¡Nunca más!
Una de las experiencias más impactantes que he vivido fue hace un par de años cuando asistí a una reunión de sobrevivientes del Holocausto, en Washington, EE.UU. Conocí a Murray Goldfinger, un hombre de fuerte apariencia física que perdió a sus ocho hermanos y ambos padres durante el genocidio judío. Me contó que nació en Polonia y la guerra lo sorprendió en su adolescencia.
Murray había pasado por casi todos los campos de concentración donde sólo los más fuertes resistían trabajos forzados.
Pudo ver cuando su mamá y sus hermanas eran conducidas a pie por más de 40 millas del guetto al campo de trabajo forzado, las llamadas "marchas de la muerte". Los niños o mujeres que no soportaban el trayecto eran exterminados por los nazis en campos de concentración. El hombre encargado de cavar las tumbas le confesó que su madre y hermanas así murieron, él mismo las sepultó.
En una ocasión, dijo, un guardia alemán no gustó de su presencia y decidió matarlo, Murray consciente del hecho, cayó al suelo junto a otros cuerpos y se hizo el "muerto" para evitar el remate. Fue arrastrado con los demás cadáveres hacia la fosa que sintió cuando le caían encima.
Murray es un testigo fehaciente de la barbarie nazi durante la II Guerra Mundial. El día del Holocausto se recuerda cada año en memoria de los 6 millones de judíos que murieron en manos de los nazis.
Este es, sin duda, uno de los episodios más vergonzosos de la humanidad; sin embargo, hay quienes se atreven a negar su existencia.