Nuevas cárceles
Es harto sabido que tenemos pésimas e insuficientes cárceles. El país debe estar cansado de tanta condena por los organismos internacionales de derechos humanos. El hacinamiento, la inseguridad y la carencia de oportunidades de resocialización son la regla. Hasta aquí lo sabido. De lo que nada se habla es del proyecto que tiene en sus manos el actual gobierno de invertir B/ 60 millones en nuevas cárceles con capacidad para once mil reclusos en condiciones humanitarias. El mismo fue preparado por el arquitecto Carlos Clement, quien tiene la experiencia de haber construido cárceles modernas en Argentina, muy elogiadas.
Tengamos presente que el Gobierno Nacional tiene recursos económicos cuantiosos como ningún otro en décadas, de modo que la falta de dinero no es problema. Por el contrario, lo que debiera, además de evaluar la propuesta y verificar la experiencia del promotor en Argentina, es contemplar la posibilidad de doblar la capacidad para alojar cómodamente a 22 mil reclusos y considerar, incluso, la privatización de su administración con estrecha supervisión del Estado.
Entendemos que hay otros problemas con igual o mayor prioridad. Pero, incluso, esto es discutible. Sin seguridad, no hay inversión que venga, ni que dure. Y sin justicia, menos. Y en uno y otro caso, es indispensable contar con cárceles suficientes y humanas donde alojar a los infractores de la Ley. Echarlos, como ahora, a las calles, por falta de espacio, envía una indeseable señal de impunidad que no hace sino exacerbar la comisión de delitos y la inseguridad ciudadana.