Obsesión de Bush, un coste alto para EU
Al presidente George W. Bush no le gusta que lo critiquen. Y mucho menos si las críticas vienen de Europa. En su pensamiento íntimo, el mandatario considera que Estados Unidos (EU), con su enorme arsenal bélico, sirve de paraguas al Viejo Continente en caso de una conflagración, como en los tiempos de la Guerra Fría. Esto explica, en parte, su visible enojo tras las declaraciones del canciller de Alemania, Gerhard Schroeder, que se apartaba de la política de EU hacia Irak, asegurando a su electorado que no participaría en un ataque armado, aunque lo autorice el Consejo de Seguridad de la ONU. La posición del canciller, que vino al final de una campaña electoral en la que él estaba en la rezaga, fue calculada a ganarse simpatías de los electores que resentían la política altiva del gobierno del presidente Bush.
Bush dejó entrever su desagrado, negándole las felicitaciones de rigor a Schroeder tras su victoria electoral, a diferencia del presidente ruso, Vladimir Putin, quien fue entre los primeros que habían felicitado al líder de la Social Demócrata alemana. En medios políticos alemanes, había pocas esperanzas de que el motivo fuera tan trivial. Sobre todo, después de que el siempre locuaz secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, acusase a Schroeder de ‘envenenar las relaciones’. Lo que no repararon ni la Casa Blanca ni el departamento de Defensa, es el desagrado que la política unilateral de Washington está causando no sólo en Alemania, sino en prácticamente toda la Unión Europea, menos Italia y España.
Bush, sin embargo, parece importarle poco lo que piensen alemanes u otros europeos, en general, sobre su política exterior, y en Oriente Próximo, en particular. Pero a los alemanes les importa que no le importe. Y el canciller Schroeder se ha erigido en abanderado de ese malestar. “Lo dicho antes de las elecciones es exactamente lo que vamos a hacer después de las elecciones. Como amigos y aliados, vamos a hacer lo que consideramos máxima lealtad, y es expresar nuestras opiniones sobre las situaciones”. Algunos observadores consideran que Bush y Rumsfeld a veces permiten que sus instintos se impongan a las reglas de la diplomacia. No hace tanto, durante una visita de Estado a París, el Presidente tuvo una explosión de petulancia cuando un corresponsal de la NBC que cubre la Casa Blanca dirigió una pregunta en francés al presidente Jacques Chirac, lo que provocó una iracunda explosión de Bush quien criticó al periodista por “falta de respecto”.
Mientras Rumsfeld anunció que no tiene intención de entrevistarse con el ministro de Defensa alemán, Peter Struck, una declaración de la Casa Blanca afirmaba que “El pueblo de Alemania ha hablado y EU trabajará con el gobierno alemán en asuntos de interés común”. La declaración no incluye la habitual felicitación de cortesía al vencedor de unas elecciones, en un gesto muy ostensible de EU, más insólito aún cuando se trata de dos países aliados miembros de la OTAN y del G-7. El gobierno alemán está preocupado por las derivaciones que pueda tener la controversia por la oposición a la guerra en Irak y las declaraciones de la ya finiquitada ministra de Justicia, Hertha Däubler-Gmelin, que había sugerido que el presidente Bush adoptaba el camino belicista en Irak para evitar controversias internas en su país, “como ya hacía Adolfo, el nazi”. La ministra lo desmintió, pero el domingo mismo, horas después de cerrar los colegios electorales, enviaba una carta al canciller en la que manifestaba haber decidido no estar disponible para ningún cargo en el próximo gobierno de socialdemócratas y verdes.
Rompiendo lo que se perfilaba como una política bipartidista hacia Irak, dos importantes líderes demócratas, Al Gore y el senador Edward Kennedy, irrumpieron en la escena política con una crítica muy dura a la política de Bush frente a Irak. Advirtieron que su actual obsesión belicista y su conducta unilateral puede tener un coste muy alto para EU y perjudicar la lucha antiterrorista. El ex vicepresidente instó al Congreso a que no conceda a Bush el cheque en blanco que pide para actuar contra Sadam, sino que apruebe una resolución más limitada y exija el máximo consenso internacional.
