Nuevo vecino peligroso: el gobierno
Washington /AIPE. La gente se muda a los suburbios por varias razones, pero la seguridad personal suele ser la principal. Sin embargo, la más reciente amenaza a la vida en los suburbios no proviene de ladrones ni de pandillas, sino del gobierno federal.
Bajo el liderazgo del vicepresidente Al Gore, la Casa Blanca propone incluir en el presupuesto del año 2000 una intervención sin precedentes del gobierno central en las decisiones locales sobre desarrollo, utilización de las tierras y transporte.
El programa llamado "Comunidades vivibles" asigna casi $10.000 millones a "mejoras" suburbanas, incluyendo más dinero para transporte público, parques, zonas verdes, caminos para bicicletas, embellecimiento, diseño de escuelas y la restauración de viejas estaciones del ferrocarril.
Ese aparente "regalo" promueve estrategias llamadas de "crecimiento inteligente" para regular lo que la gente puede construir y dónde. Eso incluye "incentivos para desarrollos compactos" (bloques de edificios en lugar de casas individuales) y "maneras de dirigir la economía y la mano de obra para respaldar la estrategia de fomento regional".
La administración Clinton va a encargar al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) del plan, a pesar que el secretario Andrew Cuomo recientemente describió a su propio ministerio como "ejemplo de ineptitud gubernamental plagado por años de escándalos y mala administración".
Habiéndole dedicado medio siglo a destruir los centros de las grandes ciudades con sus "programas de renovación urbana", ahora lo encargan de repetir la tragedia en los suburbios.
Pero mucho peor son los planes de la Agencia de Protección del Ambiente (EPA). El encargado de la región de Nueva Inglaterra, John DeVillars, ya anunció su plan para frenar la expansión de la ciudad de Boston. Las abundantes publicaciones de estos "expertos planificadores" sugieren que su motivación es su total desprecio por estilos de vida La mayoría de los ciudadanos estadounidenses todavía creen que cómo y dónde viven es un asunto personal y familiar, no un problema del HUD ni de EPA ni del vicepresidente. Además, los argumentos en contra de los suburbios son cada día más débiles porque las carreteras están menos congestionadas y el transporte público es la manera más lenta de llegar al trabajo.
Los enemigos del desarrollo del campo argumentan que es una amenaza a la producción agrícola. Pero a menos del 5% del área total de Estados Unidos se le da uso comercial y residencial, mientras que los nuevos desarrollos consumen apenas 0,0006% de las tierras cada año. Además, desde 1950 el incremento de la productividad agrícola nos ha llevado a reducir en 15% las áreas bajo cultivo, a la vez que la producción de alimentos aumentó en 105%. Si la actual tasa de expansión urbanística se mantiene, se requerirán 205 años para apenas ocupar las tierras que fueron dejadas de cultivar entre 1960 y 1990.
Los dirigentes que critican la propiedad privada y la libertad de elegir no se han molestado en estudiar estas estadísticas. Están convencidos de saber lo que más nos conviene a todos los demás. Y ahora tienen en la Casa Blanca a alguien con el dinero y todo el poder del gobierno federal para apoyar sus planes. Como que de verdad ha llegado la hora de marcharse al campo, lejos de los burócratas.
Bajo el liderazgo del vicepresidente Al Gore, la Casa Blanca propone incluir en el presupuesto del año 2000 una intervención sin precedentes del gobierno central en las decisiones locales sobre desarrollo, utilización de las tierras y transporte.
El programa llamado "Comunidades vivibles" asigna casi $10.000 millones a "mejoras" suburbanas, incluyendo más dinero para transporte público, parques, zonas verdes, caminos para bicicletas, embellecimiento, diseño de escuelas y la restauración de viejas estaciones del ferrocarril.
Ese aparente "regalo" promueve estrategias llamadas de "crecimiento inteligente" para regular lo que la gente puede construir y dónde. Eso incluye "incentivos para desarrollos compactos" (bloques de edificios en lugar de casas individuales) y "maneras de dirigir la economía y la mano de obra para respaldar la estrategia de fomento regional".
La administración Clinton va a encargar al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) del plan, a pesar que el secretario Andrew Cuomo recientemente describió a su propio ministerio como "ejemplo de ineptitud gubernamental plagado por años de escándalos y mala administración".
Habiéndole dedicado medio siglo a destruir los centros de las grandes ciudades con sus "programas de renovación urbana", ahora lo encargan de repetir la tragedia en los suburbios.
Pero mucho peor son los planes de la Agencia de Protección del Ambiente (EPA). El encargado de la región de Nueva Inglaterra, John DeVillars, ya anunció su plan para frenar la expansión de la ciudad de Boston. Las abundantes publicaciones de estos "expertos planificadores" sugieren que su motivación es su total desprecio por estilos de vida La mayoría de los ciudadanos estadounidenses todavía creen que cómo y dónde viven es un asunto personal y familiar, no un problema del HUD ni de EPA ni del vicepresidente. Además, los argumentos en contra de los suburbios son cada día más débiles porque las carreteras están menos congestionadas y el transporte público es la manera más lenta de llegar al trabajo.
Los enemigos del desarrollo del campo argumentan que es una amenaza a la producción agrícola. Pero a menos del 5% del área total de Estados Unidos se le da uso comercial y residencial, mientras que los nuevos desarrollos consumen apenas 0,0006% de las tierras cada año. Además, desde 1950 el incremento de la productividad agrícola nos ha llevado a reducir en 15% las áreas bajo cultivo, a la vez que la producción de alimentos aumentó en 105%. Si la actual tasa de expansión urbanística se mantiene, se requerirán 205 años para apenas ocupar las tierras que fueron dejadas de cultivar entre 1960 y 1990.
Los dirigentes que critican la propiedad privada y la libertad de elegir no se han molestado en estudiar estas estadísticas. Están convencidos de saber lo que más nos conviene a todos los demás. Y ahora tienen en la Casa Blanca a alguien con el dinero y todo el poder del gobierno federal para apoyar sus planes. Como que de verdad ha llegado la hora de marcharse al campo, lejos de los burócratas.