O elecciones o gobernar...
Hay una acentuada percepción de que tenemos un gobierno muy deficiente, que ha tenido una gran incapacidad de administrar, de ejecutar, de incentivar obras, de promover empleos. Tal percepción, demostrada amplia y crecientemente en las encuestas, plantea un desgaste del gobierno, o al menos de su credibilidad ante la población, demasiado alto para sólo dos años de su período.
Pudiese ser que tal percepción o impresión de las personas, que las encuestas revelan con sus cifras de cálculos porcentuales, estuviesen equivocados. Podríamos pensar, si deseamos salir en defensa del gobierno, que las personas no están suficientemente informadas de acciones y programas desarrollados por los arnulfistas, y que su ignorancia de estos trabajos gubernamentales se deban a algunas razones, como por ejemplo la falta de un buena estrategia de divulgación, que ha sido además un talón de Aquiles para nuestros gobernantes en general.
No obstante el planteamiento general que antecede, hay una situación que evidentemente ayuda menos a Mireya Moscoso en la defensa que tuviese que hacer de su labor el más hábil estratega político: Doña Mireya tuvo su primera candidatura en las elecciones generales de 1994, cuando compitió contra Ernesto Pérez Balladares, Rubén Blades y Chinchorro Carles. Todos sabemos el resultado, y sabemos igualmente que la actual mandataria siguió en campaña, en su caminar casa por casa, con una tenacidad de hormiga laboriosa, digna de imitar para cualquier político que desee una alta meta. Es decir, Mireya Moscoso desde 1993, cuando debió definir su aspiración presidencial a lo interno del arnulfismo, estaba en campaña política y en ejercicio de elecciones. Si tomamos en cuenta que acaba de suceder un torneo interno en el arnulfismo, donde la aparición en escena de Guillermo Endara otorgó a ese evento una intensidad e impacto no previsible, convirtiéndolo en otro acto desgastador para la mandataria, la dirigente arnulfista tiene unos 8 años de estar en campañas y elecciones. Si analizamos el hecho histórico que por razón de las ocurrencias variadas que rodearon la vida política del Dr. Arnulfo Arias, único comandante en jefe de esa agrupación, este caudillo tuvo poquísimo tiempo en el gobierno, nos explicamos que por esas limitaciones, derrocamientos violentos, oposiciones internas y externas del gran político, sus huestes aprendieron muy poco el arte de gobernar, volviéndose por polaridad duchos y aguerridos en las tareas de oposición y ataques a los gobiernos, donde en ese campo dificulto que alguien se haya ganado al desaparecido personaje. Por todo ello nos mueve a gran preocupación que en esta época de semejante crisis social, económica y política, ante una población francamente al borde de reacciones violentas, como se demostró en aquella noche negra de caos y vandalismo de meses pasados, y confirmada por las protestas estudiantiles anárquicas; que el cuadro nacional tan graveno sea tomado en cuenta con suficiente peso y responsabilidad de nuestra mandataria y su equipo de alto gobierno, y Mireya Moscoso cometa el mismísimo error que tanto criticó a Pérez Balladares, que fue enfrascarse en torneos electorales a destiempos siendo el gobernante de turno; en el caso de su antecesor el ejemplo claro lo representó la convocatoria a un referéndum (que no es otra cosa que una elección nacional) por el prurito y capricho de buscar perpetuarse en el cargo. En el caso de la presidenta Moscoso, ¿qué nivel de importancia real, estratégica, concreta (que puedo desconocerla), tiene el hecho de enfrascarse en una elección interna, donde su partido se partió sangrantemente, y donde ella no ha ganado nada frente a su responsabilidad de gobernar?....
Puede haber razones que sean tan importantes como invisibles para panameños de mediana experiencia, preparación y cultura política como el suscrito. Al menos no me surje ahora ninguna de esas razones. Porque si especulo con la importancia de tal torneo, sólo justifico el desvío de la presidenta de sus principales funciones para ocuparse por varios meses de hacer proselitismo interno entre sus allegados políticos (que por cierto ocasionaron muchas heridas), con el argumento válido de mantener la presidencia de su partido, un partido en el gobierno. Lo hubiese justificado como político si se tratase de un grupo de oposición que busca llegar al poder. Pero no encuentro razones, a no ser que una sea las partidas que el Estado a través del Tribunal Electoral otorga por ley a los colectivos partidistas (y no creo que la mandataria tenga ninguna necesidad personal de esos fondos).
Otra cosa es la pugna por tomar las riendas de un partido opositor cuyos dirigentes requieren sellar firmemente el control y liderazgo porque de ello depende una aspiración presidencial. Si le creo a Guillermo Endara (no al de ahora, peleado con Mireya) sino al que me habló en 1990, éste me dijo que él había sido candidato por "carambola", refiriéndose al hecho concreto de "que la actual mandataria no había querido ser ella la candidata contra el proyecto político de los militares que mandaban". Creo que para entonces tal situación podía creerla porque Endara me hablaba agradecido de "la distinción que le había hecho Mireya Moscoso al señalarlo como el candidato del arnulfismo". Tal información la recibí desde el exilio. Hoy, frente a la complejidad de problemas nacionales, a la urgencia de una mesa ampliada de debates y discusiones serias sobre las agendas estratégicas de Panamá, de sus posibilidades y remedios sociales, no podemos justificar que un gobierno al que le cuesta mucho que se le crea, por razones ficticias o reales, inventadas o verdaderas, promueva de parte de quién tiene que gobernarnos el desgaste adicional de otros torneos electorales, que siempre ocasionan mas pérdidas que ganancias.
