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Número de adherentes


Arnulfo Arias, que se vanagloriaba de inscribir un partido en horas y de "prestar" adherentes a sus aliados, tan pronto llenaba la cuota requerida solía cerrar presuroso la catarata de inscritos que se movían como una marea al mero dictado del líder.
Cuando le preguntaban por qué no permitía mayores inscripciones, solía decir que no le gustaba mostrar al enemigo su fuerza.
Así, elección tras elección, con sus centenares de miles de incondicionales, hacía el milagro de multiplicar por diez y por veinte la cantidad de sus inscritos, forzando a que le ganaran por fraude, lo derribaran del poder por la fuerza o lo enviaran sencillamente al exilio.
Con frecuencia le atribuían poderes sobrenaturales de cuyos rumores parecía disfrutar y abonar. De hecho nadie explica cómo salió ileso de la cerrada carga de perdigones que enfrentó aquella tarde del 9 de junio de 1987, cuando encabezó la rebelión en las calles de la Cruzada Civilista en su lucha contra la dictadura de Noriega.
El hecho es que Arnulfo Arias solía dar siempre la sorpresa en cuanta elección se presentaba, sin que ni siquiera sus más acérrimos adversarios pudieran medir con exactitud la magnitud de sus fuerzas siempre agazapadas, entremezcladas en las filas de sus oponentes, disfrazadas de gente indiferente pero que concurría masivamente a las urnas cuando lo requería el caudillo.
En sentido contrario se mueve la maquinaria partidista del actual gobierno. Su principal colectivo, el PRD, se esmera por llegar al medio millón de adherentes (ya alcanza 344 mil), como queriendo asegurar de antemano el resultado de las futuras contiendas a punta de registros electorales en vez de votos.
Lo que se pasa por alto es que, con la facilidad que la gente se inscribe y retira de los libros de adherentes, se ha creado una lucrativa industria de partidos políticos, en la que intervienen promotores, publicistas y una numerosa clientela que tranquilamente migra de un colectivo a otro, cobrando por ello.
De allí que resulte intrascendente que los partidos de gobierno acumulen 491 mil adherentes contra sólo 270 mil de la oposición, si al momento de votar cada quien lo hará como le da la gana y la inscripción no garantiza nada.
Peor aun si se tiene presente que mucho menos de la mitad de votantes pertenece a algún partido político, lo que fue confirmado por la última encuesta de la CID-Gallup preparada para nosotros, de la que surgió que el 52% de ellos no gustaban de ninguno.
De todo lo anterior concluimos que las próximas consultas electorales serán decididas por votantes independientes y por muchos inscritos que se inclinan en sentido contrario a lo que indican las listas de adherentes. Y las sorpresas y lamentos serán resultado de tener más cantidad que calidad.

101 años de Panamá América

 
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