Nuevamente: reformas o constituyente
Catedrático Titular
Definitivamente que con la partidocracia imperante hay que ser, además de repetitivos, didácticos por más que no quieran o no les convenga a sus intereses politiqueros, entender. Ahora resulta que los "legisladrones" del oficialismo, acompañados de los "neoarnulfistas" como J.J. Vallarino (padre e hijo) y Kaiser Bazán, nos lanzan la denominada "Declaración de Farallón", para proponer nuevos parches a la constitución militarista, inspirados -sin duda- por el ánima del dictador al cual muchos de los presentes en la "casa de los espíritus", apoyaron y alabaron en su momento.
Al decidir, por sí y ante sí, que la vía reformista a través de la Asamblea Legislativa es la que nos impondrán, continúan con su práctica del "apartheid político" y excluyen al sujeto principal que es el pueblo. Su metodología reformista nace antinacional, antidemocrática y por ende, antipopular. Lo que quieren es hacerse una Constitución "a su medida". Les deseamos "buen salto" en su miopía política y me permito presentar, nuevamente y en forma muy escueta, algunos argumentos a favor de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.
Las características de la sociedad internacional y de la sociedad panameña son completamente diferentes a las existentes hace 30 años.
La estructura político-administrativa de la organización pública del Estado panameño no corresponde a nuestra realidad y cada vez menos satisface las necesidades colectivas. La tendencia continental es la de modernizar y superar el papel del Estado.
La actual Constitución militarista de 1972, con todo y sus reformas, no interpreta ni expresa la realidad económica, política y social que vive la nación panameña.
Los panameños cada vez más sienten menos respeto por la Administración Pública, por el Estado, por sus Organos y por sus leyes, por su falta de programas.
Día a día "la dignidad de la persona y los derechos inviolables que le son inherentes descansan en convicciones fundamentales que cuadran esencialmente con la conciencia social y el sentimiento jurídico constitucional" (Lucas Verdú -El sentimiento Constitucional. pág 201). En Panamá nos alejamos cada vez más de esa relación, que una Asamblea Nacional Constituyente contribuiría a establecer.
Como bien afirmaba Konrad Hesse en "La fuerza normativa de la Constitución", "un orden constitucional, decidido por una élite, sirve para poco si a él no se adhiere la conciencia general manifestada como sentimiento constitucional en su doble vertiente intelectiva y emocional.". Hoy día en Panamá, la Constituyente generaría la dinámica de participación ciudadana necesaria.
Es palpable que los partidos políticos existentes y sus dirigentes, han demostrado no tener la menor voluntad de cambio. Una Asamblea Nacional Constituyente permitiría una participación ciudadana amplia y enriquecedora que, aún cuando no solucione todos los problemas del país, contribuirá a plantearlos y a escuchar las propuestas de soluciones que provengan de todos los sectores sociales, económicos y políticos.
Una Asamblea Nacional Constituyente nos permitiría comenzar a dar los pasos necesarios para salir del estancamiento y del anacronismo institucional que vivimos y romper con la camisa de fuerza que representa la Constitución de 1972 y sus reformas.
La Convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, le permitirá a la ciudadanía no encaminarse por las vías de soluciones violentas ante la inadecuada protección que le brinda el Estado. Nos permitiría encontrar soluciones políticas e institucionales en lugar de la delincuencia organizada, los grupos paramilitares y demás organizaciones de todo tipo que van surgiendo ante la incapacidad del Estado.
La convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente contribuirá a elevar y empezar a transformar la metodología, los instrumentos y los criterios que se vienen utilizando para el planteamiento, análisis y discusión de los problemas políticos-institucionales que conocemos los panameños.