default

Nuestra política exterior




Sociólogo, comunicador

A tientas, buscando una definición y sometida a presiones e incertidumbres propias de un siglo y una época histórica superadas, nuestra política exterior se debate por encontrarse a sí misma, en un proceso similar al que tuvieron que enfrentar los próceres a principios del siglo XX cuando se arrojaron a un futuro incierto al crear un Estado y fundar una República. Sin embargo, el paralelo sólo es virtual. En 1903, Panamá pasó a ser una semi colonia de Colombia a un protectorado de Washington. Hoy por el contrario, en un nuevo mundo donde desaparece poco a poco el concepto de nacionalismo y soberanía nacional, somos en teoría, libres e independientes. Esta ilusión es agravada por el hecho de que nuestra clase dirigente, durante toda la primera mitad del siglo XX, tenía un profundo conocimiento de la historia y del uso de ella en la toma de decisiones, y hoy en día, "contrario sensu" todo indica que, independientemente del grupo político, existe un desconocimiento casi absoluto de las lecciones contenidas en el "disco duro" de nuestro pasado, y por lo tanto, se torna difícil programar cualquier acción coherente para enfrentar el presente y el futuro.
En 1994 asumió el poder un gobierno cuya política exterior estuvo determinada por el proyecto personal de instaurar en Panamá una democracia autoritaria tipo Fujimori, y que aspiraba a contar para este propósito, con el beneplácito del Departamento de Estado. A cambio de su apoyo, el gobierno americano recibiría un acuerdo para la permanencia de bases militares, similar al que se aplicó durante la Segunda Guerra Mundial, pero ahora bajo el eufemismo de "Centro Multilateral Antidrogas". Por torpeza en los equipos diplomáticos de ambos gobiernos, el trato fracasó. Por una parte, Washington pretendía seguir utilizando nuestro territorio sin pago alguno al tesoro nacional. Por otro lado, la política a mediano y largo plazo de los Estados Unidos es actualmente promover y fomentar la democracia como una forma de cultura y civilización global y combatir toda forma de autoritarismo y dictaduras. También el gobierno norteamericano exigía y exige, a veces de forma directa, otras veladas, actualizar el Tratado de Neutralidad para adecuarlo a la nueva realidad de la conclusión de la guerra fría y el nuevo fenómeno del crimen organizado globalizado y Panamá ha sido, es y será un área globalmente estratégica.
Mireya Moscoso asume la presidencia en septiembre de 1999 con una debilidad congénita: su partido político se fraccionó y gran parte de su elite intelectual y política integró una "tercera fuerza electoral", lo que a la postre ha debilitado su gobierno que asume responsabilidades en un período neurálgico. Vemos así que muchos de "los que mandan" actualmente son tránsfugas de pequeños partidos que se atomizaron en luchas intestinas y cuya experiencia y capacidad política y profesional son de niveles muy sumarios. De ahí en parte, la dificultad de diseñar y ejecutar políticas coherentes en diferentes ámbitos del quehacer público. La política exterior ha sido un constante improvisar en función de las coyunturas. Los elementos básicos han sido hasta ahora planteamientos de confrontación y conflicto con los Estados Unidos. Examinemos algunos elementos:
1. Exigencia "ipso facto" de la limpieza de los polígonos de tiro utilizados durante casi cien años de presencia militar norteamericana. Esto por su complejidad técnica, debió ser un tema bilateral de transición para la entrega del Canal durante la administración 94-99. La ejecución técnica de estos acuerdos toma años según las experiencias de trabajos de limpieza en campos minados en países como Camboya, Nicaragua, Afganistán. Para Panamá no es de urgencia absoluta, puesto que las áreas contaminadas están ubicadas en reservas de la cuenca hidrográfica del canal, que es deber de nuestro país mantenerlas como parques forestales para el abastecimiento de agua en la vía interoceánica y de agua potable al área metropolitana de Panamá y Colón. Llevarle este asunto a la Asamblea General de la ONU fue considerado hostil por la diplomacia de Washington.
2. La exigencia ante foros mundiales de que el Departamento de Estado convierta en un problema federal, la petición de unas cuantas señoras panameñas que tuvieron vástagos con norteamericanos acantonados en Panamá y que ahora aspiran a una pensión alimentaria. Es un tema delicado en el que fácilmente se cae en el ridículo, y que muy bien se pudo tratar en las instancias legales correspondientes con la discreción y dignidad adecuadas para nuestro país y nuestras mujeres.
