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Nueva forma de hacer política


En cien años de vida republicana, hemos conocido distintas formas de hacer campaña política. En ocasiones, los candidatos han utilizado frases para impactar a los electores, grabadas para siempre, como: "Los vamos a ahogar", "Voy a darle un revolcón", "Tu última oportunidad", "La presidenta de los pobres", "Camino en los zapatos del pueblo", "Un presidente de verdad", pero pocas veces hubo la intención real de cambiar la forma de convencer al electorado.
Esa historia cambió el 28 de abril de 2004, en el cierre de campaña de Martín Torrijos, hoy presidente electo. Allí empezó el fin de las viejas prácticas de hacer política. Al pueblo ya no le interesa escuchar si un partido surgió o colaboró con el extinto aparato militar, ni las descalificaciones personales y los discursos de promesas sin sustentación lógica. Aquella tarde se escuchó a un candidato expresar frases que impactaron a la ciudadanía, que a pesar de los ataques a los que fue sometido por sus adversarios, había tratado de no ofender la dignidad de ninguno de ellos, pero que si en algún momento lo había hecho, pedía disculpas. Se escuchó a un candidato decir: "No me avergüenzo de mis abuelos, ni de mis padres". Prometió y se comprometió, con sinceridad, a combatir la corrupción, el desempleo y la delincuencia.
Desde ese día la política panameña ya no es ni será la misma. La gran lección del 2 de mayo es que los políticos que resisten a cambiar su forma tradicional de hacer política, están condenados al más rotundo fracaso, y desde el día 3 se han convertido en especies políticas en peligro de extinción.
Ante tal estilo de gestión sería también imposible que los políticos bien intencionados, negasen su apoyo, porque al negarlo evidenciarían su miopía y estrechez de intereses.
Al nuevo presidente le corresponde guiar el destino del país, por los próximos cinco años.
Debe haber llegado hora, en que los panameños y panameñas entendamos, que el modelo de administración y gestión pública que tenemos debe ser transformado y modernizado radicalmente, en su forma y en su contenido. Pero que la transformación más importante lo es, desde la perspectiva moral y ética.
O cambiamos las actitudes y estilos mentales del juego vivo y erradicamos la corrupción, o sencillamente al cabo de estos cinco años, el pueblo habrá perdido toda fe en sus gobernantes.
Ese es el principal reto del nuevo presidente y su de equipo de Patria Nueva; y lo deberá empezar a hacer en los primeros cien días. En lo personal no dudo en que lo hará porque la expectativa del pueblo y sobre todo la de su juventud, es altamente exigente.

101 años de Panamá América

 
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