"Nuestro compromiso para el cambio"
Bajo ese título, en febrero de 1999, la entonces candidata presidencial, doña Mireya Moscoso, le presentó al país su propuesta electoral. Ese documento es, sino el mejor, uno de los mejores de cuantos se han sometido a la consideración de los electores.
Aunque por una aplicación amplia del término, a ese documento se le consideró como un "plan de gobierno", en términos estrictos no lo era. Y la razón es que las propuestas que se presentan durante las campañas electorales recogen, principalmente, líneas programáticas más que acciones concretas y tampoco están estructurados en base a cronogramas que especifiquen los plazos para su ejecución.
Por otra parte, es importante tener en cuenta que las propuestas que cada candidato presenta durante la campaña electoral representan su visión y la de los partidos que le respaldan sobre los principales problemas del país y la forma como se proponen atacarlos, pero que esa visión no es, necesariamente, la de todos los sectores del país.
El electorado es que al pronunciarse en las urnas escoge, por su decisión soberana, al candidato o candidata y a la propuesta que considera que más le conviene al país. Y es por la decisión de los electores que esa propuesta se convierte en la "carta de navegación" del nuevo gobierno.
Sin embargo, es importante no olvidar que el candidato ganador de las elecciones, por virtud de su triunfo electoral, se convierte en representante de todos los sectores de la nación: los que votaron por su candidatura, los que votaron otras opciones electorales e incluso, de los que no votaron. Esta circunstancia le impone tomar en cuenta los aspectos positivos que hubieran podido presentar los candidatos derrotados y también los planteamientos de aquellos sectores no partidistas que tienen vocería y representatividad reconocida.
Es la suma de todos esos elementos: la propuesta original del candidato o candidata ganadora, las aportaciones positivas de los otros candidatos y de los otros sectores representativos la que termina de perfilar y darle contenido al programa de gobierno.
Pero los programas de gobierno no están ni pueden estar escritos en piedra. Ello explica por qué es necesario introducir ajustes sobre la marcha, para adecuarlos a las realidades que imponen, por ejemplo, los cambios en la correlación de las fuerzas políticas o las limitaciones presupuestarias.
Lo que llevo expuesto, viene a cuenta de lo que está ocurriendo en nuestro país. Algunas de las propuestas contenidas en el documento original de campaña que presentó la abanderada de la Unión por Panamá, como era de esperar, se han concretado más rápidamente que otras. La decisión de no privatizar el IDAAN se hizo efectiva desde el inicio mismo del nuevo gobierno. La de revisar las jubilaciones de los educadores también se cumplió en plazo razonable. Otras, por lo contrario, avanzan más lentamente o han tenido que ser matizadas, como está ocurriendo con respecto al Fondo Fiduciario. Pero es un hecho inobjetable que la Presidencia de la República mantiene el rumbo general que trazó durante su campaña electoral.
La esencia de "Nuestro Compromiso para el Cambio", con las adecuaciones lógicas, se mantiene. Ese hecho, levanta preocupaciones de diferente naturaleza. Algunos dirigentes empresariales, como ha sido notable en las últimas fechas, se han dado a la tarea de pintar un panorama sombrío que ellos saben que no existe y los hechos se encargarán de demostrarlo. Tan pronto se despeje el tema del Fondo Fiduciario el país debe tomar un nuevo impulso.
Por momentos, me parece que a esos sectores más que importarles problemas esenciales como la pobreza, el mejoramiento de la educación o de los servicios de salud, los mueve el interés de posponer, cuanto les sea posible, las decisiones que inevitablemente deberán tomarse en aspectos como el salario mínimo o la reforma tributaria que siguen en la agenda del gobierno.
Cuando algunos dirigentes del sector empresarial hablan irresponsablemente de falta de rumbo o de objetivos, me llevan a la conclusión de que lo que realmente les interesa es que no se tomen las medidas que será necesario adoptar para que podemos tener en Panamá una sociedad más igualitaria, de menos privilegios para pocos y de mayores beneficios para muchos.
Aunque por una aplicación amplia del término, a ese documento se le consideró como un "plan de gobierno", en términos estrictos no lo era. Y la razón es que las propuestas que se presentan durante las campañas electorales recogen, principalmente, líneas programáticas más que acciones concretas y tampoco están estructurados en base a cronogramas que especifiquen los plazos para su ejecución.
Por otra parte, es importante tener en cuenta que las propuestas que cada candidato presenta durante la campaña electoral representan su visión y la de los partidos que le respaldan sobre los principales problemas del país y la forma como se proponen atacarlos, pero que esa visión no es, necesariamente, la de todos los sectores del país.
El electorado es que al pronunciarse en las urnas escoge, por su decisión soberana, al candidato o candidata y a la propuesta que considera que más le conviene al país. Y es por la decisión de los electores que esa propuesta se convierte en la "carta de navegación" del nuevo gobierno.
Sin embargo, es importante no olvidar que el candidato ganador de las elecciones, por virtud de su triunfo electoral, se convierte en representante de todos los sectores de la nación: los que votaron por su candidatura, los que votaron otras opciones electorales e incluso, de los que no votaron. Esta circunstancia le impone tomar en cuenta los aspectos positivos que hubieran podido presentar los candidatos derrotados y también los planteamientos de aquellos sectores no partidistas que tienen vocería y representatividad reconocida.
Es la suma de todos esos elementos: la propuesta original del candidato o candidata ganadora, las aportaciones positivas de los otros candidatos y de los otros sectores representativos la que termina de perfilar y darle contenido al programa de gobierno.
Pero los programas de gobierno no están ni pueden estar escritos en piedra. Ello explica por qué es necesario introducir ajustes sobre la marcha, para adecuarlos a las realidades que imponen, por ejemplo, los cambios en la correlación de las fuerzas políticas o las limitaciones presupuestarias.
Lo que llevo expuesto, viene a cuenta de lo que está ocurriendo en nuestro país. Algunas de las propuestas contenidas en el documento original de campaña que presentó la abanderada de la Unión por Panamá, como era de esperar, se han concretado más rápidamente que otras. La decisión de no privatizar el IDAAN se hizo efectiva desde el inicio mismo del nuevo gobierno. La de revisar las jubilaciones de los educadores también se cumplió en plazo razonable. Otras, por lo contrario, avanzan más lentamente o han tenido que ser matizadas, como está ocurriendo con respecto al Fondo Fiduciario. Pero es un hecho inobjetable que la Presidencia de la República mantiene el rumbo general que trazó durante su campaña electoral.
La esencia de "Nuestro Compromiso para el Cambio", con las adecuaciones lógicas, se mantiene. Ese hecho, levanta preocupaciones de diferente naturaleza. Algunos dirigentes empresariales, como ha sido notable en las últimas fechas, se han dado a la tarea de pintar un panorama sombrío que ellos saben que no existe y los hechos se encargarán de demostrarlo. Tan pronto se despeje el tema del Fondo Fiduciario el país debe tomar un nuevo impulso.
Por momentos, me parece que a esos sectores más que importarles problemas esenciales como la pobreza, el mejoramiento de la educación o de los servicios de salud, los mueve el interés de posponer, cuanto les sea posible, las decisiones que inevitablemente deberán tomarse en aspectos como el salario mínimo o la reforma tributaria que siguen en la agenda del gobierno.
Cuando algunos dirigentes del sector empresarial hablan irresponsablemente de falta de rumbo o de objetivos, me llevan a la conclusión de que lo que realmente les interesa es que no se tomen las medidas que será necesario adoptar para que podemos tener en Panamá una sociedad más igualitaria, de menos privilegios para pocos y de mayores beneficios para muchos.