3. La solicitud ante foros mundiales de que la Isla de Formosa vuelva a ser reconocida por las Naciones Unidas y que nuestra diplomacia siga ignorando la existencia de la República Popular China, nación que se perfila como la segunda potencia mundial y es en la actualidad uno de los principales socios comerciales de Panamá en el negocio del Canal.
4. Declarar a Panamá "neutral" en el conflicto colombiano, cuando estamos involucrados de hecho y de derecho. Además, por simple ética, el gobierno de cualquier país civilizado debe dar su apoyo para combatir el principal flagelo actual de la humanidad: el narcotráfico con su secuela de muerte, miseria, y la destrucción del futuro de millones de niños y jóvenes. Por otra parte, este conflicto difiere radicalmente del conflicto centroamericano, ya que con la caída de la Unión Soviética ha pasado de ser un problema estrictamente político a una disputa jurídico-penal entre el Estado colombiano y la multinacional del crimen organizado que amenaza su existencia misma, y no será hasta el año 2003 que entrará en vigor la Convención de las Naciones Unidas contra del Delito Organizado Transnacional.
Esta es una agenda de conflicto y confrontación con nuestro principal socio y aliado táctico y estratégico en virtud del concepto de neutralidad garantizada a perpetuidad por Washington por el Tratado de Neutralidad Permanente. Las naciones que se proclaman "neutrales" como Suiza, dicen no tener ejército; ellas son en realidad un ejército. Todo suizo obligatoriamente recibe entrenamiento militar y es un soldado al servicio de la defensa nacional. Otros países pequeños como Israel o Cuba utilizan la misma doctrina. En Panamá, esto sólo ha ocurrido durante la Guerra de Coto, cuando el presidente Porras organizó un contingente militar integrado por ciudadanos reclutados en la vida civil, para repeler con éxito una invasión extranjera. Sin embargo, en aquélla, comenzando por el general Belisario Porras, gran parte de los oficiales y el contingente habían sido combatientes en la Guerra de los Mil Días.
Las guerras modernas son conflictos relámpagos, en los cuales un Estado agrede a otro, ocupa la totalidad o parte de su territorio, y luego la burocracia y los políticos de los organismos internacionales pasa negociar por diez, veinte, treinta o más años la devolución de los territorios ocupados. Mientras tanto, la nación agredida su población se ve sometida a violaciones de los derechos humanos, recurrir al terrorismo y otras formas de lucha de los débiles o simplemente al exilio masivo. A veces da la impresión de que en Panamá nuestra política exterior la determina el minúsculo grupo de agitadores profesionales que hoy en día, al no contar con financiamiento del G-2 de la ex Fuerzas de Defensa, ni del bloque soviético, pueden haber sido infiltrados por el narcotrafico, cualquiera de los grupos insurgentes colombianos o los servicios de inteligencia de cualquier país o potencia extranjera para paralizar la economía de Panamá y abonar el terreno para una agresión extranjera.
En la actualidad, solamente el Ministerio de Gobierno y Justicia ha asumido una posición creativa, flexible y realista frente a los peligros en nuestras relaciones bilaterales con Colombia. De hecho y liderizado por Brasil, nación que ocupa una posición geopolítica dominante en América del Sur, se está conformando un grupo de naciones que tienen frontera común con Colombia y se ven afectadas por la guerra civil y el narcotráfico.
Mireya Moscoso debe tener la iniciativa y el valor de constituir de manera formal esa entidad de hecho, como "Grupo de Panamá" y en lugar de que sólo esté integrado por organismos de seguridad pública y de defensa, pase a ser un mecanismo regional para buscar una solución integral al problema colombiano, y en el cual tanto Estados Unidos como Colombia participarían con derecho a voz. De las decisiones creativas, reflexivas y basadas en un conocimiento real de las nuevas realidades mundiales y las soluciones beneficiosas a corto, mediano y largo plazo para Panamá y la región, depende quizás que un buen día nuestro pueblo no amanezca ocupado parcial o totalmente por un país extranjero.
Es necesario prevenir antes que lamentar. Genocidios como los de Ruanda, los Balcanes, Timor Oriental, Liberia y los que ocurren diariamente en la guerra civil colombiana nos enseñan que cuando la dirigencia política de un país no encuentra el Norte es un momento geopolítico e histórico preciso, su población se ve expuesta a una posible situación trágica. Panamá y los países limítrofes de Colombia no tendrán seguridad y paz mientras Colombia no tenga paz. La crueldad y la violación sistemática de los Derechos Humanos es una cultura, una forma de expresión de la incruenta guerra colombiana.


101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América