En su primer discurso centrado en la cuestión iraquí, en San Francisco, el rival de Bush en las elecciones del 2000, no dejó duda de que considera a Sadam “un hombre malvado” y recordó que, en 1991, cuando era senador, fue uno de los demócratas que apoyaron la guerra para expulsar a los iraquíes de Kuwait. Pero Gore insinuó que el actual presidente, al apuntar tanto contra Sadam, está desviando la atención de la estancada guerra contra Al Qaeda. Por su parte, Bush hizo un nuevo esfuerzo la semana pasada para atraerse a los congresistas demócratas y presentó un nuevo borrador de resolución sobre Irak, más limitado que el anterior y más vinculado a las decisiones de la ONU. Washington también empezó a negociar con Francia y Rusia un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad que daría a Sadam Hussein un plazo de 15 días para cumplir todas las exigencias de desarme. Bush insistió en que era urgente acabar con el ‘peligro’ de Hussein: “Después de todo”, dijo, “ése es el tipo que intentó matar a mi papá”.
Por otro lado, Kennedy declaró que la Casa Blanca no había explicado con claridad por qué resultaba tan urgente ir a la guerra, y opinó que las armas sólo podían utilizarse como “último recurso”. Dijo que lo prioritario era que se reanudaran las inspecciones en Irak para verificar el desarme, y expresó reparos sobre la conveniencia de una operación militar que tendría un alto coste ‘en sangre y dinero’ y que, de ser lanzada en solitario por EU, obligaría a relajar la guerra antiterrorista contra Al Qaeda. El ex presidente Clinton, en África para reclamar más fondos para la lucha contra el SIDA, terció en el debate político estadounidense para señalar que una posible guerra contra Irak no implicaba necesariamente bajar la guardia frente a Al Qaeda. “Creo que podemos caminar y mascar chicle al mismo tiempo”, afirmó.
En el teatro de la creatividad naciona, la Universidad debe ser una actora de primer orden, debe suprimir las distancias que la separan del resto de la comunidad e instaurar una concertación activa. Para conmover con su mensaje, la Universidad debe mostrar que está comprometida con la vida de toda la comunidad. El fervor militante por la educación superior debe ser compartido por toda la comunidad, pero para eso la Universidad debe mostrar una permanente preocupación - casi una religión - por todo lo que interesa y le importa al país integral, con todas sus dificultades, con todas sus potencialidades, con todas sus esperanzas.
Bush dejó entrever su desagrado, negándole las felicitaciones de rigor a Schroeder tras su victoria electoral, a diferencia del presidente ruso, Vladimir Putin, quien fue entre los primeros que habían felicitado al líder de la Social Demócrata alemana. En medios políticos alemanes, había pocas esperanzas de que el motivo fuera tan trivial. Sobre todo, después de que el siempre locuaz secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, acusase a Schroeder de ‘envenenar las relaciones’. Lo que no repararon ni la Casa Blanca ni el departamento de Defensa, es el desagrado que la política unilateral de Washington está causando no sólo en Alemania, sino en prácticamente toda la Unión Europea, menos Italia y España.
Bush, sin embargo, parece importarle poco lo que piensen alemanes u otros europeos, en general, sobre su política exterior, y en Oriente Próximo, en particular. Pero a los alemanes les importa que no le importe. Y el canciller Schroeder se ha erigido en abanderado de ese malestar. “Lo dicho antes de las elecciones es exactamente lo que vamos a hacer después de las elecciones. Como amigos y aliados, vamos a hacer lo que consideramos máxima lealtad, y es expresar nuestras opiniones sobre las situaciones”. Algunos observadores consideran que Bush y Rumsfeld a veces permiten que sus instintos se impongan a las reglas de la diplomacia. No hace tanto, durante una visita de Estado a París, el Presidente tuvo una explosión de petulancia cuando un corresponsal de la NBC que cubre la Casa Blanca dirigió una pregunta en francés al presidente Jacques Chirac, lo que provocó una iracunda explosión de Bush quien criticó al periodista por “falta de respecto”.
