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Nuestro futuro es prometedor, si las reformas continúan


Después de años de estancamiento económico, Panamá ha empezado a mostrar un progreso significativo. La tasa de crecimiento anual del Producto Interno Bruto creció un promedio cerca del 4% anual entre los años 1997 y 1998, comparado con menos de 3% durante los años 1993 y 1997. Este cambio en el rendimiento económico de Panamá es bastante generalizado, con la excepción de la Zona Libre de Colón y de aquellos sectores que se vieron afectados por las condiciones climáticas relacionadas con el Fenómeno del Niño en 1997 y las huelgas obrero-patronal en las bananeras en 1998.
Independientemente de este cambio favorable, el país tiene que aumentar aún más su tasa de crecimiento económico si quiere alcanzar mejoras substanciales en los niveles de vida de sus ciudadanos; un 25% de la población todavía vive en absoluta pobreza (recibe menos de un balboa diario), la tasa de analfabetismo de adultos aún permanece en 10%, y el consumo calórico diario per cápita de proteínas es 65% del de los países desarrollados.
De acuerdo a las experiencias mostradas por otros países, se requiere un crecimiento económico en el orden de los 6 y 8% para alcanzar reducciones considerables en los niveles de pobreza. En este sentido, es interesante observar cómo las experiencias de países como Chile, Perú, Colombia y Belice demuestran que tales tasas de crecimiento son verdaderamente posibles en la región.
Este resurgimiento reciente se debe, en gran parte, al proceso de implementación de reformas económicas iniciados a inicio de la década y que tiene como objetivo principal la estabilidad macro económica y los cambios estructurales. El papel dominante que tradicionalmente jugaba el Estado se ha reducido y el programa de privatizaciones se ha implementado. Además se han creado marcos institucionales que formalizan la liberalización del mercado, la rebaja de los aranceles, la desregulación de los precios, la promoción de la libre competencia y el fortalecimiento del sector privado.
Pero necesitamos profundizar aún más estas reformas. Existen algunas medidas claves adicionales que deben ser consideradas y ejecutadas. Debemos, en primer lugar, aumentar el volumen de inversión extranjera; el nivel actual de inversión es muy bajo para generar las altas tasas de crecimiento requerido, dado los niveles escuálidos de ahorros existentes.
Además, la economía nacional debe cada vez más hacerse "inmune" y resistente a los efectos externos que ocurren en otras regiones. Esto requerirá cierto nivel de diversificación en las exportaciones y en la promoción de varias tecnologías apropiadas para contrarrestar algunas variables cíclicas, particularmente en el sector agropecuario.
Debemos puntualizar la promoción de una fuerte y vibrante cultura empresarial con creatividad para exportar. Las condiciones para que exista un sector privado dinámico son mejores hoy día que hace diez años, pero es necesario fortalecerlas aún más. La economía panameña se basó durante demasiado tiempo en la finalidad casi única de substituir importaciones. Desde luego, esta política no podía durar para siempre ni por mucho tiempo debido a la limitación del tamaño del mercado. Con un mercado nacional formado por pocos habitantes, la única alternativa real es el estímulo a la competencia abierta, en la cual todos los inversionistas, ejecutivos, promotores, es decir, el empresariado, se siente en libertad de participar y de aprovechar las oportunidades que se le abren en este mercado y en aquellos del exterior en los cuales se puede incursionar.
Debemos entender que el mundo se mueve por la competencia. En un país donde las reglas sólo permiten el trabajo creativo de unos cuantos, no hay posibilidad de crecer y de desarrollarse. Por eso, Panamá debe continuar estimulando la competencia, naturalmente con la observancia rigurosa de que se actúe hasta las últimas consecuencias, sin permitir los arreglos indebidos que se hacen para manipular los precios. En este sentido, la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC) ha cumplido su papel demandando en 1997 al cártel de la harina, pero aún los Tribunales competentes no proceden con el trámite jurisdiccional de forma que se sancionen a los agentes por el daño y los perjuicios causados como resultado del ilícito.
Otra área que requiere acciones urgentes es la movilización de inversiones para mejorar y/o modernizar las infraestructuras físicas existentes. Las recientes privatizaciones de las empresas estatales de telecomunicaciones y electricidad son ejemplos de lo que se debe hacer para lograr tecnologías actualizadas que serían impagables por el Estado. Sectores que requieren un flujo inmediato de capital son el transporte público, educación, salud, recolección de basura y agua potable.
Finalmente, es imperativo promover la integración y cooperación regional. El éxito de los países del sudeste asiático se debió al nivel de coordinación existente para reducir aranceles, fortalecer industrias de soporte y reconocer las ventajas competitivas de cada país. La integración regional no se puede enfocar en cerrar la región a la competencia externa, sino a permitir que grupos de naciones puedan competir en el mercado global. Esto requiere la armonización de políticas macro económicas y la promoción de legislaciones en materia de competencia y comercio internacional que fortalezca la conducta empresarial entre los países de la región.
Todo esto requiere ayuda y asistencia de la comunidad internacional. Es necesario negociar iniciativas para aliviar la deuda y buscar mecanismos para conversar con países más desarrollados que estén interesados en invertir y hacer negocio en Panamá.
Sin duda alguna, la promoción de la competencia y el fortalecimiento del sector privado deben seguir siendo la prioridad de nuestros gobernantes. No obstante, para alcanzar ese futuro prometedor, deberán adoptar tres estrategias fundamentales. Primero, crear un ambiente en donde las leyes sean claras, bien comprendidas por todos, y que se cumplan; segundo, promover el desarrollo de pequeñas y medianas empresas que hagan el mejor uso de nuestra principal ventaja competitiva como lo es la posición geográfica; y tercero, asistir en el financiamiento de proyectos de largo alcance que ayude a la exportación de rubros que sean competitivos en el mercado internacional.
Con el compromiso de continuar las reformas económicas, incluyendo el apoyo al sector privado, no debe haber ninguna objeción por parte de las instituciones donantes extranjeras en brindar el apoyo necesario. Tenemos confianza que Panamá alcanzará niveles altos de crecimiento en el futuro. Verdaderamente, y no es una exageración decirlo que, en el nuevo milenio, Panamá verá tasas de crecimiento económico entre las más altas del mundo.

101 años de Panamá América

 
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