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O administramos o hacemos política




Empresario

Es necesario dejar trabajar al gobierno y es necesario que todos trabajemos en la empresa, de orientar su esfuerzo y obtener su máximo de rendimiento. Los pueblos no pueden aspirar al honor de regirse democráticamente, sino es a costa de sacrificios. La libertad es un bien que se conquista a cada hora y sólo a través del trabajo digno y responsable.
Tenemos que medir nuestras acciones y nuestras pasiones al darle frente al momento que hoy vivimos. Si nos entregamos febrilmente a la lucha política, al forcejeo político en los medios, a la gesticulación confusa y ciega contra el gobierno, a las huelgas y a las marchas estaremos propiciando el caos. Y es que el imperio de la desconfianza, el desajuste de la vida nacional mediante la concesión de privilegios que atentan contra nuestro futuro, ya está dando sus frutos: desaceleración en el consumo, terror de las fuentes de riqueza en hacer nuevas inversiones y restricción del crédito bancario.
La actitud del inversionista extranjero se pone, por supuesto, a tono con la realidad que escuchan y buscan otros países para poner sus capitales, porque ellos no están dispuestos a perder un centavo. Debemos convencernos que la empresa privada es la verdadera riqueza de los países y que destruirla es arruinar al país. Hay que estimular a ese inversionista y aplaudir cualquier iniciativa del gobierno en esa dirección. Se hace necesario conocer el heroico estoicismo con que el comerciante, pequeño y grande, enfrenta la situación en sus empresas para comprender la magnitud del peligro que estamos corriendo al aprobarse leyes como las que pretenden los señores de la Sociedad Panameña de Autores y Compositores (SPAC) -que no son el gobierno- que de ser implementadas como están encarecerían todo y pondrían en serio peligro varias de nuestras fuentes de riqueza, tales como el abanderamiento de naves, el turismo, las empresas de espectáculos y la radiodifusión.
Si bien es cierto que no es posible excluir de nuestro país la intervención de los intereses, llámense éstos, Cables & Wireless, Unión Fenosa, etc., porque dicha intervención al propiciar una técnica superior, contribuye al progreso y da impulso al desarrollo de nuestra propia economía, debemos hacerlo en el futuro manteniendo el equilibrio de los capitales foráneos y nativos de manera que el Estado nunca pierda el control.
Si optamos por un control científico basado en nuestras necesidades, y a través del Ente Regulador, se obtendría un resultado superior al que ahora ha prevalecido.
Hace falta encausar en su conjunto la economía en Panamá; en esto el criterio no puede ser plural sino único, exclusivo y encaminado a un fin. No pueden ensayarse muchos sistemas a la vez y en contraposición unos con otros, porque en esta materia el plan debe coordinarse.
Por otra parte, el plan financiero de un país no debe estar supeditado por una ideología política y menos aún, destinado a hacer política, porque ésta y la buena administración son como el agua y el aceite, se excluyen y no se pueden practicar conjuntamente. Cuando un funcionario hace política tiene forzosamente que administrar mal, ya que el verdadero estadista no debe hacer lo que el pueblo quiere, sino lo que al pueblo le conviene. Una buena administración exige muchas veces herir intereses lo que vale hacerse impopular, que es lo opuesto a hacer política.
Sería injusto achacarle a algún ministro en particular la culpa de nuestra situación económica, aunque observamos con profunda tristeza cómo el país se estanca, porque ni aún habiendo un mago al frente de cada despacho, sería posible avanzar mientras el esfuerzo de unos queda truncado por las disposiciones de otros. En consecuencia, hay que evitar que se sigan desperdiciando tantas energías y la Presidenta está obligada a señalar el rumbo.

101 años de Panamá América

 
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