Obama y América Latina
Pasada la embriaguez del triunfo que para muchos significó la victoria del presidente Barack Obama, se impone una mirada hacia el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. George W. Bush deja una región que por varios años, salvo los tratados de libre comercio (TLC), se quejó de la poca preponderancia que tuvo en su administración.
Seguridad Nacional y TLC dominaron el escenario regional, por lo que naciones como México, Panamá y Colombia pudieron contar con una mano de Washington mucho más extendida que otros países. No todo el tiempo las metas de Latinoamérica parecieron coincidir con las de Estados Unidos, cuyas posibilidades parecieron mermadas por la atención particular que debió ponerle a la guerra en Irak y la aparición de una izquierda tradicional que no sale de las consignas confrontacionistas de los años 70.
¿Cómo se tornarán, a partir de Obama, las relaciones de Washington con Caracas, con La Paz y con Quito? México y Brasil han sido aliados insustituibles para Estados Unidos en la región, pero este último pareció reclamar nuevos roles en los últimos años, más que por disposición propia, aparentemente presionado por las nuevas realidades del Cono Sur.
Los vacíos existentes en las relaciones de Norteamérica con Latinoamérica obedecen más a una política errática de Bush, que al supuesto avance de izquierdas victoriosas. Los pueblos no son ni de izquierda ni de derecha, esperan ansiosos la solución de sus problemas, la reorientación de políticas que le han sido adversas, liderazgo y credibilidad.