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Obras y señales 


Si la idea era que la ciudadanía comprendiera que está trabajando, el gobierno lo ha logrado. Por cuanta vía, vereda, esquina o puente se transite, allí se están mejorando calles, haciendo aceras, edificando paso elevado o generando tranques. Lo malo es que, al parecer, no hay disposición para abandonar la vieja cultura del desgreño. Mientras que en las construcciones se ha impuesto la acertada medida de colocar cercas, muchas de las cuales han derivado en letreros publicitarios, en las de calles faltan las señales, sobre todo en horas nocturnas.

En la entrada de La Cabima, por ejemplo, y a lo largo de la ampliación de la carretera Transístmica, comenzando en Villa Zaíta, no hay un mechón en la noche que indique el zigzagueante tránsito que deben llevar los conductores. Y otra vez está el tema de los inspectores. ¿Quién inspecciona esas obras y garantiza que se cumpla con las disposiciones requeridas?

Hace algunos años, al final del puente vehicular que da a la Universidad, en dirección hacia Viejo Veranillo, había una escuadra de trabajadores alrededor de las nueve de la noche, trabajando en la semipenumbra, lo que le impidió a un conductor verlos a tiempo, y el resultado fue un obrero muerto por atropello. Después de la desgracia se tomaron medidas, pero otra vez se volvieron a relajar esperando, quizás, otro muerto.

Hasta donde se sabe, la señalización es parte de la responsabilidad de las empresas que establecen contratos con el gobierno. ¿Hasta cuándo señores?

101 años de Panamá América

 
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