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Nuevas amenazas para las naciones


En México, Distrito Federal, la Organización de Estados Americanos (OEA) llevó a cabo la conferencia especial sobre seguridad, que tuvo duración de dos días, en la cual se analizaron los más acuciantes problemas que agobian a nuestro hemisferio. Para América Latina y el Caribe, uno de sus principales desafíos es la pobreza que golpea a más de 220 millones de personas. En este triste panorama, subyacen 95 millones de seres humanos doblegados por la indigencia.
Si el componente social se ubica de esta manera, la situación jamás puede considerarse como recomendable, debido a las duras condiciones que ocasionan hambre, falta de trabajo y desesperanza, a enorme masa poblacional que, además y por lo general, soporta la presencia de dirigentes corruptos, faltos de preparación y sin genuinos ideales patrióticos. Es vital la responsabilidad de quienes acuden a las urnas para elegir a sus representantes que deben ser líderes capaces, de indiscutible honradez y auténticamente bien intencionados, que busquen, sobre todas las cosas, la armonía y el progreso de sus representados, lo cual será posible únicamente en el marco de la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos. He aquí la estrecha relación entre seguridad y desarrollo. Junto a este grave factor adverso de carácter estructural y permanente, los delegados al referido cónclave singularizaron las nuevas amenazas para la seguridad que se han convertido en peligrosos fenómenos que, igualmente, hay que combatir con decisión y loable espíritu de ayuda mutua : el terrorismo, el narcotráfico, la delincuencia transnacional organizada y el tráfico ilícito de armas, ocupan los primeros lugares de los indicados y actuales enemigos a los que nunca se los debe menospreciar, por su naturaleza transcontinental y corrosiva.
Merecen resaltarse las palabras de Marc Grossman, subsecretario de Asuntos Políticos del Departamento de Estado, quien expresó, en el seno del mencionado e importante evento, que es necesario que todas las naciones del continente americano trabajen de manera conjunta para dar respuestas multilaterales a las nuevas amenazas que se ciernen sobre la seguridad.
Acertada y constructiva se proyecta la exhortación del alto funcionario norteamericano. Para ello y en primer lugar, debe haber plena conciencia entre los ciudadanos, respecto a la magnitud y el riesgo que significan los anotados oponentes de la racionalidad y el bien común.
Un referente de lo que puede suceder en ámbito continental y mundial constituye Colombia, donde el narcotráfico se ha unido al terrorismo para dar forma a ese monstruo de difícil erradicación que se conoce con el nombre de narcoguerrilla o narcoterrorismo y que ha empezado a desbordarse a los países vecinos. La región andina, en especial, se localiza en zona de alerta roja, precisamente por la expansión de los turbios negocios de la droga asociados a los protervos intereses de la virulencia armada que han descendido a los más bajos niveles del bandolerismo, por cometer diariamente inconfesables desafueros, como el secuestro de niños, el ataque armado a poblaciones indefensas, el asesinato de misioneros o la utilización de bombas que son activadas en sitios de gran concentración pública. ¿Podrá algo justificar estas expresiones de incalificable salvajismo?
Por su noble misión de precautelar los más significativos valores, la prensa está llamada a orientar debidamente a las comunidades para que se haga un frente común, que empiece desde la familia, a fin de atacar a esas enormes plagas, como la pobreza, la violencia y el narcotráfico, que pretenden desmoronar las bases de la sociedad contemporánea. En tan delicadas materias, la recíproca colaboración internacional se vuelve necesaria, por lo tanto no tiene que faltar y debe ser, permanentemente, bienvenida y estimulada para su mejor eficiencia y dinamismo.
Con la firma de la Declaración sobre Seguridad en las Américas, por parte de los respectivos cancilleres y más delegados americanos, concluyó lo que será, eso se espera, trascendental cumbre para buscar lo que es fundamental para los pueblos, su tranquilidad y bienestar. Sin seguridad no existe desarrollo.

101 años de Panamá América

 
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