Mientras Rumsfeld anunció que no tiene intención de entrevistarse con el ministro de Defensa alemán, Peter Struck, una declaración de la Casa Blanca afirmaba que “El pueblo de Alemania ha hablado y EU trabajará con el gobierno alemán en asuntos de interés común”. La declaración no incluye la habitual felicitación de cortesía al vencedor de unas elecciones, en un gesto muy ostensible de EU, más insólito aún cuando se trata de dos países aliados miembros de la OTAN y del G-7. El gobierno alemán está preocupado por las derivaciones que pueda tener la controversia por la oposición a la guerra en Irak y las declaraciones de la ya finiquitada ministra de Justicia, Hertha Däubler-Gmelin, que había sugerido que el presidente Bush adoptaba el camino belicista en Irak para evitar controversias internas en su país, “como ya hacía Adolfo, el nazi”. La ministra lo desmintió, pero el domingo mismo, horas después de cerrar los colegios electorales, enviaba una carta al canciller en la que manifestaba haber decidido no estar disponible para ningún cargo en el próximo gobierno de socialdemócratas y verdes.
Rompiendo lo que se perfilaba como una política bipartidista hacia Irak, dos importantes líderes demócratas, Al Gore y el senador Edward Kennedy, irrumpieron en la escena política con una crítica muy dura a la política de Bush frente a Irak. Advirtieron que su actual obsesión belicista y su conducta unilateral puede tener un coste muy alto para EU y perjudicar la lucha antiterrorista. El ex vicepresidente instó al Congreso a que no conceda a Bush el cheque en blanco que pide para actuar contra Sadam, sino que apruebe una resolución más limitada y exija el máximo consenso internacional.
En su primer discurso centrado en la cuestión iraquí, en San Francisco, el rival de Bush en las elecciones del 2000, no dejó duda de que considera a Sadam “un hombre malvado” y recordó que, en 1991, cuando era senador, fue uno de los demócratas que apoyaron la guerra para expulsar a los iraquíes de Kuwait. Pero Gore insinuó que el actual presidente, al apuntar tanto contra Sadam, está desviando la atención de la estancada guerra contra Al Qaeda. Por su parte, Bush hizo un nuevo esfuerzo la semana pasada para atraerse a los congresistas demócratas y presentó un nuevo borrador de resolución sobre Irak, más limitado que el anterior y más vinculado a las decisiones de la ONU. Washington también empezó a negociar con Francia y Rusia un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad que daría a Sadam Hussein un plazo de 15 días para cumplir todas las exigencias de desarme. Bush insistió en que era urgente acabar con el ‘peligro’ de Hussein: “Después de todo”, dijo, “ése es el tipo que intentó matar a mi papá”.
Por otro lado, Kennedy declaró que la Casa Blanca no había explicado con claridad por qué resultaba tan urgente ir a la guerra, y opinó que las armas sólo podían utilizarse como “último recurso”. Dijo que lo prioritario era que se reanudaran las inspecciones en Irak para verificar el desarme, y expresó reparos sobre la conveniencia de una operación militar que tendría un alto coste ‘en sangre y dinero’ y que, de ser lanzada en solitario por EU, obligaría a relajar la guerra antiterrorista contra Al Qaeda. El ex presidente Clinton, en África para reclamar más fondos para la lucha contra el SIDA, terció en el debate político estadounidense para señalar que una posible guerra contra Irak no implicaba necesariamente bajar la guardia frente a Al Qaeda. “Creo que podemos caminar y mascar chicle al mismo tiempo”, afirmó.
En el teatro de la creatividad naciona, la Universidad debe ser una actora de primer orden, debe suprimir las distancias que la separan del resto de la comunidad e instaurar una concertación activa. Para conmover con su mensaje, la Universidad debe mostrar que está comprometida con la vida de toda la comunidad. El fervor militante por la educación superior debe ser compartido por toda la comunidad, pero para eso la Universidad debe mostrar una permanente preocupación - casi una religión - por todo lo que interesa y le importa al país integral, con todas sus dificultades, con todas sus potencialidades, con todas sus esperanzas.