Pudiese ser que tal percepción o impresión de las personas, que las encuestas revelan con sus cifras de cálculos porcentuales, estuviesen equivocados. Podríamos pensar, si deseamos salir en defensa del gobierno, que las personas no están suficientemente informadas de acciones y programas desarrollados por los arnulfistas, y que su ignorancia de estos trabajos gubernamentales se deban a algunas razones, como por ejemplo la falta de un buena estrategia de divulgación, que ha sido además un talón de Aquiles para nuestros gobernantes en general.
No obstante el planteamiento general que antecede, hay una situación que evidentemente ayuda menos a Mireya Moscoso en la defensa que tuviese que hacer de su labor el más hábil estratega político: Doña Mireya tuvo su primera candidatura en las elecciones generales de 1994, cuando compitió contra Ernesto Pérez Balladares, Rubén Blades y Chinchorro Carles. Todos sabemos el resultado, y sabemos igualmente que la actual mandataria siguió en campaña, en su caminar casa por casa, con una tenacidad de hormiga laboriosa, digna de imitar para cualquier político que desee una alta meta. Es decir, Mireya Moscoso desde 1993, cuando debió definir su aspiración presidencial a lo interno del arnulfismo, estaba en campaña política y en ejercicio de elecciones. Si tomamos en cuenta que acaba de suceder un torneo interno en el arnulfismo, donde la aparición en escena de Guillermo Endara otorgó a ese evento una intensidad e impacto no previsible, convirtiéndolo en otro acto desgastador para la mandataria, la dirigente arnulfista tiene unos 8 años de estar en campañas y elecciones. Si analizamos el hecho histórico que por razón de las ocurrencias variadas que rodearon la vida política del Dr. Arnulfo Arias, único comandante en jefe de esa agrupación, este caudillo tuvo poquísimo tiempo en el gobierno, nos explicamos que por esas limitaciones, derrocamientos violentos, oposiciones internas y externas del gran político, sus huestes aprendieron muy poco el arte de gobernar, volviéndose por polaridad duchos y aguerridos en las tareas de oposición y ataques a los gobiernos, donde en ese campo dificulto que alguien se haya ganado al desaparecido personaje. Por todo ello nos mueve a gran preocupación que en esta época de semejante crisis social, económica y política, ante una población francamente al borde de reacciones violentas, como se demostró en aquella noche negra de caos y vandalismo de meses pasados, y confirmada por las protestas estudiantiles anárquicas; que el cuadro nacional tan graveno sea tomado en cuenta con suficiente peso y responsabilidad de nuestra mandataria y su equipo de alto gobierno, y Mireya Moscoso cometa el mismísimo error que tanto criticó a Pérez Balladares, que fue enfrascarse en torneos electorales a destiempos siendo el gobernante de turno; en el caso de su antecesor el ejemplo claro lo representó la convocatoria a un referéndum (que no es otra cosa que una elección nacional) por el prurito y capricho de buscar perpetuarse en el cargo. En el caso de la presidenta Moscoso, ¿qué nivel de importancia real, estratégica, concreta (que puedo desconocerla), tiene el hecho de enfrascarse en una elección interna, donde su partido se partió sangrantemente, y donde ella no ha ganado nada frente a su responsabilidad de gobernar?....
Puede haber razones que sean tan importantes como invisibles para panameños de mediana experiencia, preparación y cultura política como el suscrito. Al menos no me surje ahora ninguna de esas razones. Porque si especulo con la importancia de tal torneo, sólo justifico el desvío de la presidenta de sus principales funciones para ocuparse por varios meses de hacer proselitismo interno entre sus allegados políticos (que por cierto ocasionaron muchas heridas), con el argumento válido de mantener la presidencia de su partido, un partido en el gobierno. Lo hubiese justificado como político si se tratase de un grupo de oposición que busca llegar al poder. Pero no encuentro razones, a no ser que una sea las partidas que el Estado a través del Tribunal Electoral otorga por ley a los colectivos partidistas (y no creo que la mandataria tenga ninguna necesidad personal de esos fondos).
Otra cosa es la pugna por tomar las riendas de un partido opositor cuyos dirigentes requieren sellar firmemente el control y liderazgo porque de ello depende una aspiración presidencial. Si le creo a Guillermo Endara (no al de ahora, peleado con Mireya) sino al que me habló en 1990, éste me dijo que él había sido candidato por "carambola", refiriéndose al hecho concreto de "que la actual mandataria no había querido ser ella la candidata contra el proyecto político de los militares que mandaban". Creo que para entonces tal situación podía creerla porque Endara me hablaba agradecido de "la distinción que le había hecho Mireya Moscoso al señalarlo como el candidato del arnulfismo". Tal información la recibí desde el exilio. Hoy, frente a la complejidad de problemas nacionales, a la urgencia de una mesa ampliada de debates y discusiones serias sobre las agendas estratégicas de Panamá, de sus posibilidades y remedios sociales, no podemos justificar que un gobierno al que le cuesta mucho que se le crea, por razones ficticias o reales, inventadas o verdaderas, promueva de parte de quién tiene que gobernarnos el desgaste adicional de otros torneos electorales, que siempre ocasionan mas pérdidas que ganancias.