego, pues aquí no hay necesidad de individualizarlo, debe ser declarado neutral. Otros han expresado que conviene seguir cuando antes los ejemplos de países como Suiza, Austria y otros, que han declarado su neutralidad integral y absoluta, pidiendo el respeto que propicia el Derecho Internacional, y el apoyo de las Naciones Unidas.
Gobiernos panameños, en todo el siglo XX, y algunos conciudadanos, no comprendieron la conveniencia y la necesidad de que robustezcamos y reafirmemos nuestra soberanía y nuestra neutralidad, que deben ser absolutas, sin restricciones, sin renuncias. No fueron conscientes de esa necesidad y conveniencia, que el honor nacional reclama. Muy por el contrario, han proclamado su debilidad frente a los Estados Unidos, "cooperando con esa potencia militar", al firmar convenios afrentosos, viciados por su inconstitucionalidad, sólo con el pretexto del narcotráfico y el terrorismo. Convenios que contradicen la soberanía y la neutralidad panameñas, y que reniegan de los sacrificios de nacionales que tienen la categoría de verdaderos mártires, porque sacrificaron sus vidas para que pudiéramos recibir el Canal en plena soberanía, como ocurrió el 31 de diciembre de 1999.
Nuestra Patria panameña exige y espera esa adhesión de todos los panameños, sin excepciones desdorosas, injustificadas y antinacionales. Tal sería el mejor homenaje a la efeméride del Centenario, que todos estamos pregonando tanto que debemos celebrar, y que en verdad demanda y espera de todo panameño el mínimo gesto patriótico de ser conscientes, como pueblo pequeño y débil, de cuán necesario es respetar, nosotros mismos, nuestra soberanía y declarar jurídicamente, por nosotros mismos, nuestra neutralidad ante las Naciones Unidas, que son los únicos escudos que debemos y podemos utilizar frente a unas potencias militares que sólo quieren que nos subamos a su carro de guerra, contra las naciones débiles, a pretexto subalterno del narcotráfico y del terrorismo.
Hakki destacó como Sadam ha colocado misiles sobre techos de hospitales, escuelas y en barrios residenciales para confundir a las tropas de coalición para que cuando éstas los detecten y traten de eliminarlos, maten a inocentes civiles y queden frente al mundo como los causantes de más muertes inocentes.
Y existe alguna figura de liderazgo que representará al pueblo iraquí cuando Sadam ya no esté más en el poder? La represión ha sido tan brutal por parte de Sadam que figuras como ésta han sido eliminadas, indicó a El Panamá América, Ahmad Dhia, ingeniero iraquí presente durante la conferencia de prensa ofrecida por Wolfowitz. Dhia añadió que 34 abogados ya se han reunido y creado una nueva constitución que será llevada a votación popular al igual que irán a elecciones libres cuando llegue el momento de hacerlo para escoger al líder que gobernará Irak cuando esta guerra termine.