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Nuestro compromiso con la Madre Tierra


Las noticias cotidianas sobre las desertificaciones, el incremento clarísimo de la temperatura a nivel global, la desaparición de ecosistemas y extinción de especies, ya nos suenan como aquellos sermones reiterados que por un oído entran y, mientras tanto, por las calles resuenan los ruidos atroces de los motores en competencia con los no menos endiablados reguetones, unos y otros reparten las basuras a diestra y siniestra.

En la televisión nos disfrazan con la piel de programas sobre el campo, los festines bárbaros de humanos torturando animales como en el coleo, las riñas de gallos, las competencias de carreras con caballos dopados. En los hogares y en nuestros hoteles, hostales y pensiones se exhiben los animales exóticos sometidos al aislamiento del cautiverio hasta su muerte. No bastándole a los panameños con que los mercaderes del medio ambiente (venden la idea de vivir entre la naturaleza, cuando la destierran) hayan incrustado selvas de cemento en los bosques que hasta hace unos años mantenían la envidiable diversidad ecológica que causaba los mejores elogios por parte de todos los visitantes y en especial de los científicos, ahora recorren esas zonas a velocidades altas, como para no rebajarle la muerte a cuanto animalito se atreva aun a vivir por allí.

Y claro que nos falta enunciar muchísimos otros atentados contra la Tierra. No tenemos porqué esperar una hecatombe ambiental para comenzar a ocuparnos. Amemos el medio ambiente, no lo contaminemos, cuidamos los animales y las plantas, plantemos árboles, ahorremos el agua; todos queremos que nuestros descendientes disfruten también de la felicidad que otorga la belleza estética de la naturaleza de la Tierra, único planeta conocido que nos permite respirar aire puro, y que nos suministra la más sana y completa nutrición.

A nivel coercitivo tenemos que ya en Europa a partir del 2011 será obligatorio el Seguro por Daños Ecológicos. Pero, desde ya las energías alternativas (eólica, hidráulica, solar y las de combustibles de origen vegetal) están siendo el origen de múltiples opciones de inversión que han despertado intereses institucionales, según los expertos, por los altos precios del petróleo, por la inestabilidad geopolítica de donde se hallan sus principales yacimientos y por la necesidad de reducir las emisiones de CO2 para cumplir con los compromisos de mitigación.

Y aún más interesante para Panamá es el hecho de que el agua se irá constituyendo en uno de los recursos más demandados en los próximos 30 años, lo cual le convierte en un activo de inversión atractivo, según la Sociètè Genèrale, entidad francesa que acaba de lanzar cuatro “warrants” (opción de compra o de venta de un activo) sobre el índice Womax (World Water Index) que invierte en las 20 compañías de aguas más importantes. Es el “warrant” un instrumento que da al comprador el derecho, y no la obligación, a comprar o vender un número determinado de títulos sobre un activo a un precio fijado de antemano o precio de ejercicio, en la fecha pactada. Es del libre albedrío del comprador cumplir el negocio, dependiendo de la relación del precio de ejercicio y el precio de liquidación. Por lo general se liquida por diferencias, entregando al tenedor la diferencia entre ambos precios. El precio del warrant depende de distintos factores: el precio de mercado del subyacente, el precio de ejercicio del warrant, la volatilidad del subyacente, el tipo de interés sin riesgo o el tiempo que resta para el vencimiento.

Este negocio de aguas resulta tan importante que vale la pena, además, exponerle a los lectores otras condiciones que por razones de espacio tenemos que dejar para el futuro.

101 años de Panamá América

 
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