Nuestro sistema penitenciario
Hace unos días leí que más de un 50% de la población carcelaria total (+/- 10,000) está sin condena. Aquellos de nosotros que conocemos ese monstruo desde sus entrañas podemos añadir que una gran parte de esa cifra no le ha visto aún la cara a un juez. No conoce formalmente de qué se le acusa porque están bajo aquel nebuloso status denominado "detención preventiva" y codeándose a diario con muchos clínicamente incorregibles.
Universalmente, la "raison d'être" de un sistema penitenciario es uno de rehabilitación de aquellos que por una circunstancia u otra se desviaron de la ley. Lamentablemente, en vez de ser centros de resocialización terminan siendo universidades del crimen donde entras como prisionero común (o, peor aún, un simple detenido) y sales años después experto en armas, defensa personal, cerrajería, sodomía y con tremendos contactos en el bajo mundo dentro de la policía local. Aunado a esa dantesca estadística está el hecho de que, debido a nuestra también mundialmente notoria mora judicial y burocracia en nuestros estamentos de justicia, muchos detenidos que eventualmente serán encontrados inocentes ya habrán pasado más tiempo en esos resorts penales que lo que su pena ameritaba de haber sido encontrados culpables. Peor todavía, estas cifras van en un oscuro ascenso.
Cuando niño, fue lectura obligatoria en casa la famosa carta J’Accuse que sacudió el xenofóbico establishment parisino a finales del siglo XIX, que fabricó una acusación de espionaje a un joven oficial judío francés poco después de la palera que recibieron los galos en la Guerra Franco-Prusiana. Recuerdo el asco que sentimos los lectores a medida que leímos los relatos del día a día de los reos en tan horrible centro penitenciario en una de las Guyanas.
Muchos años después, yo tuve la "oportunidad" de ser huésped por breve tiempo de dos centros de detención panameños. Durante estas dos estadías noté que dentro de nuestras cárceles no ha residido ningún ahora acaudalado exdirigente de COFINA, Banaico, Estrella Mar, DISA, ADELAG, CEMIS, ex ministro de obras públicas o ex presidente de este país. Soy, entonces, apto para opinar sobre este tema, pero lamento no tener el verbo de Emile Zolá para lograr la merecida libertad de todos los Alfred Dreyfus que residen hoy día injustamente en nuestras cárceles.
Nosotros, como sociedad, no podemos continuar mirando en la otra dirección en cuanto a nuestro acongojante sistema penitenciario se refiere, ya que son las generaciones que nos prosiguen las que heredaran un mayor nivel de criminalidad reincidente debido a nuestra indiferencia. La justicia penal no debe tener un "gold roll/silver roll". El infractor, ya enjuiciado, debe ser equitativamente castigado y debidamente preparado para su eventual reintegro a la sociedad.
La verdad es que nuestras cárceles me secuestran la dulzura y opto hoy por desenvainar mi bolígrafo ante tan inoperante molino de viento llamado Sistema Penitenciario de Panamá. Que caiga quien caiga.
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