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Nuestro destino como nación


Siendo optimista al mirar por la ventana de mi memoria, recuerdo que en la escuela secundaria terminábamos los cursos de Historia Nacional utilizando un excelente libro de Ernesto Castillero P. sobre nuestras relaciones con Estados Unidos (EU) hasta 1953. Si bien se trataron los orígenes del distanciamiento de Panamá con la nación estadounidense, no se entró luego en los detalles de la década del 60 que es cuando los problemas de nuestro país con los del norte llegan a su cúspide, y es también cuando inicia la dictadura al final de esos años, así como ver las razones por las qué ocurrió.
Menos aún se vieron las negociaciones del Tratado del Canal en los años 70.
La Historia es una materia muy importante en la vida de las naciones y sus ciudadanos, ya que por ella se conocen las causas y los efectos presentes y futuros.
Desdichadamente, en la escuela se hace más énfasis en memorizar las fechas y sucesos del pasado por lo que puede volverse una materia aburrida para los estudiantes.
Como no ha habido cambios en el sistema educativo desde hace 40 años, puedo inferir que todavía mucho de lo que aprenden los jóvenes de la historia patria al graduarse se obtiene más por iniciativa propia, en la que incluyo las creencias familiares o del partido político, y no en una surgida de un plan educacional nacional. Si se agrega que en la década del 80, las huelgas o suspensiones de clases no dejaban terminar los planes de estudio, o bien que los profesores de preferían no entrar en la historia y sus consecuencias de los años de 1960 por no querer pasar por antiamericano y, por lo tanto, ser tildado de norieguista, se puede entender (más no aplaudir) por qué la visión de quienes han terminado su educación media desde los 8 esté limitada a la iniciativa anteriormente mencionada.
A partir de los resultados de las elecciones recientes, he notado algunos comentarios amargos, incluso despectivos, hacia los jóvenes y su elección. Se les reclama si no se acuerdan de los años de la dictadura o si es que piensan que el gobierno por el que votaron los llevará al paraíso de prosperidad y abundancia.
La memoria política de esos jóvenes bien puede partir alrededor de 1990, cuando ya vivíamos en democracia, y bien han podido ver que aquel que se tildaba como el malo, también es el único partido que en ese período se ha reformado y con sus primarias se muestra como diferente, como nuevo. ¿Está mal que solamente recuerden esto? Pues ampliémosle la memoria política a los ciudadanos. Si al finalizar el período de cinco años, se recuerda vagamente lo sucedido al inicio del período, enseñemos y recordemos nuestra historia a todos, no sólo a los chicos en la escuela, y así aprenderemos movidos por un plan nacional y no únicamente para propósitos electorales.
Sí, la enseñanza de Historia debe ser imparcial y no dejarse cegar por inclinaciones políticas y sólo ver los defectos de un tiempo y las virtudes de otro.
Se debe buscar la muestra objetiva de los hechos a los ciudadanos para que ellos puedan tomar su decisión. En relación a muchos escritos actuales, se podría llegar a pensar que los fraudes y los golpes de Estado no comenzaron a ocurrir en nuestro país sino a partir del golpe del 68, época anterior al cual la virtud principal de los políticos era descender de la clase tradicional gobernante.
Si ese momento era tan virtuoso y éramos gobernados por gente tan "realista", hay que preguntarse por qué la población se dejó movilizar a un nuevo sistema. Esto es importante, porque vemos que los políticos actuales no aprendieron la lección de cómo ese período inició y hoy actúan cómo si su inmunidad legal se aplicará también o los protegiera de la opinión popular.
Afortunadamente, en la actualidad no hay un cuerpo armado que pueda unilateralmente hacer un golpe de Estado y quitarnos la democracia, pero todavía se corre el peligro de caer en un caso similar a Venezuela en que los ciudadanos cansados de los viejos políticos, eligen a uno que ofrece un cambio sin importar los costos.
Tal como se escuchaba en la radio hasta hace poco, la historia es como un espiral. Lo que agregaría es que por eso se puede aprender de ella: si en 1968 los ciudadanos cansados de lo mismo no creían en los viejos políticos y pasó lo que sabemos, hoy debemos exigir a nuestros políticos las actitudes prometidas en la realización de sus funciones, que son para la mayoría y no para una minoría. Esa es la única forma de elegir nuestro destino como nación.
Pero no sólo es importante para saber de nuestros seres queridos, también representa un instrumento esencial en la búsqueda de datos y de información para cualquier trabajo, investigación o para mantenerse al día de lo acontece a nivel mundial.Beneficios

101 años de Panamá América

 
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