Nuestro banano
Dos arbitrajes sobre la fijación de impuestos de importación de nuestro banano no han bastado a algunos países de la Unión Europea que se mantienen intransigentes en el establecimiento de un impuesto para su introducción.
Va siendo hora de que las naciones de Latinoamérica resolvamos el problema. No todos losEstados de la Unión Europea son los que integran el grupo de la injusticia contra nosotros.
En virtud de que las relaciones internacionales operan a base de reciprocidad, convendría que representantes de nuestros países exportadores de la fruta lleven a cabo una reunión, y tomen medidas con la misma altanería con la que se nos está tratando. La pelea es peleando.
Sentémonos a considerar en qué proporción están nuestras importaciones de banano a las naciones que nos castigan, comparada con lo que a nosotros nos exportan. No es lo mismo fijarle impuestos a una tonelada de banano que no cuesta, ni remotamente, lo que un automóvil. Fijemos entonces las mismas tarifas que allá le imponen a nuestro banano a los automóviles que aquí nos envían ellos- De paso, solicitemos al resto de Latinoamérica que, en nombre de la hermandad, procure también establecer qué importa de los países de la Unión Europea y hagamos con ellos lo mismo que hacen con nosotros. En el peor de los casos, podríamos negociar con China, la que sería un tremendo mercado, que nos comprara el banano y es bastante probable que dichas negociaciones cristalicen.
Los señores de los recalcitrantes Estados de la Unión Europea que ahora nos agobian, deben tratar de comprender que nuestro hemisferio hoy en día es muy distinto del que encontró Cristóbal Colón hace seis siglos.
Va siendo hora de que las naciones de Latinoamérica resolvamos el problema. No todos losEstados de la Unión Europea son los que integran el grupo de la injusticia contra nosotros.
En virtud de que las relaciones internacionales operan a base de reciprocidad, convendría que representantes de nuestros países exportadores de la fruta lleven a cabo una reunión, y tomen medidas con la misma altanería con la que se nos está tratando. La pelea es peleando.
Sentémonos a considerar en qué proporción están nuestras importaciones de banano a las naciones que nos castigan, comparada con lo que a nosotros nos exportan. No es lo mismo fijarle impuestos a una tonelada de banano que no cuesta, ni remotamente, lo que un automóvil. Fijemos entonces las mismas tarifas que allá le imponen a nuestro banano a los automóviles que aquí nos envían ellos- De paso, solicitemos al resto de Latinoamérica que, en nombre de la hermandad, procure también establecer qué importa de los países de la Unión Europea y hagamos con ellos lo mismo que hacen con nosotros. En el peor de los casos, podríamos negociar con China, la que sería un tremendo mercado, que nos comprara el banano y es bastante probable que dichas negociaciones cristalicen.
Los señores de los recalcitrantes Estados de la Unión Europea que ahora nos agobian, deben tratar de comprender que nuestro hemisferio hoy en día es muy distinto del que encontró Cristóbal Colón hace seis siglos.