Nuestro orden civil democrático
El sentido de constitución cuando se aplica a un cuerpo político, se refiere a la manera en que está organizada una entidad política para la acción común. La República de Panamá se fundó en condiciones que proporcionaron la máxima oportunidad para una nueva organización social. Basándose en los valores morales de la tradición religiosa judeo-cristiana, la comunidad panameña ha defendido siempre la dignidad, la valía y la responsabilidad del individuo.
En las antiguas Grecia y Roma, los únicos hombres que podían consultar a los dioses eran los jefes de familias, de linajes, de tribus y de ciudades-estado, puesto que estos individuos eran los responsables en materia de religión de los grupos que mandaban, eran ellos también los jueces, los administradores económicos y los jefes guerreros de esos grupos, sin que nadie disputara su liderazgo. La vida pública de Roma era inseparable de la religión: toda acción del Estado empezaba y concluía con una ceremonia religiosa… El “imperium”, o poder ejecutivo del magistrado, estaba íntimamente vinculado con su derecho exclusivo de cerciorarse de la voluntad de los dioses por auspicios, de solicitar, en nombre de la comunidad, su protección y, finalmente, de volverlos propicios….
La premisa básica de nuestra sociedad democrática es que el hombre es libre, racional, y moralmente responsable. Nuestras instituciones básicas reflejan esta premisa. Nuestras interacciones como personas que forman una nación están vinculadas con las relaciones de aquellos que adoptan las decisiones acerca de la distribución y el empleo de nuestros recursos naturales y humanos en virtud de poseer la propiedad, el dinero o la autoridad. Las cuestiones que exigen acciones comunes se deciden en última instancia por una mayoría del pueblo, por medio del gobierno representativo y de elecciones libres.
Nos hemos referido a tradiciones antiguas para comparar el pasado, en que una elite decidía, con el actual compromiso con la razón como base de nuestras relaciones en común y de nuestra convivencia, y, por ende, como fundamento para resolver las exigencias y los intereses antagónicos. Nos preocupa que la conciencia general pública de esta base racional de nuestra sociedad y de nuestros derechos pueda llegar a ser peligrosamente debilitada, especialmente por la importancia que se concede a cuestiones superfluas, al “juega vivo”, a la politiquería, a la conveniencia personal por encima del bien mayoritario, y a odios y miedos deleznables.
Debe mantenerse y sostenerse esta conciencia lógica y basada en valores positivos si queremos seguir cultivando la búsqueda de consenso para continuar siendo una sociedad vigorosa y libre, y para resolver nuestras diferencias con un mínimo de las corrosivas recriminaciones que fluyen de fuertes sentimientos no refrendados por el juicio racional y responsable.